OPINIÓN

La centroderecha de AD gobernará en Portugal con dos escaños solo más que el PS

Un ve­cino al que con­viene se­guir de cerca, y que entra en una in­cer­ti­dumbre 'a la es­pañola'

Luis Montenegro, AD.
Luis Montenegro, AD.

Con el nom­bra­miento de Luís Montenegro, can­di­dato de Alianza Democrática (AD), como primer mi­nistro de Portugal, por parte del pre­si­dente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, arranca la recta final para in­tentar formar un eje­cu­tivo en el país ve­cino, des­pués de que AD ga­nase las elec­ciones el pa­sado 10 de marzo con 80 es­caños al Partido Socialista (PS) que ob­tuvo 78 asien­tos, un margen muy es­caso pero que po­dría ser más que su­fi­ciente.

Rebelo de Sousa ha tomado esta decisión tras entrevistarse con todos los candidatos y después de que el secretario general del PS, Pedro Nuno, le haya confirmado que acepta ser el líder de la oposición y no obstaculizará la formación del nuevo gobierno de centroderecha, cuya composición deberá anunciarse el próximo 28 de marzo para tomar posesión el 2 de abril, según el calendario previsto.

Tras presentar sus propuestas al Parlamento, el centroderecha necesitará una mayoría de votos para empezar a ejercer, de lo contrario, el presidente de la República invitaría a otros líderes a intentar formar gobierno y si tampoco fuera posible tendrían que repetirse las elecciones.

Por el momento parece que va a gobernar la lista más votada, ya que los dos grandes partidos que conforman un cierto bipartidismo en nuestro vecino luso, no parecen predispuestos en aceptar los cantos de sirena de las formaciones más extremas a su derecha y a su izquierda, aunque estas cosas nunca se saben hasta el último minuto. Mucho más hablando de algo tan siniestro como es la política en nuestros tiempos, aunque haya países apenas separados por una raya que entiendan la política de forma tan distinta como España y Portugal.

No habría más que recordar a Pedro Sánchez y su pacto con Podemos, tras haber dicho que no podría conciliar el sueño con ese hipotético acuerdo, y luego con Sumar. Y también tener un pensamiento para el sufrido Alberto Núñez Feijóo, incapaz de frenar los acuerdos de sus líderes regionales con Vox en menos de lo que dura un telediario, pese a saber todo lo que eso podría penalizarle, como luego sucedió.

Cambio de ciclo

Las últimas elecciones portuguesas han conformado un Parlamento muy distinto al que había, pero parece que el PS acepta el cambio de ciclo y no obstaculizará a AD para formar un gobierno en minoría, que tendrá que funcionar a través de pactos puntuales con el resto del arco parlamentario. Ojalá lo consigan, en España ni se intentó algo parecido tras los últimos comicios y claro que no está gobernando la lista más votada. Desgraciadamente lo hace desde Waterloo un tipo fugado de la justicia al que ahora se va a amnistiar.

El reto es complicado, pero ya lo logró en su primera legislatura António Costa, sin tener mayoría, cuando se inventaron aquello de la ‘geringonça’, que fue capaz de sustentar un gobierno de centroizquierda sin que los más radicales entrasen, solo por medio de acuerdos del PS con el Partido Comunista Portugués (PCP), el Bloque de la Izquierda (BE) y el Partido Ecologista (PEV). Con ello consiguieron una alianza que pudo suavizar el durísimo ajuste que exigía la Troika comunitaria en aquel momento.

Ahora, después del éxito de ‘geringonça’, que le permitió al PS lograr una mayoría absoluta hace apenas dos años, el adelanto electoral forzado por el presidente de la República tras la dimisión de Costa por una trama de corrupción, ha traído esta victoria ajustada del centroderecha.

Otra vez la corrupción

Las causas, además del desgaste del ejercicio del poder, son también los ajustes que se han tenido que hacer, y por supuesto, la larga sombra de la corrupción que hizo dimitir apresuradamente a Costa, quizás recordando el ‘caso Sócrates’.

Sin embargo, muy poco después de su salida, se descubrió que hubo una confusión con su nombre en la investigación policial y judicial que afecta a muchas personas de su confianza, entre ellas incluso a su jefe de gabinete. Pero Costa se ha mantenido en sus trece y ha defendido la necesidad de su dimisión por considerar “incompatible la dignidad del cargo de presidente” con todos los indicios de corrupción.

También igual que nosotros en estos momentos en los que hay bastante más que unas sospechas de corrupción: ¿recuerdan a Koldo, a José Luis Ábalos, a Begoña Gómez y al novio de Isabel Díaz Ayuso?

Giro a la derecha

Volvamos a Portugal. Parece indudable, con los números en la mano, que el país ha girado a la derecha, tras ocho años del PS en el poder, lo que prueban los muchos votos robados por el partido de ultraderecha Chega a AD, el equivalente a Vox en España, que ha cuadriplicado sus escaños respecto a los obtenidos en 2022, pasando de 12 a 50 y configurándose como la tercera fuerza política portuguesa y el ganador moral de los últimos comicios.

Parece que nuestros vecinos, con una aritmética de escaños no muy distinta a la española, están apostando por una resolución del problema tan sencilla como abrir paso a la lista más votada, manteniendo fuera del ejecutivo a los extremos. De momento las dos grandes formaciones parecen dispuestas a entenderse en este sentido, cediendo algo las dos. Esperemos que sea así, por cierto, todo lo contrario que en España.

El líder de centroderecha, Luís Montenegro, dijo que aspiraba a gobernar sin Chega, y el del PS, Pedro Nuno Santos, no tardó ni un minuto en ponerle a su disposición sus votos para evitar las intenciones de Chega, claramente manifestadas por su secretario general André Ventura, que no son otras que entrar en el gobierno tras el millón de votos recibido.

Opciones abiertas

Sin duda el PS y AD podrían configurar opciones de gobierno con los grupos a su izquierda y a su derecha, y seguro que lo han intentado, ya que es su obligación, pero en todos los casos no alcanzarían la mayoría absoluta. De manera que no parece nada probable que vayan a seguir el modelo español. Al menos hasta la fecha no lo han hecho en su más reciente historia.

Tienen una gran ventaja sobre nosotros, que es el hecho de no tener una descentralización del país como la nuestra y no depender de nacionalistas e independentistas para poder gobernar, como desgraciadamente lleva décadas sucediendo en España, aunque con Pedro Sánchez, la situación haya llegado a un verdadero paroxismo que nadie podía haber previsto hace unos años.

Un país centralizado

El año pasado Portugal estudió un proyecto que no prosperó, para que por la vía de un referéndum se pudieran crear cinco regiones administrativas con autonomía política: Norte, Centro, Alentejo, Lisboa y Algarve. En cierta forma un modelo parecido al nuestro desde la Constitución de 1978, que afortunadamente para ellos se quedó abandonado en un cajón de algún ministerio.

Montenegro, no es descartable que fijándose en España, dijese entonces que la regionalización de Portugal “sería una catástrofe”. Y además parece que le avala una opinión pública portuguesa, que siempre ha mantenido su oposición a una descentralización de esas características.

Hay que retrotraerse a 1998, cuando se celebró un referéndum para esto de lo que hablamos que fracasó, ya que no acudieron a votar ni siquiera la mitad de los portugueses, y el 65% de los que fueron votaron en contra.

A excepción de Azores y Madeira, que cuentan con un cierto régimen de autogobierno, Portugal es un país muy centralizado, y pese a que el debate está abierto desde su democratización en 1974, nunca ha sido realmente una prioridad de nuestros vecinos lusos, lo que habla muy bien de ellos y de su cordura como pueblo. Es obvio que es mejor y más práctico apostar por lo que une que por lo que separa y divide.

Muy parecidos y muy distintos

No cabe ninguna duda que Portugal y España somos muy parecidos y muy distintos al mismo tiempo. La imaginaria raya que nos separa hace que los habitantes de una y otra parte sean iguales en su forma de comprensión de la vida, ya sean gallegos, castellanos, extremeños o andaluces, que los hay a ambos lados de esa frontera en la península ibérica.

Pero Portugal es una nación con un poso institucional mucho mayor que el de España, como lo es también Brasil frente a la mayoría de países de Iberoamérica, quizás por su herencia lusa. No hay ninguna duda de esto. No están buscando su propia destrucción y aniquilamiento como nosotros, desde que se levantan hasta que se acuestan. Tienen unos valores muy por encima de su renta per cápita o sus indicadores económicos y sociales y un pragmatismo del que deberíamos aprender, que les está llevando a progresar a pasos de gigante.

Quizás al final va a resultar que es verdad esa manida frase que dice que la única diferencia entre un portugués y un español es que nosotros no hablamos nunca de ellos y ellos siempre están hablando de nosotros. Lo que de ser cierto significaría que nos siguen muy de cerca, que conocen nuestros errores y se aplican a fondo en no cometerlos. Y puede que también nuestros aciertos, que también tenemos muchos. Desde luego, que gran país formaríamos juntos.

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