OPINIÓN

Nunca llueve a gusto de todos, pero, por favor, conecten ya las cuencas y construyan pantanos

La lluvia re­ciente alivia la se­quía, pero los ac­tuales des­em­balses de agua de­mues­tran la ne­ce­sidad de una pla­ni­fi­ca­ción de­fi­ni­tiva

Pantano de Endesa.
Pantano de Endesa.

Una vez más, uno de los re­franes más uti­li­zados en nuestro idioma como es que “nunca llueve a gusto de to­dos” ha co­brado estos días la má­xima ac­tua­li­dad, tras las co­piosas llu­vias de la pa­sada Semana Santa, prác­ti­ca­mente en toda España, de las que, por una cosa u otra, no de­jamos de ha­blar.

De unas vacaciones que hoteles y restaurantes vaticinaban de “lleno hasta la bandera” hemos pasado a “una Semana Santa que no ha sido para tanto” para estos sectores empresariales que conforman una gran parte de la industria turística nacional. Sin ninguna duda, vitales para el actual modelo de la economía española en la que el turismo representa casi el 13% del Producto Interior Bruto (PIB), equivalente a unos 187.000 millones de euros, según cálculos de la asociación turística Exceltur.

Sin embargo, otro sector, el primario, la agricultura, teóricamente en crisis desde hace muchos años, parece que ha podido respirar un poco con las recientes lluvias y que con un poco más de suerte, este año quizás todavía pueda salvar su cuenta de resultados tras el copioso maná caído abundantemente del cielo.

Parece, aunque no lo digan, que agricultores, ganaderos y hasta pescadores, han dejado por el momento las manifestaciones que estaban realizando por la mayoría del territorio español protestando contra la Agenda 2030 y las importaciones de terceros países, y se han ido zumbando a casa a ver lo que pueden salvar todavía de la quema.

Conviene recordar que pese a la crisis ya casi histórica que atraviesa el campo español, agudizada este año por la escalada de los precios y la sequía, el sector de la agricultura, pesca y silvicultura, representa actualmente un 2,3% del PIB español, según los datos de Eurostad para 2022, bastante por encima de la media europea que se sitúa en el 1,7%.

Pujanza del sector primario

Sin embargo, según recoge el informe del “Observatorio sobre el sector agroalimentario español en el contexto europeo” de Cajamar en colaboración con IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas), presentado recientemente, España se mantiene como la cuarta economía agroalimentaria de la Unión Europea, aportando el 11,9 % del valor añadido bruto (VAB) comunitario del sector.

Y destaca este informe que ello se debe sobre todo al mayor peso que tiene la comercialización de los productos debido a que España lidera la producción comunitaria de aceite de oliva, cítricos, porcino y fruta fresca de la Unión Europea, con una cuota de mercado del 54%, 51,6%, 24,2% y 16,7%, respectivamente. Somos además el segundo país en producción de plantas y flores, 13,9%, y hortalizas, 19,2%, y el tercero en ganado bovino, 11,7%, vino, 5,7%, y cebada, 14,7%. Ahí es nada.

Pero volvamos a la actualidad. Los pantanos españoles han subido en sus reservas tras la semana de lluvia ininterrumpida y han aliviado, y de qué manera, la sequía en comunidades como Andalucía y Extremadura, mejorando sobre todo las reservas de agua en zonas como las cuencas hidrográficas del Guadalquivir y del Guadiana.

Cuando parecía que ya estaba todo perdido para el campo, resulta que algo más de una semana de lluvias han elevado la media de nuestros embalses por encima del 60% de su capacidad, porcentaje bastante más alto que el del año pasado en estas fechas, que se encontraban en el 51,7%. Un porcentaje relativamente mejor que la media de los cinco últimos años, el 56,2%, aunque todavía ligeramente por debajo de la media de los últimos diez años, el 63%, lo que significa que seguimos en medio de una sequía contra la que no debemos dejar de luchar nunca.

De hecho, la situación en Cataluña sigue siendo muy grave, con los pantanos apenas en torno al 16% de capacidad y también en la cuenca Mediterránea, donde están al 23,88%, todavía por debajo del pasado año pese a las últimas lluvias.

Desembalsar en plena sequía

La paradoja es que ahora estén teniendo que desembalsar agua muchos pantanos de Andalucía y de Extremadura, lo que obviamente significa que harían falta muchos más para almacenar mejor este bien tan preciado. El Gobierno andaluz ha dicho que el agua caída alivia el problema, pero que la sequía es estructural y que hay que seguir trabajando para limitar su impacto.

Y si están teniendo que desaguar en zonas donde les sigue faltando agua, mejor es no reflexionar demasiado sobre lo que vemos cada día en el telediario que está pasando en el centro y el norte de España, donde ha llovido lo mismo o más y los pantanos estaban mucho mejor de capacidad antes de Semana Santa.

En la mayoría de las cuencas hidrográficas de todas estas zonas de España, como las del Ebro, Duero, Tajo, Miño y Sil, sus pantanos están desembalsando mucha agua ahora mismo que tanta falta hace en la mayor parte del territorio nacional.

Pero atención, es un agua que no es sólo necesaria para el campo, lo es también y cada vez más para el turismo, para el sector servicios, en tantas y tantas zonas de nuestra geografía que cada verano acogen a millones y millones de visitantes extranjeros o nacionales. Será imposible ofrecer agua a la mayoría de las grandes ciudades turísticas de la costa española si no hacemos una planificación adecuada y ya se ha podido comprobar que la desalación es un complemento importante, pero no la solución definitiva.

Agua es siempre riqueza

Donde hay un pantano y agua embalsada hay electricidad y donde llega un canal con agua hay cultivos y árboles. Esto lleva a una lucha más efectiva contra la desertización, un mejor medio ambiente y, por supuesto, al final, industria, hoteles, turistas, hasta casas, en definitiva, riqueza.

De manera, que hay que seguir construyendo pantanos y presas, algo que ya hicieron los romanos y los árabes en España, conscientes de que en nuestro país no tenemos ríos del tamaño y el caudal de la mayoría de los países europeos, y el agua tiene la mala costumbre de presentarse desde siempre en condiciones de irregularidad. Nuestro sistema hidrográfico se considera un sistema torrencial, caracterizado por corrientes efímeras pero súbitas, que alcanzan rápidamente su caudal punta e incorporan abundante carga sólida que depositan también de forma brusca al desvanecerse las crecidas. Por eso hay que regularlo.

Además, sufrimos sequías más largas, ampliamente documentadas por la historia, y desbordamientos permanentes de nuestros ríos, casi en cada invierno o cada primavera, lo que nos ha obligado históricamente a una mayor planificación hidrológica, que se centró en gran parte en embalsar y retener el agua disponible.

Fuera del debate político

Aunque somos el país de Europa con mayor número de embalses, unos 1.200, necesitaríamos más. Y por supuesto, también conectar todas las cuencas hidrográficas españolas, como tiene hecho Francia, para así poder llevar el agua donde se necesite más. Cada vez es más urgente sacar la política de agua lejos del debate político y partidista, así como fomentar la solidaridad regional en vez de lo contrario. Es urgente revisar a fondo nuestra política hidráulica con pactos de Estado de verdad, que impidan su uso político.

Los expertos consideran que hay agua para todos, pero que está mal repartida. Habría que aprovecharla mejor y redistribuirla con justicia. Las recetas, son muy sencillas. Elevar el número de almacenamientos y efectuar trasvases de cuencas. Pues manos a la obra, antes de que deje de llover otra vez.

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