OPINIÓN

La buena salud económica frente al pesimismo implacable

Los ex­pertos in­sisten en que no hay nu­ba­rrones en el frente eco­nó­mico en España

Donald Trump induce.
Donald Trump induce.

¿Por qué a Biden se le con­cede muy poca con­fianza pese a la flo­re­ciente eco­nomía de los EEUU? Se pre­gunta Rana Foroohar en el Financial Times. En efecto, el PIB es­ta­dou­ni­dense crece, los pre­cios bajan y el em­pleo au­menta, mien­tras que un 91% de los sim­pa­ti­zantes re­pu­bli­canos se ins­talan en el pe­si­mismo.

Algo parecido sucede en España. Los negros nubarrones de una desaceleración-recesión de la economía no aparecen en los cielos del año 2024. También en España crece PIB, los intercambios con el exterior ofrecen un superávit del orden del 3,5& del PIB, la inflación en febrero registra un 2,8%, también crece el empleo, se reduce el paro y hay más gente, población activa dispuesta a trabajar.

A comienzos de éste 2024 el indicador PMI de gestores de compras en la industria y los servicios, ha rebasado el nivel del 50% que marca la frontera entre contracción y expansión de la economía. La opinión pública o al menos una gran parte de ella en las democracias occidentales abunda en el pesimismo. Encuestadores anglosajones anotan que sólo un 4% de los británicos escapa a la ola pesimista, junto a un 6% de los estadounidenses y un 3% de los franceses y, curiosamente un 41% de los chinos.

Jemina Kelly en FT se hace la siguiente reflexión:”¿Por qué el pesimismo es inútil y pernicioso?”. Las entrevistas realizadas en varios países confirman que mientras las contestaciones sobre cuál es la situación personal obtienen una respuesta satisfactoria pero muy pesimista sobre la situación general de su país o de la economía en general. Además, menor es el grado de información de los entrevistados el pesimismo global es más acentuado.

La presencia de sin techos en las calles o la pobreza extrema, respalda la opinión de que “a mi no me va mal, pero las cosas no pintan bien”.

Sorpresa: los economistas del desarrollo confirman que la pobreza extrema, visible y dolorosa, se está reduciendo al ritmo de 100.000 personas diariamente. Pensemos en la China de la Revolución Cultural y el día de hoy, así como en la India de Gandhi o en el Sureste Asiático, sin olvidar algún país africano como Nigeria. En España la simple mirada a la cotidianidad y a los datos económicos contradicen el pesimismo catastrofista, sin olvidar las enormes desigualdades que todavía se dan en nuestro país.

La economía española marcha y marcha bien. La UE rebaja sus índices de inflación y afirma su determinación de apoyar a Ucrania, sin que sea tampoco imposible que Trump sea nombrado presidente de los EEUU. Pero el pesimismo es pernicioso y también inútil y oscurece el camino de las libertades democráticas y los avances económicos y sociales.

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