Cinco horas de junta y 47 preguntas: desde las guerras a la novia sudameriana

Junta del Santander 2024.
Junta del Santander 2024.

En el turno de preguntas, la presidenta Ana Botín respondió a todas las cuestiones que le planteó la asamblea: 47 intervenciones presenciales y cuatro telemáticas, ocuparon más de la mitad de las cinco horas que duró la junta y que demostraron que ser el mayor banco de España y uno de los grandes del mundo exige someterse a (a veces severo) escrutinio.

El control e los resultados, pero también de la gestión del banco estaba presente en buena parte de las intervenciones. Aunque, en ocasiones, las juntas generales se transforman en ‘realidades paralelas’ donde cabe de todo.

En ese primer grupo se encontraban cuestiones más o menos previsibles, como las preguntas sobre el mantenimiento a largo plazo de la política de distribución de beneficios; la revalorización y la rentabilidad de la acción o los planes de crecimiento futuros (“¿habrá más compras de entidades?”, planteaba una accionista); fueron algunas de ellas.

Otras mencionaban el (“injusto” según señaló otro interviniente) impuesto especial a la banca y su impacto sobre los resultados de la entidad. Una cifra que Ana Botín no dudó en repetir: 223 millones en 2023 y 335 millones en 2024.

También eran previsibles las reivindicaciones de los sindicatos españoles (CCOO, UGT, CGT y la Federación Independiente de Trabajadores de Crédito) en huelga después de dos décadas de paz social; ademas de la representante del Sindicato Bancarios de Sao Paulo (Brasil), que reclamaba una mejora en las condiciones laborales. O la de siempre de Adicae (Asociación para la Defensa de Consumidores y Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros) para referirse al cierre de oficinas en la España vacía o al caso Banco Popular.

Botín respondió a ésta y otra pregunta similar de un accionista recordando que “fue la Junta de Resolución Bancaria Europea la que decidió la subasta” y que el Santander se la adjudicó “siguiendo estrictamente las condiciones”.

Después de lamentar las pérdidas de accionistas, bonistas y obligacionistas del Popular, la presidenta del Banco Santander recordó también que “el mismo día de la compra tuvimos que hacer una inyección de 13.000 millones de euros y, posteriormente, una ampliació de capital de 6.000 millones”, dada las condiciones en que se encontraron el banco. Para zanjar la cuestión asegurando que las pérdidas de los afectados no son atribuibles al Santander.

A medida que la acción social de las ande empresas crece se hace más habitual la participación de todo tipo de organizaciones no gubernamentales (ONG) para exponer todo tipo de cuestiones. Desde el agradecimiento al apoyo a sus causas como hicieron Cruz, Roja, Acción Contra el Hambre o la Fundación Integra, Acción Contra el Hambre compartieron para dar a conocerla colaboración del banco con otras de índole internacional.

Es el caso de Greenpeace, que criticó la financiación a proyectos que -dijo- contribuyen a la deforestación del Amazonas o el de Thrue Action, que reclamó al banco que limite la financiación de actividades en el campo del gas y del petróleo.

Movimientos pacifistas, como la plataforma Banca Armada, criticaron que la supuesta financiación a empresas armamentistas que participan en el conflicto de la franja de Gaza. Algo a lo que Ana Botín respondió asegurando que “en ningún caso, el Santander financia la produción de munición”.

Tras señalar que “el conflicto en Gaza, más allá de las consecuencias económicas, es un drama humano y quiero mostrar nuestra más profunda solidaridad con las víctimas.”, aseguró que “Europa está en guerra y los Estados tienen la obligación defender a sus ciudadanos”.

Botín destacó que “en el Santander tenemos una política de Defensa que fija los criterios que regulan nuestra actividad: verificamos que todas las operaciones cumplan esta política y rechazamos operaciones que no cumplan la normativa más exigente y contra la proliferación armamentística”.

En el segundo grupo de cuestiones, menos estratégicas, y más del día a día de la operativa bancaria, las intervenciones pasaron desde el accionista anciano que se enredaba con sus notas para preguntar sobre la comparación del dividendo del Santander con sus competidores. “Perdóneme presidenta, con esta edad…” se disculpaba; “está usted fenomenal” le replicaba Botín.

Otras, en cambio, intentaban llevar a la junta conflictos rechazados por los tribunales (caso Popular) y otras se quejaban de la atención recibida por el director de zona de su región, de su director de sucursal o de alguno de los gestores que le habían (mal) atendido. Incluido un accionista que protestaba por el trato recibido al querer retirar de inmediato un depósito porque “mi vida va a cambiar pronto, he conocido a una señorita sudamericana que…”

Porque como dicen banqueros y bancarios: "la banca está en el centro de nuestras vidas".

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