El ac­tual es­ce­nario geo­po­lí­tico arroja una gran in­cer­ti­dumbre sobre el mer­cado

Las petroleras, tocadas en Bolsa por la decisión saudí de bajar el precio del crudo

Repsol, Cepsa y las grandes afrontan la des­con­fianza de los in­ver­sores en Bolsa

Imaz y Brufau, en la junta de Repsol 2022.
Imaz y Brufau, en la junta de Repsol.

Malas pre­vi­siones se ciernen sobre las pe­tro­leras para 2024 con los pre­cios ac­tuales del ba­rril de pe­tró­leo. El crudo Brent del Mar del Norte se sitúa en los 75,70 dó­la­res, un nivel muy ale­jado de la media de los 107,9 dó­la­re­s/­ba­rril que al­canzó en el primer se­mestre de 2022. Arabia Saudí ha sor­pren­dido al mer­cado des­pués de que la pe­tro­lera es­tatal Saudi Aramco haya re­du­cido los pre­cios a mí­nimos de 2021. La ac­ción de la es­pañola Repsol cerró este lunes a 13,56 euros con una caída de un 1,45% para volver a perder medio punto más el mar­tes.

Las grandes multinacionales analizan la decisión del mayor productor mundial del crudo pero existe cierto nerviosismo por los movimientos geopolíticos que existen a nivel internacional. Ninguna de las grandes petroleras ha presentado tampoco los resultados de 2023 ni anunciado previsiones para 2024 pero todo indica que habrá ajustes a la baja en las cuentas por el temor a una caída en picado del valor de sus activos petroleros.

De hecho, la angloholandesa Shell ha advertido ya de que baraja contabilizar en el cuarto trimestre del ejercicio pasado un impacto adverso de entre 2.285 y 4.110 millones de euros por el deterioro del valor de los activos, principalmente en relación con Singapore Chemicals & Products. “Los deterioros se deben principalmente a acontecimientos macroeconómicos y externos, así como a elecciones de cartera, incluidos los activos de Singapore Chemicals & Products”, ha expresado la petrolera.

Un ejercicio atípico con muchos altibajos

Al margen de la situación actual, el ejercicio 2023 ha sido bastante diferente al de 2022, muy atípico también por las circunstancias geopolíticas. En el caso de Repsol, contabilizó en 2022 un resultado neto de 4.251 millones de euros, frente a los 2.499 millones de 2021, lo que supuso un aumento de un 70%.

En cambio, en los nueves primeros meses de 2023, la petrolera española logró 2.785 millones de euros, un 14% menos que en igual periodo de 2022. Y es que, la cotización media del petróleo fue de 82,1 dólares, un 22% inferior, cuando la guerra entre Rusia y Ucrania se ha mantenido totalmente abierta.

Pese a que se espera un retroceso en los beneficios, la compañía ha mantenido sus inversiones al alza. Concretamente, hasta septiembre se elevaron a 4.362 millones de euros, un 82% más, destinadas especialmente a Estados Unidos y a España. La contribución fiscal ascendió a 10.890 millones de euros.

En cuanto a la política de dividendos, Repsol ha anunciado el pago de una retribución de 0,40 euros por título en enero de este año. El dividendo efectivo abonado en 2023 se situó en 0,70 euros por título, un 11% más que en 2022. No parece previsible que lo aumente este año. Todo lo contrario, aseguran los analistas menos optimistas.

La constante volatilidad de los precios

En el mercado petróleo no hay nada predecible ni real. Tan pronto puede dispararse el precio y los expertos vaticinar que se superará la barrera de los 100 dólares/barril como hundirse por múltiples razones. En el último trimestre pasado, los recortes de producción practicados por la OPEP+ impulsaron de nuevo al alza el crudo. Posteriormente, la incertidumbre sobre el crecimiento económico mundial tensionó más el mercado. A ello, se unió el nuevo escenario geopolítico que han creado Israel y Hamás.

Y ahora, ha aparecido una nueva amenaza, esta vez contra las propias petroleras. Arabia Saudí, el país que domina la OPEP, ha decidido que Aramco baje sus precios de forma unilateral y, en contra, no respetar las consignas establecidas por el cartel de los principales productores de mantener elevado el barril, de forma que favorezca su principal fuente de ingresos. También la OPEP ha decidido aumentar su producción, lo que limiataré más la capacidad de reacción del precio al alza.

El mero hecho de que Arabia Saudí haya tomado una medida de este tipo ha caído como un jarro de agua fría entre las multinacionales, pues el país árabe no suele actuar a la baja cuando los precios no están precisamente al alza, sino todo lo contrario.

El efecto dominó sobre el Brent y el WTI

El movimiento a la baja de Arabia Saudí ha sido ahora la principal razón por la que el Brent del Mar del Norte llegó a retroceder un 3,86% y situarse en los 75,70 dólares mientras que el West Texas Intermediate (WTI), de EEUU, bajó hasta los 70,45 dólares/barril, con un descenso de un 4,55%.

Según un comunicado de la petrolera Aramco, la compañía estatal saudí ha recortado dos dólares el precio oficial de venta del Arab Light cargado en febrero a Asia. La última fecha que se produjo un nivel tan bajo fue en noviembre de 2021.

Para otras regiones como el noroeste de Europa ha tomado esta misma decisión de recortar el precio de febrero otros dos dólares a 0,90 dólares por barril por encima del Brent ICE, mientras que a EEUU lo redujo igualmente, concretamente a 5,12 dólares frente al ASCI. Paralelamente, algunos países de la OPEP, como Irak, Nigeria y Angola han intentado compensar los recortes de Arabia Saudí y otros miembros de OPEP+.

Precisamente, las fuertes disensiones que existen en la OPEP por los recortes de producción que unos aplican han provocado que Angola haya tomado recientemente la decisión de abandonar el cartel petrolero. Angola es uno de los países que menos crudo aporta, por lo que no provoca graves problemas si cumple o no los recortes exigidos. Además, Brasil ha anunciado que está dispuesto a entrar a formar parte de la Organización.

Por otro lado, las tensiones geopolíticas creadas en el Mar Rojo y Oriente Medio por la guerra de Israel contra Hamás, donde se están produciendo diversos ataques por parte de los rebeldes hutíes a barcos, está obligando a petroleros a desviar su trayecto por el Cabo de Buena Esperanza. Esta inseguridad está sirviendo para mantener, en cierta medida, elevado el crudo. De no ser así, probablemente, el barril se habría hundido más.

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