El Gobierno de Sánchez ha adop­tado me­didas contra ellas pero de­bería estar vi­gi­lante

Demasiadas Opas foráneas sobre empresas industriales españolas al mismo tiempo

Talgo, Applus, Opdenergy y Ercros, amén de la en­trada de STC en Telefónica y la fu­sión Orange-MásMóvil.

¿Está libre Telefónica de una OPA?
¿Está libre Telefónica de una OPA?

En apenas unos pocos meses han coin­ci­dido en el mer­cado es­pañol hasta cuatro opas de grupos ex­tran­jeros de dis­tintas na­cio­na­li­dades sobre em­presas in­dus­triales es­paño­las. Algo bas­tante inusual- al menos con los Gobiernos an­te­rio­res- por lo que no re­sulta ba­ladí lo que ello puede su­poner de pér­dida del con­trol del te­jido in­dus­trial na­cio­nal, aunque se­des, cen­tros in­dus­triales y fá­bricas de pro­duc­ción­vayan a se­guir en España. Al menos en una pri­mera fase, se su­pone.

Todas las ofertas están en distintos momentos de sus respectivos procesos y sus resultados son aún inciertos, ya que además al actual Gobierno en general no le gustan estas operaciones y ya se ha puesto claramente en contra de alguna de ellas, concretamente la del grupo húngaro Magyar Vagon sobre el fabricante de trenes Talgo, por valor de unos 620 millones de euros.

Rechazo a los húngaros

El ministro de Industria, Jordi Hereu, ha calificado a Talgo de empresa estratégica y el de Transportes, Óscar Puente, ha declarado directamente que hará todo lo posible por impedir la operación y se han sacado conexiones rusas en la oferta húngara, pese a que parece que los actuales socios del fabricante de trenes están deseando vender.

Las otras opas en curso son la del grupo portugués Bondalti, controlado por la familia del empresario José de Mello, sobre la empresa química Ercros, valorada en algo más de 300 millones. También está la de los fondos ISQ y TDR, a través de su sociedad conjunta Amber, sobre el grupo líder en concesiones de ITV para vehículos en España, que está en liza con la de su competidor el fondo estadounidense Apollo. Pero esta es una empresa que le preocupa menos al Gobierno, ya que antes había estado controlada por el grupo de capital riesgo extranjero Carlyle.

Y finalmente, está la opa del fondo francés Antin por el grupo fotovoltaico Opdenergy valorada en casi 900 millones. En este caso habría que recordar que el Gobierno dio el visto bueno a esta opa del fondo galo solo después de que este, que ha denunciado a España ante el Ciadi por el recorte a la renovables, se comprometa a no iniciar nuevos arbitrajes internacionales contra el Estado español, que acumula condenas por más de 10.000 millones por esta causa.

Resulta curioso que en todos los casos se trate de empresas de corte industrial, de distintos sectores y tamaños, pero todos grupos con gran potencial de crecimiento, en unos momentos en que la producción industrial en España parece que remonta algo después de un 2023 bastante malo.

Según datos del INE, después de corregir los efectos estacionales y de calendario, la producción industrial en España registró en enero un retroceso del 0,6% respecto al mismo mes del año pasado, eso sí, moderando en ocho décimas el descenso de diciembre de 2023, que fue del -1,4%. De forma que la del pasado enero es la décima caída interanual consecutiva de la producción industrial.

También en telecomunicaciones

Habría que destacar también que todas estas operaciones se producen poco después o casi al mismo tiempo de la entrada hostil de la saudí STC Group en el capital de Telefónica, que el Gobierno ya ha anunciado que intentará bloquear por medio de la compra de un importante paquete de acciones por parte del holding público SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales). Operación que se supone que está en marcha por lo que nos cuentan.

Y esta situación de Telefónica, ha coincidido además en medio de la fusión entre la filial española de la francesa Orange y MásMóvil, que crea el mayor operador de telecomunicaciones de España por número de accesos, 39 millones de líneas, y que probablemente obligará a Telefónica a mover ficha, como ya están apuntando muchos analistas. Se trata, además de una fusión que acaba de aprobar el Gobierno con ciertas garantías, pero que a medio plazo, uno o dos años, según los protocolos alcanzados, dejará la mayoría de capital en manos francesas.

En estos momentos, no hay demasiadas justificaciones técnicas para este aluvión de opas, del estilo de la Bolsa está en derribo, o hay grandes oportunidades por las distintas cotizaciones de divisas como el dólar o el euro, de manera que hay que buscar otros argumentos para justificar la coincidencia en el tiempo de todas estas acciones empresariales.

Están baratas y necesitan capital

Sin duda, el hecho de que esto suceda se debe fundamentalmente a varios motivos, además de al hecho de que en estos momentos haya mucha liquidez disponible en los mercados para abordar las citadas ofertas.

Entre estos motivos estarían, sin duda, que estas compañías están a tiro, y su actual cotización ayuda a facilitar la opa de sus competidoras foráneas, que además disponen de liquidez para abordar las operaciones y poder garantizarse su desarrollo y su posterior crecimiento.

Pero eso lógicamente también se debe a muchas cosas, entre ellas a que en general las empresas opadas son grupos con deudas elevadas y con un coste de financiación muy elevado en estos momentos, por las recientes subidas del precio del dinero, lo que puede complicar su viabilidad a corto y medio plazo.

Asimismo, en muchos casos, al tratarse algunos de ellos de grupos casi familiares y por supuesto de menor tamaño que las empresas que formulan las opas, pueden estar necesitando una gestión más profesional para encarar su futuro inmediato.

No hay mucho más que hablar y para estos grupos extranjeros que hacen las opas es indudable que este es el momento de entrar, ya que las empresas opadas son compañías que están baratas o no son caras, que es casi lo mismo. De manera que en el fondo se trata de aprovechar las oportunidades que se tienen al alcance de la mano.

Aprovechar la inestabilidad política

Pero seguramente todavía hay más motivos que pueden tener que ver con este aluvión de operaciones, por ejemplo, la grave inestabilidad política que vive nuestro país, que podría estar siendo aprovechada por estas empresas que quieren entrar en nuestro mercado. Algo así como ahora o nunca. Esta inestabilidad política y hasta las muchas incógnitas que se ciernen todavía sobre la evolución económica española, abren ciertas ventanas de oportunidad a estas compañías que ahora buscan reforzarse en nuestro territorio.

Además, el capital foráneo es consciente de que el Gobierno de Pedro Sánchez y no digamos dentro del mismo sus socios de Sumar, tienen un planteamiento muy intervencionista de la economía, como muestran sus más recientes decisiones, como la crisis entre Telefónica y los saudíes de STC Group. Por ello, técnicamente siempre sería mejor para ellos pillar al Gobierno desprevenido y con muchos frentes abiertos a la vez, como ahora que no parece arrancar la legislatura.

Saben que Sánchez y sus aliados no solo es que no estén deshaciendo posiciones que se encontraron en el sector público a su llegada al Ejecutivo, como su participación en CaixaBank por las acciones de Bankia, sino que resulta que las están incrementando, como pasará con Telefónica, ya que además no deja de ser una forma de obtener sustanciosos ingresos vía sus dividendos.

Intervención directa

El actual Gobierno de España ha optado por la intervención directa en compañías de sectores clave y sigue las pautas de comportamiento que hace años decidieron poner en marcha otros países europeos como Francia, Italia y Alemania. De esta forma ha roto con su pasado más reciente de no intervencionista sobre muchos de los monopolios que privatizó hace veinte o treinta años. Y lo está haciendo, sin que le duelan prendas, a través de la SEPI en Indra, Hispasat, Enagás, Redeia, Airbus, IAG y lo hará en Telefónica.

La SEPI necesita endeudarse para ello, pero luego recibe importantes dividendos. Según publicó recientemente el diario ‘Cinco Días’, la SEPI, sin contar lo que obtenga de Iberia, cobrará durante este año un total de 245 millones de euros por los dividendos de las empresas cotizadas en las que participa, un 16% más que el año pasado.

En fin, volviendo a las empresas extranjeras que tratan de invertir en nuestros sectores productivos, sin duda saben que hay que aprovechar los momentos de más confusión política, como los actuales, para marcar terreno y además intentar anticiparse todo lo que puedan a la estrategia gubernamental que siempre tiene a mano el famoso “escudo antiopas”. Y en ello están.

Todo lo que rodea a la amnistía ante una Europa atónita, o la actual bronca con la corrupción basada en el “y tú más que yo”, no cabe duda que contribuye a este trajín de operaciones de grupos extranjeros sobre empresas españolas. Y seguro que habrá más.

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