OPINIÓN

La ministra Ribera y una ideología cocinada a su gusto

La vi­ce­pre­si­denta ter­cera pone en su par­ti­cular punto de mira a Josu Jon Imaz y al juez García-Castellón

Teresa Ribera, vicepresidenta tercera de Gobierno-
Teresa Ribera, vicepresidenta tercera de Gobierno-

Los dis­tintos eje­cu­tivos de Pedro Sánchez llevan años cen­trán­dose en go­bernar a base de ideo­logía en vena, dadas las di­fi­cul­tades que en­cuen­tran en re­cabar los apoyos de otros gru­pos, in­cluso de sus pro­pios so­cios, para poner en marcha po­lí­ticas de con­senso a largo plazo, que son las que ver­da­de­ra­mente ne­ce­si­taría España. Y será que el uso de tanta ideo­logía ha ter­mi­nado por pa­sarles fac­tura y ya no to­leran ni per­miten que haya otras ideas que no sean las su­yas.

Tenemos en la última semana un ejemplo de ideología mal o pésimamente entendida por parte de la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que además ya apuntaba maneras desde hace mucho tiempo. Vayamos al caso.

Energía con enfoque ideológico

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, después de pelotear a Pedro Sánchez a conciencia en Davos con el resto del Ibex 35, dijo públicamente en el mismo foro que se debería repensar la política energética para tener éxito en la descarbonización, ya que pueden ser muy negativas las consecuencias que tiene un “enfoque ideológico” de la transición energética, en clara referencia a las políticas del Gobierno y de la titular del ramo.

Ribera no tardó ni un minuto en salir en tromba: “Yo por el señor Imaz tenía un gran respeto y me ha decepcionado”. La ministra también dijo que era un “mensaje populista” y denunció que el directivo “estaba interesado en generar una reacción en contra de las políticas de lucha contra el cambio climático”.

A este respecto, aseguró: “Si hay algo que está claro es la incidencia de los hidrocarburos y de la quema de combustibles fósiles en la seguridad climática, en la calidad de nuestra vida y en los fenómenos meteorológicos extremos que provocan la pérdida de miles de vidas y miles de millones de euros al año en todo el mundo. Y esto él sabe muy bien que es así”.

Por si el rapapolvo fuera cortito, concluyó la ministra: “El debate no es si las medidas de cambio climático son o no ideológicas, sino cómo se aborda de forma ordenada esa transformación de nuestro sistema energético. Y sobre eso se niega a hablar, defiende una especie de neutralidad tecnológica como si cupieran las tecnologías que siguieran emitiendo gases de efecto invernadero sobre la base de quema de combustibles fósiles”.

Ni hablar de energía nuclear

Ahí queda eso. Sin embargo, estos últimos días se ha sabido que la ministra sigue negándose a reunirse con los representantes del Foro Nuclear que agrupa a las empresas que explotan reactores nucleares en España.

Lo han contado ellos mismos, que creen que el Ejecutivo se debe replantear cuanto antes el cierre de reactores acordado en 2019, porque el contexto actual es muy diferente al de aquellos años por la guerra en Ucrania, por lo que muchos países europeos han dado un golpe de timón para aumentar la independencia energética, para asegurarse el suministro y abaratar el coste, según ha explicado el presidente del Foro, Ignacio Araluce.

De hecho, la crisis energética derivada del citado conflicto bélico ha provocado que la Comisión Europea decidiese el pasado mes de julio calificar a la energía nuclear como verde y considerarla útil para una transición hacia las energías limpias, al tratarse de una fuente libre de emisiones de CO₂.

Tras esto, la mayor parte de países europeos, menos España y Alemania hasta ahora, han apostado por continuar con la nuclear que tenían o incluso apostar por la construcción de nuevos reactores.

En estos momentos, la mayor parte de los expertos energéticos piensan que la energía nuclear es el mejor complemento de las renovables en la lucha contra el cambio climático. Hasta la Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que sin la nuclear es imposible descarbonizar.

Pero por lo que vemos a Ribera todo esto la trae bastante al pairo. No es que se reúna o no con ellos, es que encima les sube de forma salvaje las tasas para financiar a la empresa pública de residuos radioactivos, Enresa, antes de poner en marcha sus disparatados planes al respecto.

Siete almacenes en vez de uno

El séptimo Plan General de Residuos Nucleares que ha elaborado el Ministerio de Transición Ecológica suprimió el pasado mes de diciembre la construcción de un único Almacén Temporal Centralizado (ATC) para guardar los residuos llamados de alta radioactividad que generan las centrales nucleares y que estaba previsto construir en la localidad conquense de Villar de Cañas.

Sin embargo, por lo que se ve muy preocupados por nuestra seguridad, el Gobierno no prevé la creación de un almacén de estas características hasta el año 2073 y mientras tanto, durante los próximos 50 años, cada una de las centrales nucleares, Almaraz, Ascó, Cofrentes, Santa María de Garoña, José Cabrera, Trillo y Vandellós II, guardarán su propio combustible gastado en sus respectivos almacenes, que por cierto están ya a reventar en estos momentos. Siete almacenes repartidos por toda la geografía española en lugar de uno a gran profundidad. Viva la seguridad bien entendida en consenso directo con los ecologistas que viven del ecologismo, no con el resto.

Para terminar con la interpretación de lo que es la ideología para la vicepresidenta tercera, decir que al día siguiente de poner a parir al consejero delegado de Repsol se lanzó contra el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón, en este caso por pronunciarse en “momentos políticos sensibles”, en la tesis terrorista de la causa sobre Tsunami Democràtic, en la que investiga al fugado Carles Puigdemont.

También contra García-Castellón

Ribera dijo en ‘TVE’ que “este juez nos tiene acostumbrados a que siempre se inclina en esta misma dirección, y suele salir a colación en momentos políticos sensibles”. La polémica de sus palabras ha sido criticada por la oposición y numerosas instancias judiciales, incluso desde su propio partido, aunque el asunto ha seguido de máxima actualidad los últimos días.

Primero, desdiciéndose de sus palabras el Gobierno, como nos tiene acostumbrados, y luego aceptando las presiones de Junts para sacar el terrorismo de la amnistía. Y poco después, García-Castellón, ¿a ver si va a tener razón la ministra?, haciendo un nuevo movimiento en un auto sobre la causa de Tsunami Democràtic que podría dejar fuera del paraguas de la ley de amnistía que se tramita en el Congreso a Puigdemont, a Marta Rovira y a otras diez personas más investigadas por terrorismo en dicha pieza judicial.

El magistrado, que confirma la personación de dos agentes de policía que sufrieron heridas de gravedad en los incidentes organizados por Tsunami, dice que “no puede minimizarse esta acción ni el resultado grave que ocasionó, incompatible con el derecho a la vida e integridad física reconocidos en el art. 15 de la CE (Constitución española), y el art. 2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, y del que podrían ser partícipes los investigados”.

Se trata de una referencia que casualmente casa como un guante en su mano con el artículo 2 del Convenio Europeo para la Protección de Derechos Humanos, a la que alude la enmienda pactada entre el Gobierno y Junts para saltarse la anterior intervención del magistrado para excluir a Puigdemont de la ley de amnistía. Veremos qué pasa.

Articulistas afines a Ferraz han sacado ya el argumentario monclovita y empiezan a llamar a este juez “el diputado 138 del PP”, obviando que García-Castellón, que también investiga las supuestas presiones al extesorero del PP, Luis Bárcenas y a su exabogado Javier Gómez de Liaño, acaba de imputar en esta causa al que fuera número dos de Interior con el PP, Francisco Martínez, y al que fuera director adjunto operativo de la Policía Nacional Eugenio Pino, ambos ya procesados previamente por el mismo juez por su presunta participación en la ‘Operación Kitchen’.

Marco colonial de los museos

En fin, para ir terminando y ya que estábamos hablando de la ideología y la política, tenemos otro recientísimo ejemplo que acaba de poner los pelos de punta a media España, y que no es otro que el anuncio del nuevo ministro de Cultura y miembro de Sumar, Ernest Urtasun, de realizar un proceso de revisión de las colecciones de los museos estatales para “superar un marco colonial anclado en inercias de género o etnocéntricas”.

Ahí es nada. Se supone, según el ministro, que será para “visibilizar y reconocer la perspectiva de las comunidades y la memoria de los pueblos de los que proceden los bienes expuestos”.

Ahora que parecía que por fin estábamos empezando a reinterpretar con orgullo nuestro pasado huyendo de la leyenda negra inventada por británicos y holandeses, pues damos un paso atrás y empezamos a hacer caso al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que envió al Rey de España una misiva en la que reclamaba la necesidad de “reconocer y pedir perdón” por los abusos cometidos por los españoles en la conquista. Un presidente de México, por cierto, con un abuelo de Ampuero (Cantabria) y una abuela asturiana.

Una canción de Moris

En fin, para terminar de una forma contraria a lo políticamente correcto, y poner de manifiesto que necesito un curso de reeducación inmediatamente, no se me ocurre nada más gráfico que transcribir algunos de los versos de una canción de un roquero argentino que triunfó en España hace mucho que se hacía llamar Moris.

Unos versos que de una forma magistral daban en el clavo sobre como nos sentíamos en aquellos momentos muchas personas de mi generación.

La canción se titulaba ‘Es un loco mundo’ y estos son algunos de los versos: “Estás en el mundo Y es un loco mundo Tú vas en el metro Y lees la noticia Cuatros asesinatos, bombas de neutrones Un tío que roba 40 millones Mucha ideología Pero pocas tías Mil explicaciones y pocas razones”.

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