Mientras el Ministerio de Transición Ecológica re­visa la pla­ni­fi­ca­ción ac­tual

Empresas y eléctricas reclaman un fuerte aumento de la inversión en redes eléctricas

Los ex­pertos de Ember ase­guran que España no está pre­pa­rada para ab­sorber el boom fo­to­vol­taico

Redes Eléctricas.
Redes Eléctricas de Endesa.

España está a punto de en­con­trarse con que buena parte de la energía solar que ge­nera no va a llegar a sus des­ti­na­ta­rios. La in­fra­ca­pa­cidad de las redes eléc­tricas es­paño­las, tanto las de trans­porte (a cargo de Red Eléctrica) como las de dis­tri­bu­ción (responsabilidad de Endesa, Iberdrola y Naturgy) es un pro­blema sub­ra­yado por ex­per­tos, ana­lis­tas, con­su­mi­dores y las pro­pias com­pañías eléc­tri­cas.

De hecho, los problemas de congestión en la red cuestan más que las propias inversiones destinadas a su desarrollo.

Es más, según el último estudio del think thank británico Ember España está sobre preparada para la eólica, pero no lo está para el caso de la energía solar. Y se ha convertido en el segundo país europeo -detrás de Polonia-, menos preparado para el despliegue de paneles solares. De hecho, las redes se están diseñando, utilizando escenarios con cerca de 40 GW menos de energía solar nueva de lo previsto por el mercado para 2030.

“En 2023 -asegura Ember- la gestión de su ya limitada red costó a España 2.040 millones de euros, superando la inversión en la red de transporte, de 1.160 millones”, mientras que Alemania invirtió un año antes más de 4.000 millones solo en la gestión de la congestión, lo que supone el 30% de la inversión media anual de 13.500 millones destinada a la red de transporte.

Y es que, según los cálculos de la consultora PwC, España necesita unas inversiones de 5.600 millones anuales solo en redes de distribución.

En ese panorama se enmarca la reciente petición del consejero delegado de Endesa, José Bogas, de nuevas normas que incentiven las inversiones en redes de distribución aunque con garantías de que las empresas obtengan una “rentabilidad adecuada” de sus inversiones. Endesa -dijo- invertirá 2.800 millones hasta 2026 en este apartado. La filial española de la italiana Enel dedicará el 90% de sus inversiones totales (8.900 millones en tres años) a sus redes de distribución.

El problema es que en España existe un límite a la inversión anual tanto en redes de transporte (el 0,65% del PIB excluidas las inversiones en interconexiones) como en las de distribución (el 0,13% del PIB).

De ahí que expertos, grandes consumidores y eléctricas reclamen un aumento de la inversión que, por un lado, asegure el suministro allá donde se necesite y, por tanto, acabe con la saturación actual de la red.

Hasta el momento, el Gobierno español ha mostrado sensibilidad hacia estas reclamaciones, hasta el punto de que la todavía ministra de Transición Ecológica y cambio Climático, Teresa Ribera se haya mostrado abierta a elevar “algo” el límite de inversión actual dado el fuerte crecimiento del sector renovable.

De hecho, en diciembre del año pasado, el Ministerio de Teresa Ribera puso en marcha la revisión de la actual planificación del Gobierno (hasta 2026). Esta nueva planificación tendrá en cuenta las previsiones del (también revisado) Plan Nacional de Energía y Clima 2023-2030, que incrementa la penetración de las renovables hasta el 81% de la generación, plantea 19 gigavatios (GW) de instalaciones de autoconsumo, 11 de electrolizadores para producir hidrógeno verde y 22 de almacenamiento, entre otras cuestiones clave para la red.

Aunque, eso sí, Ribera se ha mostrado contraria a elevar la remuneración de esas inversiones a las eléctricas para evitar que eso suba el recibo de la luz ya que los consumidores cubren la amortización de estas inversiones a través de los llamados peajes, uno de los costes regulados de la factura.

Problema europeo

Los expertos de Ember subrayan que los miembros de la UE subestiman sistemáticamente en sus planes de desarrollo de red la velocidad a la que las energías renovables se incorporan al sistema, lo que hace que el déficit de inversión sea mayor de lo que se pensaba. En su último informe, el think thank concluye que pese a que Europa está acelerando la instalación de paneles solares y turbinas eólicas, las inversiones en líneas eléctricas de alta tensión y larga distancia y en redes de distribución de baja tensión van a la zaga.

La Comisión Europea cifró a finales del año pasado en 583.000 millones las necesidades de inversión para estas infraestructuras, pero estos analistas creen que la cifra podría ser aún mayor, ya que los planes de red en la mayoría de los países están por detrás de los objetivos nacionales para la energía eólica y solar de 2030.

El análisis de estos expertos revela que 19 planes de red subestiman las adiciones esperadas de paneles solares en 205 GW, mientras que diez países subestiman la energía eólica para un total de 17 GW.

Estas discrepancias implican que la congestión de la red puede empeorar en el corto plazo, ya que las redes no están equipadas para gestionar la flota de energías renovables en rápido crecimiento.

“El éxito de la transición energética en Europa depende fundamentalmente del desarrollo de la capacidad de las redes eléctricas. Las limitaciones ya son evidentes con cuellos de botella que provocan retrasos en la conexión, restricciones y mayores costes para los consumidores y el riesgo de frenar la aceleración de la transición energética”, advierte el think tank.

Las energías renovables representan ya el 44% del mix energético de la UE, y los combustibles fósiles han caído a su nivel relativo más bajo de la historia.

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