El IoT y la IA dis­pa­rarán la de­manda de se­mi­con­duc­tores en los pró­ximos años

Los inversores apuestan por los microchips como fuente de rentabilidad

ASML y Super Micro Computer aca­paran las ex­pec­ta­tivas de los ope­ra­dores

Intel Core.
Intel Core.

La ley de Moore es­ta­blece que la po­tencia de cálculo de un mi­cro­chip se du­plica cada dos años, mien­tras que su coste se re­duce a la mi­tad. Algunos es­pe­cia­lis­tas, sin em­bargo, creen que esta teoría po­dría estar lle­gando a su fin ante la di­fi­cul­tada para su­perar los lí­mites fí­sicos y eco­nó­mi­cos. Más allá de estas dis­qui­si­cio­nes, lo cierto es que la in­dus­tria de los se­mi­con­duc­tores se en­cuentra en puerta de una pro­funda trans­for­ma­ción con múl­ti­ples fac­tores con­ver­giendo para re­de­finir el pa­no­rama en la pró­xima dé­cada.

“Los chips están alcanzando los 2 nm y los transistores se acercan al tamaño de unos pocos átomos; y las inversiones cada vez mayores en I+D y en instalaciones de fabricación de vanguardia se están convirtiendo en un desafío incluso para los mayores fabricantes”, recuerdan en Capgemini.

“2024 debería ser testigo, por tanto, de una evolución de la ley de Moore, con nuevos paradigmas: a pesar de acercarse al límite físico absoluto de la miniaturización de los chips, los "chiplets" deberían ver avances en el apilamiento de chips 3D, innovaciones en la ciencia de los materiales y nuevas formas de litografía para seguir aumentando la potencia informática”, explican en la firma.

No en vano, los semiconductores son el bien más comercializado del mundo por delante del petróleo y los vehículos de motor. Un factor crucial en el actual proceso de transformación digital global.

En este sentido, los problemas de cuello de botella en la producción tras la pandemia, los conflictos geopolíticos y las significativas disrupciones en el comercio global, han hecho entender por fin a Europa que no puede ser dependiente de unos componentes tan estratégicos. Una situación crítica a la que se suman las fuertes tensiones políticas y comerciales entre Estados Unidos y China, que se pueden ver agravadas con el posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Los chips son un elemento básico en la electrónica moderna, indispensable en todos los dispositivos de uso común desde los móviles, los ordenadores, los vehículos o cualquier otro aparato doméstico. Su uso, además, no deja de crecer con los avances del llamado Internet de las Cosas (IoT) y de la llegada en tromba de la Inteligencia Artificial.

Dependencia económica y social

En 2022, se movieron unos 600.000 millones de dólares en ventas, una cifra que habría descendido ligeramente el pasado ejercicio y que probablemente se superará con creces este año.

Aunque se trata de una industria discreta y poco comprendida por el público general, en especial en Europa; es hoy en día indispensable para nuestra forma de vida. Una dependencia económica y social que se ha puesto de manifiesto, sobre todo, a partir de la pandemia. Eso ha despertado la preocupación en el ámbito político al poner en riesgo cuestiones de soberanía.

La producción de semiconductores se concentra en Taiwán. La Isla, reclamada y amenazada por China, alberga el ecosistema microelectrónico más grande y desarrollado del mundo. Aglutina cerca de dos tercios de la producción mundial en subcontratación. Allí se ubica la sede TSMC, único gigante tecnológico capaz de producir los chips más avanzados del mundo, aplicaciones de seguridad, militares o de ciberseguridad.

Cabe mencionar también que, para producir estos chips avanzados, TSMC necesita equipos muy específicos. Sin embargo, el desarrollo de algunos de estos equipos solo lo dominan un puñado de jugadores internacionales, principalmente europeos, americanos y japoneses, cada uno especializado en herramientas destinadas a una etapa específica de la producción, según el informe de la firma de inversión Lonvia Capital.

Desde un punto de vista político, es obvio que cada uno de estos actores es considerado una joya nacional pero también, y, sobre todo, como palancas de negociación internacional.

Altas limitaciones para producir chips avanzados

En este escenario, Europa tiene la obligación de desempeñar un papel esencial y no puede quedarse al margen. Para ello cuenta con un ecosistema fuerte entre los fabricantes de equipos con empresas como ASML, pero también en la producción de chips analógicos (sensores, gestión de energía, radio, entre otros). Sin embargo, al igual que Estados Unidos y Japón, Europa no tiene la capacidad de producción de chips avanzados o chips de memoria.

Para reforzar su peso en el escenario mundial, Europa ha desplegado un plan de incentivos de 43.000 millones de euros, gran parte del cual está destinado a apoyar a los fabricantes en sus proyectos de construcción de fábricas para la producción de semiconductores. Estas iniciativas, recuerdan en Lonvia Capital, ya están empezando a dar sus frutos con la construcción de fábricas como la de Intel en Alemania, que será la mayor fábrica de semiconductores de Europa.

Europa muestra, por lo tanto, una voluntad clara de aumentar su peso en el tablero mundial de los semiconductores y se está dotando de los medios para hacerlo; pero no es la única. Apoyar al sector en la creación de medios de producción es una cuestión clave, pero también en el desarrollo del ecosistema en torno al segmento de la microelectrónica. Este despliegue debe basarse en la capacidad de enriquecer un ecosistema fuerte capaz de formar y retener talento en las diferentes regiones del mundo.

España tampoco quiere quedarse atrás. Para ello, a mediados del pasado año se aprobó un Perte con inversiones de 12.250 millones de euros hasta 2027. Un proyecto estratégico con el fin de activar a su vez un importante volumen de inversión privada.

El proyecto se centra en cuatro ejes estratégicos que abarcan toda la cadena de valor de la industria en distintas fases: concepción, diseño, producción de chips y dinamización de la fabricación de productos electrónicos TIC, para que actúe como generadora de demanda de los microchips producidos, e impulso al ecosistema emprendedor de semiconductores. Con esta visión integral se busca ejercer un efecto multiplicador para el conjunto de la economía española. De momento, sin embargo, los avances están siendo más complicados de lo esperado.

Invertir en microchips

Los inversores, de hecho, siguen mirando fuera para encontrar oportunidades de inversión. En Europa, la gran referencia sigue siendo ASML. La compañía tecnológica holandesa no deja de marcar récords en su cotización aprovechando su posición de liderazgo en el sector. Es la única compañía del mundo capaz de fabricar las complejas máquinas que fabrican los microchips más avanzados.

En Estados Unidos, las miradas se centran en los gigantes del sector Nvidia, AMD e Intel. Aunque en los últimos tiempos, a raíz de las positivas recomendaciones de Bank of America, el foco se ha movido ligeramente hacia Super Micro Computer. La entidad americana cree que SMC será uno de los actores fundamentales en los próximos años como proveedor de soluciones de servidores y almacenamiento al beneficiarse del crecimiento de la demanda impulsada por la IA.

La firma considera que el mercado de servidores de IA será mucho más grande de lo que está descontando el mercado. Sus analistas prevén que este mercado avance un promedio del 50% en los tres próximos años frente al crecimiento histórico del mercado general de servidores de poco más del 5% en los últimos 17 años. Este escenario hará que los ingresos Super Micro crezcan aún más rápido.

Sin embargo, la inversión directa en este tipo de activos, alertan algunos operadores, supone un elevado nivel de riesgo y, en consecuencia, aconsejan apostar mejor por los fondos de inversión especializados, que auguran también muy buenas rentabilidades.

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