La con­tra­ta­ción, muy floja, apenas des­pega desde los ni­veles mí­nimos de 2004

La espantada de Grifols de la bolsa española amenaza a un mercado que está en mínimos

Si hay OPA de ex­clu­sión, un Ibex poco di­ver­si­fi­cado per­dería un valor sin­gular

Grifols.
Grifols.

Todo pa­rece in­dicar que Grifols tiene los días con­tados en bolsa. Seis meses des­pués del in­cen­diario in­forme de Gotha City Research que puso a la com­pañía a los pies de los ca­ba­llos, la fa­milia Grifols y el fondo ca­na­diense Brookfield -que no es otro que el dueño de Oaktree, que re­fi­nanció in ex­tremis hace una se­mana 400 mi­llones de deuda de Scranton, uno de los vehículos de los Grifols- van a cam­biar la faz de la com­pañía.

Será -si prospera la operación y ya se verá a qué precio- a través de una oferta pública de adquisición que convertiría a Brookfield en el accionista mayoritario de Grifols con alrededor del 70% del capital. Parece inevitable el final de una etapa en el fabricante español de hemoderivados, que intentará solventar lejos del alcance de las cámaras de la bolsa una situación de sobreendeudamiento que le iba a mantener en posición crítica en el parquet durante mucho tiempo.

Puede ser el final de una historia que traerá polémica, porque entre otras cosas hay que poner precio a una OPA sobre una compañía que ha perdido más de un tercio de su valor en bolsa durante 2024. Pero queda claro también que es una historia que deja señalados a algunos actores principales, como la familia Grifols, que no ha podido reconducir la situación y que va a tirar la toalla después de medio año en centro de la diana.

Pero el otro gran perdedor es el mercado español. Si sale adelante la OPA de exclusión que viene, la Bolsa nacional perderá a un valor singular, un ejemplar único en el Ibex 35 que hasta el informe de Gotham había ejercido un gran poder de atracción sobre los grandes fondos internacionales, especializados o no en el sector. Un valor que cuando terminó 2023 capitalizaba casi 6.600 millones de euros y que en 2020 llegó a rozar los 10.200 millones.

La pérdida es muy relevante

Por mucho que el valor haya adelgazado este año -vale en torno a los 4.200 millones incluso después del rally de los últimos días- la pérdida es muy relevante para un Ibex 35 plagado de bancos, energéticas y constructoras. La llegada de Puig al selectivo -vale 4.300 millones, muy en línea con Grifols- es un alivio, pero no sirve para evitar la sensación continua de pérdida de efectivos en un mercado español al que, por otro lado, las empresas llegan con cuentagotas.

Applus o Talgo tienen todas las papeletas para dejar el mercado, mientras que Europastry acaba de anunciar que paraliza la salida a bolsa por la volatilidad. Una opción menos a corto plazo de dotar de músculo al mercado español, poco diversificado, que tiene un enorme problema en lo que a la actividad se refiere que, en parte, tiene que ver con la escasa representación de determinados sectores (el tecnológico es el más evidente) que si tienen peso en otras plazas.

La CNMV puso la semana pasada en el foco el hecho de que la contratación de la bolsa española cayó un 14,6% el año pasado hasta los niveles más bajos desde 2024. Hay una regresión hasta niveles de hace dos décadas, sin que haya demasiados visos de reacción. Este año se está produciendo un repunte cercano al 6% en la operativa de renta variable, no demasiado espectacular si se tiene en cuenta el punto de partida.

“La posible marcha de Grifols es un golpe que se puede sumar al de otras compañías con opas en pleno desarrollo. El mercado necesita nuevas empresas con tamaño y proyectos sólidos que apoyen la liquidez y la actividad, que están bajo mínimos. A pesar de que estamos en un entorno de subidas en Bolsa en los últimos trimestres, en el Ibex sólo hay once empresas con un valor superior a los 20.000 millones de euros”, señalan en un gran bróker nacional.

Artículos relacionados