OPINIÓN

Más políticas de agua y menos polémica sobre amnistías

Una na­ción que se en­tre­tiene con lo ac­ce­sorio y no entra en lo im­por­tante, no me­rece ser te­nida en cuenta

Pantanos de Cataluña.
Pantanos de Cataluña.

Una na­ción que se en­tre­tiene con lo ac­ce­so­rio, mu­chas veces hasta el pa­ro­xismo, y nunca entra a fondo en lo ver­da­de­ra­mente im­por­tante, en lo mo­llar, en lo que se juega su fu­turo y hasta su razón de ser, no me­rece de­ma­siado res­peto de sus com­pe­ti­dores o hasta de sus enemi­gos. Y esto es algo que pasa en España de­ma­siado a me­nudo.

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El 90% de la actualidad española se centra en la posible amnistía para los golpistas catalanes y todos los vericuetos de este proceloso asunto, en el que parece que Pedro Sánchez se va a dejar hasta el alma, suponiendo que la tenga, que es mucho suponer. Sin duda, la amnistía tal como se está planteando tiene su enjundia, pero es un problema que está creado por los propios políticos y su ambición de poder, así de claro.

Este asunto, pese a copar toda la actualidad, tiene una nula trascendencia y no afecta a la vida de la mayoría de españoles, como si lo hacen las políticas sobre pensiones, paro, sanidad, integración, emigración, infraestructuras, agua, entre otras muchas cosas que nos importan de verdad a todos.

Jugar con fuego

Pero estamos acostumbrados a jugar con fuego, aunque muchos alerten que esta ley de amnistía pone en peligro toda la arquitectura constitucional de España. Quizás tienen razón y no tiene sentido dar carpetazo a lo que estaba funcionando, como pretende arañar del Gobierno el fugado Carles Puigdemont y su tropa, por sus propios intereses personales.

Dentro de nada veremos en qué acaba todo. Si Sánchez se planta de verdad y no cede tras el primer rechazo de Junts, o si ceden los independentistas, o incluso si ante la falta de acuerdo al final es la Unión Europea la que tiene que intervenir, y tenemos que volver a mostrar todas nuestras vergüenzas a Bruselas.

La realidad es que parece que ahora no ocurre nada más en España que esta iniciativa parlamentaria entre el Gobierno y sus socios independentistas. Y está claro que no es así y que hay otros asuntos que van subiendo de categoría por mucho que a algunos les pese. Por ejemplo, la sequía y la escasez de agua en gran parte de nuestro país, lo que por cierto ha terminado por convertirse en un problema por la permanente inacción política.

Una sequía desigual

Hasta hace muy poco, apenas unos cuantos titulares sobre la grave sequía que nos afecta, pese a que la complicada situación no está tanto provocada por la falta de agua, sino más bien sobre lo mal repartido que está este bien por nuestra geografía y cómo la política de taifas a la que estamos abonados en España, impide una verdadera solución, que técnicamente estaría a nuestro alcance con un poco de buena voluntad por todas las partes.

Los últimos datos oficiales conocidos revelan que la reserva hídrica española se encuentra al 50,8% de su capacidad total. Sin embargo, como decíamos antes, esto también va por barrios y Cataluña y Andalucía son las regiones en peor situación ahora mismo.

Las cifras hablan por sí mismas. En estos momentos las reservas de agua en el Cantábrico oriental se encuentra al 87,7%, en el Cantábrico occidental al 81,2%, en los ríos Miño-Sil al 82%, en Galicia costa al 88,5%, en las cuencas internas del País Vasco al 85,7%, bajando ya un poco en el río Duero al 67,2%, en el Tajo al 69,1%, en el Guadiana muy por debajo al 32,8%, en los ríos Tinto, Odiel y Piedras al 70,7%, en el Guadalete-Barbate al 14,6%, en el Guadalquivir al 21,3%, en la cuenca mediterránea andaluza al 18,3%, en el Segura al 18,1%, en el Júcar al 48%, en el río Ebro al 64,4% y finalmente, en las cuencas internas de Cataluña al 15,8%. Salta a la vista lo que ya hemos tratado algunas veces, que agua hay. Incluso en situaciones de sequía como la actual dejamos llegar a Portugal mucha más de la que recoge el Tratado de Albufeira entre los dos países. Lo que sucede es que está muy mal repartida y que habría que articular una política nacional de verdad para llevarla a donde se necesite. Básicamente, conectando las cuencas hidrográficas y reforzando con tecnologías como las desaladoras.

Disparates varios

Sin embargo, la irracionalidad en este asunto está llegando a extremos verdaderamente cómicos. El actual presidente catalán, Pere Aragonès, empieza a recordar al jefe del comando suicida de ‘La vida de Brian’ que en lugar de aprovechar su golpe de mano para rescatar a los crucificados lo que hace es quitarse la vida junto a todos sus hombres.

Aragonès ha dicho que confía en superar la actual sequía sin realizar una conexión con el Ebro, ante el asombro de millones de catalanes, que empiezan a pensar que no entienden nada. Y parece que la alternativa que se estudia es llevar el agua en barcos desde Valencia. Solo un poco de memoria nos puede dar algo de luz en este alambicado asunto. El primer pacto de verdad, de alcance, entre el separatismo catalán y un gobierno del PSOE, entre José Luis Rodríguez Zapatero y Josep-Lluís Carod-Rovira, se cargó en el año 2005 el trasvase del Ebro a Cataluña y Levante. Desde entonces el nacionalismo nunca ha ocultado que prefiere el río francés Ródano al Ebro para trasvasar agua a sus territorios. Así son las cosas.

Y esto del agua afecta directamente al mundo rural español, que no atraviesa especialmente su mejor momento, a juzgar por las manifestaciones que se están produciendo en toda España.

El campo entra en guerra

Tampoco ha habido hasta hace pocos días demasiados titulares sobre la complicada situación del campo español, afectado además de por la sequía por legislaciones comunitarias como la agenda 2030 que agricultores y ganaderos creen que ha sido diseñada en contra de sus intereses al haber primado el cambio climático, la ecología y el medio ambiente sobre la producción alimentaria. Y no solo en España, desgraciadamente está sucediendo en la mayor parte de países de Europa.

Pero igual que en el caso de la sequía, la amnistía y sus vericuetos ha estado también tapando estas noticias hasta hace nada. Realmente hasta que los agricultores y ganaderos franceses han vuelto a su tradicional costumbre de incendiar camiones españoles, la cosa no ha pasado a mayores.

Esta vez se han centrado en tirar la carga y saquear los camiones españoles, ante la pasividad de los gendarmes, lo que debería haber provocado inmediatas reacciones tanto en la sociedad civil como en los poderes públicos españoles, reacciones que una vez más han brillado por su ausencia.

Vergüenza ajena

Desconozco si estos hechos son suficientes para justificar una crisis diplomática con Francia, probablemente sea excesivo. Pero de lo que no tengo duda es de que cuando no respondes a una ofensa o lo haces con tanta tibieza que el contrario ve el miedo reflejado en tus ojos, no consigues nada más que envalentonar a tu enemigo. Y por ese camino el respeto siempre brilla por su ausencia. Desde luego las palabras del ministro de Agricultura, Luis Planas, diciendo que ha recibido las excusas de su homólogo francés, una semana después de comenzar el bloqueo, realmente dan pena y mucha vergüenza.

La asociación independiente SOS Rural, que agrupa a representantes del campo sin ninguna vinculación política, acaba de alertar públicamente de que España perderá del todo su independencia alimentaria en apenas una década a manos de Marruecos, si este país sigue recibiendo subvenciones de Europa, según recoge el digital ‘Vozpópuli’. A juicio de esta asociación, se debe al desmantelamiento acelerado de la producción de alimentos, tanto agrícolas como ganaderos.

Soberanía energética y alimentaria

Dicho de otra forma, lo que los franceses dicen que les pasa con nosotros, aquí nos pasa con Marruecos. No podríamos entre todos ponernos de acuerdo cuanto antes y salvaguardar un cierto grado de independencia o soberanía alimentaria en Europa, antes de que esta salte por los aires, como pasó con la escasa independencia energética en el Viejo Continente en cuanto empezó la guerra entre Rusia y Ucrania. Bruselas ya ha tomado algunas medidas en este sentido, como el cambio de consideración de la energía nuclear, aunque el Gobierno español no lo comparte y la rechaza.

La UE tiene que seguir avanzando en los conceptos de soberanía energética y alimentaria si quiere ser un jugador de importancia a escala mundial, ya que la mayoría de las grandes potencias como China o Estados Unidos están haciendo bien esos deberes desde hace muchos años.

Y España, aprovechando sus grandes posibilidades en ambas materias, que las tiene, debe hacer exactamente lo mismo e ir a por todas. ¿A qué estamos esperando?

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