TRANSPORTE TERRESTRE

El Gobierno fa­vo­rece los in­tereses pú­blicos ex­tran­jeros en el trans­porte fe­rro­viario de pa­sa­jeros

Ouigo e Iryo contra Renfe: ¿pero quién fue el que creyó que esto de la competencia funcionaba?

Los ciu­da­danos se be­ne­fi­cian de la re­baja de pre­cios en la alta ve­lo­ci­dad, pero solo en las lí­neas ren­ta­bles para las em­presas

Nueva flota de media distancia de Renfe.
Nueva flota de media distancia de Renfe.

El mi­nistro de Transportes y Movilidad Sostenible, Oscar Puente, pa­rece que se acaba de caer de un guindo. Peca de muy in­genuo alr es­perar que las com­pañías fe­rro­via­rias es­ta­tales Ouigo e Iryo, la pri­mera fran­cesa y la otra ita­liana, dejen de hacer la dura y co­rreosa com­pe­tencia des­leal en la que están in­mersas contra la ope­ra­dora pú­blica es­pañola Renfe.

Una competencia que está beneficiando mucho a los ciudadanos por la fuerte rebaja de precios experimentada en los trayectos ferroviarios de alta velocidad en España desde que operan estas empresas extranjeras, aunque sólo se produzca en las líneas llamadas rentables, ya que las otras no les interesan a estos grupos y sigue funcionando sólo Renfe.

Ambas compañías foráneas han entrado en la alta velocidad española con precios de derribo, sin importarles un comino perder lo que sea necesario hasta hacerse con la cuota de mercado que se han puesto como objetivo.

Precios de derribo

En el trayecto Madrid-Barcelona, los pasajeros que viajaron en el AVE de Renfe el año pasado pagaron bastante más del doble que aquellos que viajaron con sus competidores, según un estudio elaborado por la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC), que indicaba, además, que el precio medio de un billete de Renfe en este trayecto fue de 78 euros entre octubre y diciembre, un 110% más que el de Iryo, que fue de 37 euros, y un 85% más que el de Ouigo, que ascendió a 42 euros.

El titular de Transportes también está pidiendo reciprocidad a franceses e italianos, ya que ellos siguen dando largas a nuestra presencia en sus mercados ferroviarios y no dejan de ponerle obstáculos al desarrollo de Renfe o de su filial de bajo coste en alta velocidad Avlo, que también compite con Ouigo e Iryo en España.

Pero la realidad es que estas compañías foráneas han entrado hasta la cocina en nuestro transporte ferroviario, sin dar ninguna garantía real de reciprocidad al Gobierno español, y sus gestores deben de estar pensando que los políticos españoles no sólo es que parezcan idiotas, que es lo que parecen, sino que lo son y mucho, ya que una operativa de estas características debería estar muy negociada antes de lanzarse.

No es libre competencia

En una reciente comparecencia del ministro en el Congreso, Puente admitió que la liberalización en el sector ha traído un importante abaratamiento del billete, pero ha puntualizado que también tiene efectos perniciosos y que Ouigo e Iryo, pese a competir con Renfe, “benefician cualquier cosa menos la libre competencia”, ya que ambas empresas están perdiendo mucho dinero con ese servicio que prestan aquí pero no las importa “ya que tienen el soporte de sus compañías estatales”.

Puente ha llegado a amenazar a los franceses al asegurar que su departamento está estudiando denunciar al operador francés SNCF ante la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) por “dumping”.

En fin. No conocemos quienes fueron los políticos que se creyeron que esto de la apertura de la competencia ferroviaria funcionaría con reciprocidad, e hicieron los deberes con rigor para abrir las vías españolas de alta velocidad a trenes de nacionalidad pública francesa e italiana.

Empresas españolas masacradas

Quizás fueron políticos y gestores del PP o del PSOE, es igual, no tenían ni puñetera idea del terreno que pisaban y deberían haber hablado antes con los principales empresarios españoles de numerosos sectores, como la banca, la energía, la construcción, el transporte, etc., y de cómo sus intentos de entrar en los mercados francés e italiano han sido siempre directamente barridos por las autoridades políticas de esos países, sin ninguna consideración ni remordimiento.

Nunca les tembló el pulso para desbaratar cualquier intento español de entrar en sus mercados, y hasta fueron capaces de alinear los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, para frenarlos. Aunque luego todas esas malas praxis terminasen por crearles más de un problema judicial, que, por supuesto, sortearon sin despeinarse, aunque fuese a costa de las dimisiones o ceses de sus gobernadores de bancos centrales o la de sus autoridades de competencia y hasta de altísimos cargos ministeriales.

Sin reciprocidad ni testigos

En una reciente reunión de Óscar Puente en Bruselas con su homólogo francés, Patrice Vergriete, el ministro también pidió a los gabachos “reciprocidad” para que Francia deje entrar “sin trabas” a empresas españolas en su red ferroviaria. El Gobierno español considera, por ejemplo, que existen trabas burocráticas francesas que impiden que Renfe pueda llegar hasta París. Y en cambio, actualmente la línea Barcelona-París sí que la cubre la francesa SNCF porque España no pone impedimentos.

La realidad es que parece que no pinta demasiado bien para nuestras aspiraciones, sobre todo después de que Francia rechazase en ese último encuentro bilateral una reunión a tres bandas, que incluyese a la Comisión Europea. No quieren testigos molestos.

Los países de la Unión Europea mantienen desde el principio de eso que llamamos “mercado único” una guerra soterrada para que sus principales empresas, generalmente antiguos monopolios públicos, no se hundan y, al contrario, sean capaces de adquirir más compañías y colonizar el mayor número posible de países o mercados de sus respectivos sectores. Aunque de puertas afuera se defiende ese mercado único, la verdad es que a nadie le gusta la entrada de un competidor y más si quiere cambiar las reglas del juego.

Nacionalismo económico francés

Nos guste o no la mayoría de países europeos no han abandonado su “nacionalismo” económico. Valen todas las excusas, como la de los sectores estratégicos. Pero la realidad es que esa guerra soterrada se sigue librando cada día y en la que países como Francia, no han titubeado nunca en saltarse todas las normas europeas para proteger su tejido empresarial.

De otra forma no podría explicarse cómo después de tantos años liberalizando mercados, el Gobierno francés siga controlando accionarialmente la mayoría de sus antiguos monopolios, desde los financieros hasta los energéticos pasando por las telecomunicaciones y el transporte ¿Cómo han sido capaces de engañar sistemáticamente a todo el mundo en Bruselas desde hace tantos años? o es que tienen alguna especie de patente de corso no escrita en su poder. De otra forma no puede explicarse.

Chauvinismo y subvenciones

Aunque la verdad es que nuestros vecinos del norte han sido así desde siempre y no sólo en lo económico. Los números uno del cine francés o de su literatura o sus listas de éxitos musicales están siempre repletos de autores franceses, a diferencia de lo que sucede en el resto de Europa, como es el caso de España, que nos hemos dejado colonizar por otras modas, generalmente anglosajonas provenientes de Estados Unidos. Ellos se resisten y la única forma posible suele ser siempre a base de subvenciones y apoyo público.

Hay que recordar que fueron ellos, los franceses, los que se inventaron el término “chauvinismo”, que no es otra cosa que el sentimiento que busca exaltar, de forma desmesurada y hasta irracional, lo nacional frente a lo extranjero y lo ajeno, que siempre se considerará peor que lo suyo. Obviamente, es una forma extrema de nacionalismo o hasta ultranacionalismo, se mire por donde se mire.

Puede recordarse, para terminar este artículo, que, cuando a primeros de 1994, se anunció oficialmente el fin del “puente aéreo” entre Madrid y Barcelona, explotado hasta entonces en régimen de monopolio por Iberia y, con mucho, su ruta más rentable, fueron dos las compañías que anunciaron su entrada a competir, aunque ya había entrado tímidamente la escandinava SAS.

Se trataba de Spanair, hoy desaparecida tras entrar en concurso de acreedores y vivir una convulsa historia, y de Air Europa, hoy ya participada por el holding aéreo IAG controlado por British Airways e Iberia y pendiente del trámite ante la Comisión Europea para ser absorbida por IAG.

Pues eso, que esto de la competencia es mucho más serio de lo que parece, y hay que hacerlo ordenadamente y con mucho cuidado para que funcione.

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