Las casas de aná­lisis dudan en gran parte del men­saje op­ti­mista de Pedro Sánchez

La inversión extranjera se hunde un 18,5 % en un año de fuerte inestabilidad política

Los fondos pro­ce­dentes de Bruselas com­pensan esta caída y re­bajan la prima de riesgo a mí­nimos desde el 2022

Informes desfavorables de Moody's.
Informes desfavorables de Moody's.

La in­ver­sión ex­tran­jera en España se ha hun­dido el 18,5 % a lo largo de 2023. Cierto que el año ha es­tado mar­cado por las elec­ciones y una gran ines­ta­bi­lidad po­lí­tica, por las di­fi­cul­tades que ha atra­ve­sado Pedro Sánchez para formar Gobierno. Todo ello ha afec­tado a la eco­nomía y sobre todo por las ce­siones que ha hecho ante las exi­gen­cias de los in­de­pen­den­tistas sobre cues­tiones tan sen­si­bles para gran parte de los in­ver­sores como la ley de am­nis­tía.

Los pactos con Sumar como socio de Gobierno, más los alcanzados con los otros seis socios parlamentarios como son ERC, Junts, Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria le han supuesto más de un centenar de hipotecas que ponen en riesgo la estabilidad del país.

Los datos que hacía públicos esta semana la Secretaría de Estado de Comercio correspondientes a la inversión extranjera en España, sin Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros, reflejan que el capital extranjero sumó 28.215 millones de euros en 2023, 6.400 millones de euros menos que los 34.615 alcanzados en el 2022, lo que supone el 18,489 % menos.

Los grandes fondos procedentes de Bruselas compensan esta reducción de los flujos de inversión de capital. Estas aportaciones y la fortaleza de la economía española frente a la ralentización de la alemana, han reducido el diferencial de la deuda a su nivel más bajo en dos años. Con el tipo de interés de la deuda a 10 años al 3,70 % en el mercado secundario, el diferencial con el bono alemán se sitúa a solo 84 puntos básicos.

Aunque estamos muy lejos de la situación de aquellos meses en los que los españoles nos familiarizamos con los ‘spread’ de la crisis de deuda de la eurozona hace más de una década, cuando las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda española llevaron a pensar que quizás España tendría que abandonar la Unión Económica y Monetaria de la UE, la situación no deja de ser una mala noticia. Los representantes de los empresarios han vuelto a reiterar su preocupación en los últimos días con este importante descenso de la inversión.

En cambio, la caída de la inversión extranjera contrasta con el mensaje optimista tanto de Moncloa como del Ministerio de Economía, pues el conjunto de la inversión es también inferior, en algo más del 7 %, a la registrada en 2021, cuando España recibió 30.242 millones. Hay que retroceder hasta el primer año de la pandemia, 2020, en que se recibieron 27.191 millones de euros para superar esa cifra.

El Gobierno ha querido echar mano en esta ocasión de la agencia de calificación de riesgo, Moody´s, que, aunque mantiene la calificación en ´Baa1´, ha cambiado la perspectiva de estable a positiva. Es cierto que el tono del comunicado es más positivo que cuando se produjeron los acuerdos de investidura con ERC, Junts, PNV y EHBildu cuando insistió en que la aplicación de estos compromisos suponía “un incremento del riesgo político” en España.

La clave deben ser los fondos europeos

Para Moody´s la clave son los fondos procedentes de Bruselas. Gracias a ellos espera que tanto el gasto público, como el privado, se vean respaldados por los fondos de inversión de la Unión Europea que España tiene disponibles para los próximos años.

La agencia recuerda que la dotación total del Fondo de Recuperación y Resiliencia de España alcanzará unos 163.000 millones euros, lo que supone el equivalente al 11% del PIB de 2023, repartidos aproximadamente a partes iguales entre subvenciones y préstamos. Cantidad que se añade a los 52.600 millones de euros de los que dispone España en el marco del ciclo presupuestario ordinario de la UE de 2021 a 2027.

Moody's ha justificado además su mejora de la perspectiva de España a 'positiva' debido al “mayor equilibrio en el modelo de crecimiento del país”. Una economía con un “bajo apalancamiento del sector privado y un sector bancario ´robusto´”, con superávit por cuenta corriente y un mercado laboral fortalecido, en comparación con la última década. Destaca lo que denomina “sólida gobernanza” y a “mayor eficacia de las políticas” para hacer frente a las fuentes de desequilibrios macroeconómicos.

Moody's destacaba entre las medidas adoptadas por el Gobierno para mejorar sus perspectivas, la reforma de las pensiones y la laboral, por lo que el crecimiento podría ser mayor del previsto y con menos volatilidad. Aun así, su previsión de crecimiento del PIB real del 1,7% para este año y del 1,8% en 2025, está por debajo de la última revisión que ha realizado el Banco de España que lo sitúa en el 1,9 % para este año. La previsión coincide décima a décima con la realizada por ESADE, que al presentar su pronóstico, también alertaba de los riesgos de la escasa inversión.

En el lado de los aspectos negativos de la economía española, Moody´s sigue insistiendo en los riesgos políticos internos y en el alto nivel de deuda. Por supuesto, también habla de los riesgos geopolíticos que afectan a todo el mundo, principalmente la guerra de Ucrania, y la situación en Oriente Próximo tras los atentados de Hamás a Israel y la extrema dureza de su respuesta.

Analisis de S&P

Para finalizar este análisis llama la atención en el estudio que realiza de la realidad española otra de las grandes agencias mundiales de calificación de riesgos como es S&P Global. Ha mantenido recientemente su calificación para la economía española, en el grado de 'A/A-1' con perspectiva 'estable', calificación media alta dentro de sus baremos. Pero es llamativo que dice que pese a las “fragilidades políticas”, la economía española “parece resistente”.

O lo que es lo mismo, el entramado económico-empresarial español tiene ya suficiente solidez como para resistir la enorme inestabilidad política a que le ha llevado la política de pactos de Pedro Sánchez para continuar en La Moncloa. Podemos estar tranquilos, la economía tiene su propio ritmo, siempre que los políticos no la estropeen.

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