Reflexiona sobre los planes de ex­pan­sión de su fi­lial Avangrid tras re­nun­ciar a la fu­sión con PNM

El caso Villarejo pasa factura a Iberdrola en su fallida expansión en Estados Unidos

Los mer­cados ce­le­bran con subidas que la eléc­trica no au­mente su ya ele­vada deuda

Ignacio Sánchez Galán, pte. de Iberdrola.
Ignacio Sánchez Galán, pte. de Iberdrola.

Iberdrola, fi­nal­mente, ha re­nun­ciado a con­ver­tirse en una de las diez ma­yores eléc­tricas de Estados Unidos me­diante la ab­sor­ción de PNM Resources a través de su fi­lial Avangrid. El grupo que pre­side Ignacio Galán se ha aco­gido a una cláu­sula sus­pen­siva del acuerdo con la eléc­trica de Nuevo México para aban­donar el pro­yecto: el hecho de que, a 31 de di­ciembre pa­sado, la ope­ra­ción no con­taba con todas las au­to­ri­za­ciones ad­mi­nis­tra­tivas ofi­cia­les.

Ni aparentemente con el respaldo explícito de sus financiadores y fondos accionistas, que recuerdan que el caso Villarejo no está del todo cerrado.

Las dudas sobre el intempestivo final de la compra de PNM Resources son proporcionales al mutismo oficial de la empresa. No en vano, el acuerdo de fusión entre la eléctrica estadounidense y la filial de Iberdrola en ese país (Avangrid), data de octubre de 2020.

Como suele ser habitual en este tipo de operaciones, el acuerdo estaba supeditado a la obtención de los perceptivos permisos oficiales a 312 de diciembre de 2023… pero no ha sido tan sencillo. Un año después del acuerdo, a finales de 2021, el regulador de Nuevo México se opuso a la operación al considerar que Iberdrola: “No es el socio adecuado en este momento crítico de nuestra transición energética”. En aquellas fechas, el propio Galán y la compañía comparecían ante la Audiencia Nacional por el llamado caso Villarejo.

La decisión fue recurrida por la empresa española después de que la Audiencia Nacional archivara la causa contra Ignacio Galán en el llamado caso Villarejo al considerar que los hechos investigados (se le imputaban delitos de cohecho activo, contra la intimidad, espionaje a la competencia y falsedad en documento mercantil) habían prescrito. La causa continuaba, sin embargo, contra un directivo de una filial, que fue el que firmó el contrato con el ex comisario Villarejo. El caso, en consecuencia, continúa activo. Y las autoridades de Nuevo México tomaron nota.

Tribunales de Nuevo México

Hasta el momento no hay noticias de cuándo pueden pronunciarse los tribunales del mencionado estado norteamericano. Y, aunque, oficialmente, “no hay un calendario claro sobre la resolución judicial del regulador de Nuevo México, ni sobre ninguna acción reguladora posterior”, según destacan desde la eléctrica, parece que el pesimismo se ha extendido en la compañía española. En otras palabras, según dice una fuente de la empresa, "parecen que no nos quieren allí". Y no les falta razón.

Especialmente si se tiene en cuenta la reacción de PNM Resources que, pese a ofrecer a la empresa española una nueva prórroga del acuerdo (rechazada por Iberdrola), ha reconocido estar "muy decepcionada con la decisión de Avangrid de rescindir el acuerdo de fusión”, según reconoció su presidenta y CEO, Pat Vincent-Collawn.

La cuestión es si la decisión de Iberdrola tiene por objeto buscar el crecimiento en EEUU por otras vías o si se trata de adelantarse a un nuevo rechazo judicial a la operación; lo que hubiese supuesto ampliar el daño reputacional para la marca en uno de sus mercados prioritarios. Daño además fácilmente de evaluar ante la obligación legal que tiene Iberdrola y su filial de mantener informado de todo a la SEC (Securities and Exchage Comission), incluyendo sus lentos aconteceres judiciales en España.

A vueltas con la deuda

Sea por uno u otro motivo, lo que en un principio parecía un traspiés de la compañía que preside Ignacio Galán en su crecimiento internacional ha sido, sin embargo, muy aplaudida por los mercados. Mientras los analistas consideraban que el rechazo político a la fusión ha supuesto, de hecho, hacerle un ‘favor’ a la energética española ya que, al menos, mantendrá estable su ya abultado endeudamiento.

La absorción de PNM por Avangrid hubiera llevado a Iberdrola a asumir una operación de más de 7.520 millones de euros. Un cifra importante que toma más peso si se considera que la deuda de la compañía alcanzaba los 47.951 millones al cierre del tercer trimestre de 2023, la mayor entre las empresas del Ibex-35.

Tanto es así que la Bolsa española ha colocado el valor en cotas desconocidas desde 2020. La capitalización de la eléctrica, situada por encima de los 76.393 millones de euros, es la más alta desde 2020.

Iberdrola es el mayor productor eólico del mundo y líder en energías renovables a nivel global. Corporativamente, es la primera eléctrica del Reino Unido, una de las mayores de España y se coloca como actor destacado en mercados como Alemania, Portugal, Francia, Italia y Grecia dentro de Europa. Y en Estados Unidos, Brasil y México (pese a su forzosa venta de los activos de generación al gobierno de Andrés Manuel López Obrador) en América, con Australia como plataforma de desarrollo para Asia y Oceanía.

Liderazgo costoso

Ese liderazgo no es barato, ni por el esfuerzo inversor que requiere. Ni, muy especialmente, por el financiero que supone ese endeudamiento.

Según su plan estratégico 2023-2025, las inversiones totales alcanzarán los 47.000 millones de euros. Aunque esa cifra deberá revisarse ante el nuevo cambio de ‘marco’ en sus previsiones, ya que abandonar el proyecto de Nuevo México ‘libera’ cerca de 10.000 millones para invertir en otros lares. De momento, la compañía española cuenta con una alianza con Abu Dhabi para invertir 15.000 millones en energías renovables.

Por el lado de la deuda, la compañía española ha tenido un año realmente laborioso, con 13 operaciones financieras de refinanciación de la deuda y de apoyo a su tesorería, que incluyen la novación de créditos, la firma de nuevas líneas de crédito con entidades como el Banco Europeo de Inversiones (BEI) o la emisión de bonos verdes.

La última de ellas, cerrada a finales de octubre pasado, alcanzó un valor de 5.300 millones de euros (el 11,05% del total de su apalancamiento negociado de una ‘tacada’) ha buscado referencia su exigible a tipo fijo en un escenario de subida de tipos.

La operación ha supuesto para Iberdrola cerrar el mayor préstamo múltiple de su historia; lo que debe permitirle cerrar el año con un apalancamiento similar al de 2022 (42.000 millones). Aunque los datos del tercer trimestre, los últimos publicados, contabilizan una deuda neta global superior a los 47.951 millones. Una cifra que sitúa a Iberdrola como la empresa con mayor deuda del Ibex-35, con casi el doble que la de Telefónica.

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