OPINIÓN

La libertad para pensar al margen de los argumentarios políticos

El Gobierno pre­tende hacer creer que Galicia ha vo­tado en clave local y no na­cional

Pedro Sánchez, Pte. del Gobierno.
Pedro Sánchez, Pte. del Gobierno.

El re­sul­tado de las elec­ciones au­to­nó­micas de Galicia, el pa­sado do­mingo, ha puesto de ma­ni­fiesto la im­por­tancia de las cues­tiones na­cio­nales tam­bién en la po­lí­tica lo­cal. Vivimos en un mundo glo­ba­li­zado y cada vez nos in­teresa más lo que su­cede en otras partes además de en nuestro te­rruño, por mucho que las cues­tiones lo­cales tengan su im­por­tan­cia.

Por eso, todo lo que rodea a la ley de amnistía que están dictando los golpistas del ‘procés’ al Gobierno, la complicada situación del campo y hasta el reciente asesinato de los dos guardias civiles en Barbate por narcotraficantes, entre otras muchas cosas de la actualidad, seguro que han terminado por influir en el voto de los gallegos, le pese a quien le pese.

Feijóo estaba cuestionado

Esta irrupción de lo nacional en lo local es la única forma de explicar unos resultados que blindan el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo en el PP, que recordemos que empezaba a estar más que cuestionado dentro de su propio partido al punto que de perder en Galicia podría haberle costado el cargo. Sobre todo, a partir de su error al entrar al trapo a la trampa que le tendieron con las hipotéticas negociaciones con Junts cuando negociaba su investidura. Pura filfa, aunque debería hacérselo mirar.

Unas elecciones en Galicia que dejan bastante tocado al presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, por sus políticas de apoyarse en los nacionalismos locales, que tan malos resultados le están dando. Es lo que ha sucedido en el caso de los socialistas gallegos, que prácticamente han estado pidiendo el voto para el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), puede que sin que ellos mismos lo supieran, siguiendo instrucciones de Ferraz y de Moncloa, que empiezan a ser la misma cosa y no debería ser así.

El PP ha sido capaz de revalidar su mayoría absoluta con un candidato, Alfonso Rueda, heredado de su anterior líder regional y hoy presidente del PP nacional, que nunca antes se había sometido al escrutinio de los electores. Y se ha producido milagrosamente, después de una campaña electoral que ha dejado muchas sombras, y cuyo tramo final a muchos les recordó los últimos días de la cita electoral del 23-J que Feijóo logró ganar y también perder posteriormente.

El PSOE olvida sus siglas

Sin duda, el hecho de que pareciese que el PSOE se olvidaba de sus propias siglas y apoyase a la candidata del Bloque, cuya victoria habría significado exportar el modelo vasco o catalán a Galicia, no ha sido del agrado de muchos de sus votantes, que se han ido a otras opciones. Solo eso puede explicar el fuerte descenso de los socialistas gallegos, y haber favorecido además el voto útil del PP, probado por un 18% más de participación que en los anteriores comicios.

Una reciente información de ‘Vozpópuli’ afirmaba que el PSOE ha perdido 54 diputados autonómicos desde el primer Gobierno de coalición y sus pactos con los partidos separatistas y que por ahora Cataluña es la única comunidad en la que el PSOE ha recuperado terreno, un total de 16 escaños más, desde que Sánchez ganó la repetición electoral de noviembre del 2019. Pero atención, de cara a la próxima convocatoria electoral en Cataluña, muchos electores tendrán que elegir entre quien exige y pide y quien cede y otorga y no está claro qué decidirán.

De siete a tres autonomías

‘ABC’ ha destacado también en un editorial que entre 2017 y 2024 el PSOE ha pasado de gobernar siete autonomías a mantener el control solo en tres territorios. En este declive se cuenta, además, la pérdida de comunidades tan señeras para el socialismo como Andalucía.

El dato se agrava aún más cuando se constata que de las tres comunidades gobernadas por el PSOE (Asturias, Navarra y Castilla-La Mancha) solo Emiliano García-Page mantiene una mayoría absoluta. Destaca también este diario que el único barón territorial con mayoría absoluta es García-Page, que para el ministro de Transportes está “en el extrarradio” del actual PSOE de Sánchez.

Otros contundentes datos aportados por ‘ABC’ son que el Partido Socialista ha pasado de gobernar regiones que suponían un 36% del PIB a quedar este porcentaje reducido a un 7%, y que en términos poblacionales, los socialistas habrían pasado de presidir autonomías en las que vivía un 43% de la población española a conformarse con un 8%.

Quizás por esto, las terminales mediáticas del Ejecutivo de coalición ya han empezado a intentar dar la vuelta a esta argumentación de que lo nacional ha influido en lo local, asegurando que los gallegos han votado únicamente por cuestiones regionales, y como ya ha sucedido en tantas ocasiones, resulta que para todos esos ideólogos de pacotilla las cosas no son como las pensamos la mayoría, sino como las dictan unos cuantas televisiones, radios y periódicos, obviamente bajo su control y que ya están empezando a vomitar los mismos argumentarios que repiten todos los ministros y altos cargos del Gobierno en distintos lugares.

Falsa normalización en Cataluña

El asunto empieza a recordar al aburrido argumentario, pero que ha calado entre la sociedad, de que el apaciguamiento de la situación social en Cataluña después de las graves tensiones del ‘procés’ se debe a la política de entendimiento y normalización de las relaciones entre el Estado central y esa autonomía puesta en marcha por Sánchez. En claro contraste, según estas tendenciosas consignas, a la política represora y dictatorial de Mariano Rajoy durante su última legislatura.

Nadie en su sano juicio puede creerse esto. Mucho menos con una Generalitat gobernada por independentistas y un Gobierno atado de pies y manos a los designios de Carles Puigdemont desde Waterloo por siete escaños. Y todavía más cuando todos esos nacionalistas, aparte de llevar al Ejecutivo de Sánchez por los peores cauces de desgobierno, repiten hasta la saciedad a todo el que quiera escucharlo que en cuanto puedan volverán a relanzar su anterior sublevación y esa terrible república catalana en la que no creen más que unos pocos.

Pero es que esas terminales mediáticas que no cejan de repetir esto se olvidan que quizás el cambio de verdad en Cataluña, con visos de normalización eso sí, se produjo realmente a partir del momento en que unos cuantos dirigentes que se habían saltado la legalidad democrática recibieron la visita en sus domicilios de los miembros de la Seguridad del Estado para que los acompañaran al juzgado o la comisaria y ser posteriormente procesados y juzgados.

Puede que no sea políticamente correcto decirlo así a las bravas, pero esa realidad fue la que provocó un cierto apaciguamiento, ya que todos los seres humanos somos muy sensibles además de a nuestras ideas, a nuestra libertad y a nuestro bolsillo. Que una cosa son las palabras y los hechos y otra ser juzgados y posteriormente condenados por ello, eso sí con todas las garantías democráticas.

Cesiones permanentes

Aunque es verdad que la pretendida normalización de Sánchez, en realidad una cesión permanente muy poco después de esto de lo que hablamos, fue reduciendo el impacto de la aplicación de la ley en todos esos condenados. Primero con unos tratamientos en prisión de auténticos reyes, luego con los indultos y más recientemente con la perspectiva de una amnistía que puede dejar sin castigo a miles de personas que participaron de una u otra forma en aquella asonada contra la Constitución española.

Pues bien, después de los resultados electorales de Galicia, estamos en las mismas. Empieza a repetirse con mucha potencia por tierra mar y aire el soniquete de que las cosas no han sido como son sino como algunos quieren que sean, aunque la verdad brille por su ausencia, con el claro objetivo de calar en la sociedad a toda costa.

La frase de que una mentira mil veces repetida termina convirtiéndose en verdad se le atribuye al ministro de Propaganda del III Reich, Joseph Goebbels, y no deja de ser una técnica más de comunicación que se puede utilizar si se dispone de los suficientes altavoces mediáticos para ponerla en marcha, como fue el caso del ministro de Hitler, que tuvo todos los medios de comunicación de Alemania a su alcance.

Las enseñanzas de Goebbels

Sin embargo, Goebbels fue mucho más lejos todavía para alcanzar los grandes éxitos que cosechó durante muchos años, entre ellos que millones de alemanes pensaran que iban a terminar ganando la guerra cuando la tenían más que perdida y estaban ya en las últimas.

Goebbels no se limitó a utilizar solo los medios de comunicación como los periódicos o la radio, también supo extender su influencia al resto de la sociedad civil alemana, como el mundo económico, científico, industrial, y sobre todo el de la cultura a través de la literatura, el cine y el teatro. Todo ello a través de consignas, lo que hoy se conoce como argumentarios, y por supuesto con el uso de la censura al máximo nivel posible.

Realmente, el ministro de Hitler supo poner todos los medios de expresión al servicio de una ideología y de un partido político y eso es lo que ahora algunos intentan repetir utilizando también todos los medios disponibles a su alcance, que no son solo la prensa, la televisión y las redes sociales, sino también la cultura y la economía en todas sus vertientes.

La oposición también embarra

No se trata de comparar la situación de España con la de la Alemania de aquellos tiempos, desde luego que no. Gracias a Dios vivimos en una democracia y aquí también existe una oposición que sabe defenderse, atacar y embarrar el terreno de juego con lo que haga falta cuando le conviene, sin ningún recato y también sabe copiar a Goebbels. La famosa “fachosfera” de Sánchez, que también conoce las mismas técnicas de argumentarios, memes y redes sociales, que el otro bloque, y las maneja como puede para combatir, desorganizar e intentar superar a su rival.

Se trata únicamente de alertar del mundo polarizado en el que vivimos ahora, un mundo de consignas cerradas y con muy poco margen para saltárselas. Que tantas veces nos impide pensar debido al exceso de información que nos ofrece, limitando otras interpretaciones de la realidad que seguramente serían más acertadas que las de los contendientes políticos.

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