Los ex­pertos creen que habrá que ajustar más los pre­cios de los de­bu­tantes

El discreto debut de Puig aprieta las valoraciones de los candidatos a la bolsa

Por ta­maño y sec­tor, los que vienen ten­drán que mo­derar sus ex­pec­ta­tivas

Toqiue de campaña de Puig en la Bolsa de Barcelona.
Toqiue de campaña de Puig en la Bolsa de Barcelona.

La sa­lida a bolsa de Puig ha roto con el ma­le­ficio de tres años de se­quía en el mer­cado de va­lores es­pañol. Un pe­ríodo inacep­table para la bolsa de la quinta eco­nomía de Europa, que ha asis­tido a una des­ca­pi­ta­li­za­ción con­ti­nua, porque si­guen sa­liendo mu­chas más em­presas de las que de­bu­tan.

La llegada de Puig, un valor de un sector nuevo con un valor de mercado de más de 14.000 millones de euros, es todo un hito.

Pero hay otra lectura algo menos amable. La colocación de Puig ha sido un éxito en lo que a la demanda se refiere. Tanto es así que el grupo ha saltado al parqué en la parte más alta de la horquilla de precios, de 24,5 euros por acción.

Una valoración sin duda exigente que no ha regalado al fabricante de alta perfumería los titulares más deseados en forma de una gran subida en bolsa en el debut como la que si han registrado en su arranque CVC (un 24% el primer día) o Galderma, las otras empresas de gran tamaño que han saltado al parqué en las últimas semanas.

El primer día repitió cambio y este lunes avanzó un 4%. Nada extraordinario, teniendo en cuenta que algunos de los grandes fondos internacionales que se quedaron cortos en la colocación y un buen número de particulares se han lanzado a la compra de títulos con el valor cotizando ya en bolsa. Todo hace indicar que no habrá rally a corto plazo en una compañía de un sector caliente que hace valer su tamaño y diversificación.

Puig, un aviso a navegantes

Por lo tanto, la operación es un aviso para navegantes. Es decir, para las otras empresas españolas que esperan en la pista de despegue para dar el salto a la bolsa. Ahí aguardan su momento Tendam (Cortefiel); Cirsa; Hotelbeds o Bergé y también la firma almeriense Cosentino, quien más cerca estuvo de desembarcar en bolsa en 2023 con una valoración máxima de 2.500 millones de euros.

Ninguna de ellas puede presumir del tamaño de Puig, de su imagen de marca y de pertenecer a un sector que ha sido el gran vencedor en bolsa de la época covid y postcovid. Por lo tanto, quienes quieran dar el salto al parqué en los próximos meses tienen dos certezas. La primera es que hay demanda de sobra para buenos proyectos; y la segunda es que tendrán que ser generosos si quieren dar recorrido en bolsa a la acción.

“Los inversores institucionales van a mirar al milímetro las valoraciones de los candidatos a salir a bolsa. En esto no ha cambiado nada respecto al año pasado. Muchas de las operaciones ahora paradas (o guardadas en el cajón, como en el caso de Astara, la filial de coches de Bergé cuando la operación ya estaba en la recta final) han tenido que ver con las exigencias de precio de los inversores, que no convencieron a los vendedores”, señalan en fuentes del mercado.

En los bancos de inversión se reconoce que el caso de Puig es excepcional. Y también que, aunque abre la puerta de la bolsa a los demás, el resto de los candidatos tienen que asumir su propia realidad, sobre todo en aquellos casos de sectores maduros o en los que ya hay mucha representación de empresas cotizadas. La entrada está ahora un poco más despejada, pero o estos grupos aceptan descuentos en algunos casos suculentos por sus OPV, o tendrán que ampliar su estancia en la lista de espera.

Artículos relacionados