Los so­cia­listas frus­tran sus pro­pias ex­pec­ta­tivas y las del centro de­recha pero ahora po­dían ter­minar aliados

Portugal tendrá que elegir entre la racionalidad política o una calculada inestabilidad

La ex­trema de­recha que­dará arrin­co­nada y pro­ba­ble­mente ve­tada por el pre­si­dente de la República

Marcelo Rebelo de Sousa Presidente de la República Portuguesa.
Marcelo Rebelo de Sousa Presidente de la República Portuguesa.

Portugal ha en­trado en te­rreno po­lí­tico pan­ta­noso y ahora tendrá que en­cum­brarse entre la ra­cio­na­lidad po­lí­tica o un muy ele­vado grado de in­cer­ti­dumbre ins­ti­tu­cio­nal. Las elec­ciones del pa­sado do­mingo, in­con­clusas para todos los par­ti­dos, salvo para la ex­trema de­re­cha,, han vol­cado sobre el Jefe del Estado, Marcelo Rebelo de Sousa, la res­pon­sa­bi­lidad de arre­glar, otra vez, el desa­gui­sado pro­vo­cado por la di­mi­sión del ex primer mi­nistro so­cia­lista António Costa, por un pre­sunto de­lito de trá­fico de in­fluen­cias. Un lio que puede durar me­ses.

Con casi un 60% de los votos y el 70% de los escaños repartidos casi a partes iguales entre la Alianza Democrática (AD) y el PS, el nuevo escenario político no responde seguramente al imaginado por Rebelo de Sousa, que antes de asumir la Jefatura del Estado había liderado el PSD, partido impulsor de la coalición de derechas que esperaba "aplastar" a los socialistas por sus contundentes errores. Ni unos ni otros podrán gobernar en solitario. Más probable, lo harán juntos perro no revueltos.

No parece que lo hará Alianza Democrática, el teórico vencedor, que se verá amenazado por Chega, un partido de extrema derecha, creado y dirigido por António Ventura, un ex inspector de finanzas y ex comentador deportivo que con 41 años ,es el único dirigente político luso que puede hablar de “triunfo arrollador”. Con menos de una década de existencia, Chega alcanzó un 18% de los votos, y sus 48 escaños serían suficientes para que el PSD pudiera formar y dirigir un gobierno de coligación con mayoría absoluta.

El lider Montenegro

Cabría pensar, no obstante, que el nuevo líder social-demócrata, Luis Montenegro, se plantee la posibilidad de cambiar de posición, contraria durante la campaña electoral a una alianza con los derechistas, pero que no fue de manera espontánea, sino resultado de la presión agobiante de la prensa, hasta terminar rechazando la idea de una alianza con André Ventura. No obstante, las apuestas al respecto se han vuelto a reabrir ante los resultados finales.

Lo que parece claro que lo que ocurra en Portugal tiene mucho que ver con el fin del antiguo clima más o menos romántico de la “revolución de los claveles” (aquel 25 de abril 1974, cuando fue fulminado el régimen salazarista) y que parece un sueño ante los pobrísimos resultados cosechado por los comunistas de la CDU, que solo ha conseguidoi un 3,3% de los votos y 4 escaños parlamentares.

Lo más llamativo al respecto, y teniendo el país preparando ya las conmemoraciones del 50 º aniversario del “25 Abril”, es que en Beja, Evora y otras capitales del Alentejo (la antigua plaza fuerte de PCP, de la “izquierda revolucionaria” y de los “jóvenes capitanes de Abril”) es que todas las candidaturas de la CDU fueron eliminadas, barridas literalmente por el nuevo populismo desplegado por el “Chega” de Adré Ventura, alineado al 100% con la extrema derecha europea.

Cambio en ciernes

Seria razonable pensar, por lo tanto, que cuando Luis Montenegro sea llamado al Palacio de Belem, para recibir de Marcelo Rebelo de Sousa la misión de negociar la formación de un nuevo gobierno, ya tenga claro lo que hará. Si rechazar los cánticos de sirena de la extrema derecho populista, que algunos ya ven con plazos de caducidad, o apostar más por fórmulas de consenso con los socialistas, colocados ahora bajo el mando de Pedro Nuno Santos.

El ministro de Finanzas en funciones, Fernando Medina, que según se comenta, alimentaria la ambición de dirigir el PS y de llegar a primer ministro, defiende abiertamente la investidura de Luis Montenegro. Su tesis es que un PS alineado con el PSD, con un gobierno de coligación, sería lo mismo que ceder al Chega de André Ventura todo el espacio de la oposición. A lo que aspira ahora el PS, no sería negociar cuotas de poder con el PSD, sino preparar el futuro, haciendo una oposición constructiva a un gobierno conservador sin mayoría parlamentaria absoluta.

Con que, por lo tanto, cabría hablar de convergencia de intereses estratégicos, tanto a corto como a medio plazo, entre buena parte de los dirigentes y de la clientela electoral, social demócrata, del mismo modo, pero con una intensidad muy superior, que entre la militancia y los dirigentes socialistas. No es seguramente una falacia aquello de que Portugal es un país de “blandos costumbres”, de los que hizo gala el “25 Abril”, tras medio siglo de dictatura.

Por lo tanto, son muchos los social-demócratas y sin duda aún más numerosos los socialistas, que más allá de la lucha electoral (rivalidades políticas y personales, divergencias entorno a las prioridades estratégicas de la economía y de las finanzas...), teniendo en cuenta, ademas, que el margen nacional de decisión en la mayoría de las políticas de inversión es muy inferior al de Bruselas, la mayoría de las apuestas seria a favor de un gobierno minoritario de la AD.

Los portugueses también ya están acostumbrados al cambio de ciclos de lideranza política. Sin tener en cuenta aquella primera época de “gobiernos provisorios” (la mayoría controlados por el PCP, tras medio siglo de dictadura), la alternancia democrática no es ningún problema en Portual:. Desde 1976, solo 6 de los 16 gobiernos constitucionales han podido completar los 4 años de legislatura. Y, generalmente, aquellos que duraron más fueron los liderados por la izquierda.

. Pero si hay que buscar algún precedente más cercano a la situación actual, habría que remontar a las elecciones de 1983, con mayoría relativa del PS de Mario Soares. Para poder gobernar el carismático líder firmó el acuerdo llamado “jeringonza”, o sea el amago de una alianza coyuntural con el PSD, y que cumplió su objetivo, que era un clima de gobernabilidad, con un 70% de apoyo parlamentario, aunque solo duro dos años, hasta las elecciones del 1985. Para dar paso luego a la mayoría absoluta en manos de los social demócratas liderados por Cavaco-Silva.

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