JDD (Le Journal du Dimanche) es la úl­tima caza del prin­cipal ac­cio­nista de Vivendi

El accionista 'tapado' de Prisa afronta una sanción de hasta 900 millones de la UE

Vicent Bolloré ha­bría con­tro­lado el grupo Lagardère antes del “OK” de Bruselas

La familia Bolloré, Vivendi.
La familia Bolloré, Vivendi.

Aviso a na­ve­gan­tes, en este caso Prisa y su ac­cio­nista con más ca­pital nom­nal, Joseph Oughourlian. Cuando el em­pre­sario francés Vicent Bolloré -principal ac­cio­nista de Vivendi y mi­no­ri­tario en Prisa-, de­cide apostar en un medio de co­mu­ni­ca­ción, aunque sea bajo el pre­texto de prestar ser­vicio a un más que amigo, como es el caso del ac­tual pre­si­dente del grupo fun­dado por la fa­milia Polanco, nunca lo hace gra­tis, sino con una fé­rrea vo­luntad de tomar las riendas para sacar el má­ximo pro­ve­cho; o sea sin re­parar en me­dios y menos aún en pre­suntas amis­ta­des.

Buena prueba de ello es el éxito rotundo de su más reciente asalto al emblemático medio francés JDD (Le Journal du Dimanche). Sin dar la cara directamente, resistió a una huelga histórica de 40 días, votada por el 98% de la redacción, convocada en contra la llegada de un nuevo director, Geoffroy Lejeune, que dirigió la revista Valeurs Actuelles, conectada con la extrema derecha mas sectaria y radical de Francia.

Quien tuvo que dar la cara frente a la redacción del JDD fue Arnaud Lagardère, que es aún el “patrón” oficial del imperio mediático que lleva el nombre de la familia, pero que, con el “OK” de Bruselas, podrá pasar pronto a manos de Vivendi, que hace un par de meses, y tras una “OPA amistosa, incrementó su participación, del 45% al 57,3%, aunque con sólo el 37,32% de derechos de voto.

¿Dónde está el problema? Fue siguiendo ostensiblemente instrucciones del patrón Bolloré, que Lagardère decidió in extremis cambiar el director y la línea editorial del JDD, o sea con Vivendi actuando ya como dueño y señor, pero sin tener entonces la aprobación final y preceptiva de la Comisión Europea.

Bruselas, vigilante

La reacción de Bruselas no se hizo esperar y abrió una investigación por parte de los servicios de Competencia, al tener fundadas sospechas de “Gun Jumping”. Vivendi habría actuado como dueño de una empresa sin serlo todavía y, además, tomando decisiones tan drásticas como cambiar el director y la línea editorial de una publicación como JDD, fundada en 1948 por Pierre Lazareff.

En tal caso, las multas suelen ser duras. Tratándose del poder económico del grupo Vivendi, podrán alcanzar casi los 1.000 millones de euros Sería el equivalente a un 10% del volumen de negocios anual de grupo, que en el último ejercicio alcanzó los 9.595 millones de euros.

El ultimo caso de “Gun Jumping” sancionado por la Comisión Europea fue anunciado el pasado 12 de julio:. Se trató de una multa récord de 432 millones de euros, impouesta a la empresa norteamericana de biotecnología Illumina, líder mundial de secuenciación genética, por haber asumido el control de la “startup" Grail (especializada en la detección de cánceres) sin haber todavía recibido la autorización de Bruselas. Entre 1998 y 2019, hubo por lo menos una decena de otros casos de “Gun Jumping” sancionados por Bruselas. Altice fue el que más sufrió: 124 millones de euros, por la toma no autorizada de Portugal Telecom, la que tiene ahora varios ex altos cargos en prisión preventiva acusados de corrupción.

Limpieza ideológica

En todo o caso, la operación de limpieza ideológica iniciada en el JDD, es lo que Vicent Bolloré lleva haciendo desde hace años, y sin provocar grandes escándalos, en los medios controlados por Vivendi. Empezando por la joya de la corona, el grupo Canal Plus, que tras su adquisición en 2015, cambió su línea editorial y con ella la mitad de sus emisiones en directo y los respectivos equipos de investigación. Y sin olvidar las simpáticas marionetas satíricas “Los Guiñoles de la información”. Cambios dolorosos, sin marcha atrás, y que provocaron una ola de dimisiones.

Lo mismo pasaría con i-Tele, que tras una huelga histórica de más de un mes, fue convertida en CNews, dirigida ostensiblemente a la parte más conservadora de la población francesa: funcionando literalmente coma una versión gala de la norteaamericana Fox News, y que sirvió de rampa de lanzamiento del polémico Eric Zemmour, que fracasó en las últimas presidenciales.

Hasta podría pensarse que lo que lleva haciendo Bolloré en el sector mediático tiene un objetivo concreto: facilitar la tarea presidencial y hasta la carrera política de Emmanuel Macrón.

Bolloré, muy a la derecha

De ahí, probablemente, todo el apoyo de CNews a Eric Zemmour, el tertukiano de extrema derecha, que estaba condenado ostensiblemente al fracaso, pero teniendo el apoyo de Marion Marechal, nieta del fallecido líder de la extrema derecha gala Jean-Marie Le Pen, provocó la división del voto extremista, penalizando la candidatura de Marine Le Pen (hija del fundador del Front Nacional y facilitando, por lo tanto, la reelección de Macron.

Cabe recordar, al respecto, que Vicente Bolloré es uña y carne con el expresidente de la República Nicolas Sarkozy, que tuvo una participación clave en la reestructuración del Grupo Vivendi, donde podría asumir la presidencia, para cuando esté finalizada la operación de compra de Lagardère. Ocurre, igualmente, que pese a las habituales divergencias políticas, tratándose de las grandes cuestiones nacionales, Macron no esconde lo mucho que aprecia las consejos de Sarkozy.

Planeta, vendedora

En todo o caso, para que pueda hacerse oficialmente con el control de Lagardère, Vivendi tendrá antes que deshacerse de la editorial Editis, que adquirió en 2018 a Planeta por 900 millones de euros, y que pasará a manos del multimillonario checo Daniel Kretinski (es accionista indirecto de Le Monde y hace poco prestó 14 millones de euros a Liberation), por sólo 600 millones de euros. Lo mismo pasará con la revista Gala, que siendo una competidora directa de Paris Match, será vendida al Grupo Le Fígaro, de la familia Dassault, igualmente a un precio de oferta, situado en torno a los 600 millones de euros.

No es la primera vez que Vivendi utiliza Editis como herramienta para financiar su expansión. Ya lo hizo en 2003, cuando lo vendió por 1.250 millones de euros a Hachette, para que un año después pasara a manos de la familia Wendell, pero a mitad precio, por unos 660 millones de euros. Cuatro años más tarde, en 2008, llegó el turno a Planeta, que no hizo un buen negocio, ya que pagó 1.026 millones, y pasado una década, Vivendi volvió a entrar en acción, pagando los ya mencionados 900 millones de euros, con que para poder hacerse con Lagardère, no tendrá más remedio que registrar una minusvalía considerable de 300 millones.

De lo que no cabe duda, en todo o caso, es que con la adquisición del Grupo Lagardère, Bolloré tendrá el horizonte más despejado para dar libre curso a su intervencionismo en el sector de la prensa. Ya lo hizo también con otro medio tan emblemático como Paris Match, con el despido del redactor jefe y económico Bruno Jeudy. Y hace poco, tras una intervención del cardenal Robert Sarah -que compara homosexualidad, aborto y terrorismo islámico-, la redacción firmó una moción de censura, y hasta 25 periodistas llegaron a invocar la “cláusula de conciencia" para abandonar el semanario con las habituales compensaciones financieras.

Multa millonaria

En todo o caso, y aunque tenga que pagar eventualmente una multa millonaria de Bruselas, lo más probable es que Vicent Bolloré cumplirá su sueño de hacerse con el imperio Lagardère, que tiene como principal tesoro a la editorial Hachette, líder absoluto en Francia por ventas en todos los segmentos del mercado y número tres mundial.

Cabe subrayar, al respecto, que lo que hizo Vicente Bolloré ya jubilado, pero con los hijos oficialmente al mando, fue consolidar su imagen de “rey del cash flow”: para concentrar la actividad del grupo en la prensa y en la edición (número tres mundial y número uno en Francia) vendió las operaciones logísticas en África.

Concretamente, sacando máximo provecho de las repercusiones inflacionistas provocadas en el sector por la pandemia mundial del coronavirus, Bolloré Logístics ingresó por la venta de su imperio africano 10.400 millones de euros: 5.700 millones por parte del armador hispano-suizo MSL y otros 4.700 millones del líder mundial del transporte marítimo de mercancías CMA-CGM.

Y si no fuera por Bruselas hubiera podido sacar otro buen puñado de millones, con el proyecto que Vivendi tenía inicialmente para Editis, tras la compra de Lagardère. Una operación simultánea de distribución a los accionistas y cotización de las acciones – ya lo había hecho con Universal Music Grup- que alcanzó el primer día de cotización los 52.600 millones de dólares.

Gestión descuidada en Italia

En términos de gestión de los negocios, el único reproche que podría hacerse a Bolloré son los malos resultados de sus iniciativas en Italia. Por un lado, la alianza con Silvio Berlusconi, que tuvo repercusiones negativas en la operación española y europea de Mediaset, y que solo quedó medio arreglada, tras una larga y dura pelea en los tribunales. Y por otro lado, el haber caído en la trampa de un intercambio de posiciones con Telefónica, que a cambio de su participación minoritaria en Telecom Italia se hizo con la operación de Vivendi en Brasil, GVT, el embrión de Vivo, que es ahora la mayor operación del grupo español en el exterior.

Lo cierto es que dicho intercambio no fue nada positivo para Vivendi aunque mucho para Telefónica. Hasta el punto de haber registrado el último año un insólito resultado negativo de 1.000 millones de euros, atribuido exclusivamente a la caída en picado de la acción de la operadora italiana, donde sigue como principal accionista, con un 23,75% del capital. Así, tras la dimisión de Arnaud Puyfontaine, Vivendi quedó sin representación en el consejo de la operadora italiana, en un momento clave de negociaciones exclusivas con KKR, por la venta de la red fija nacional.

Un momento amargo para Vicente Bolloré, que lleva tiempo rechazando las ofertas recibidas para la compra de la operación fija de la operadora histórica italiana. De hecho, el fondo KKR ofrece unos 22.500 millones de euros, pero aunque supera de largo la oferta rival conjunta de caja pública italiana CDP y de la australiana Macquarie, queda muy alejada del “precio mínimo” de 30.000 millones reclamado por Vivendi. Dicha oferta, que tendría el apoyo del gobierno italiano (la participación estatal a través la CDP no alcanza el 10%), tampoco cubriría la deuda de la operadora, que según los expertos financieros ya superaría los 30.000 millones.

O sea, que queda lejos la época en que Telecom Italia tenía un valor de mercado cercano a los 100.000 millones de euros. Hace unos 25 años, cuando tomó la iniciativa de hablar con Stev Jobs, con vista a la eventual adquisición de Apple, que hoy vale en Bolsa unos 500.000 millones más que la operadora italiana, el éxito no fue redondeado. Por lo tanto, es fácil entender la enorme frustración de Vicente Bolloré, porque a todas luces, la fuerte apuesta realizada en Telecom Italia, sobre todo después del intercambio realizado con Telefónica en Brasil, no quedará bien en su perfil de vencedor.

Del mismo modo, y hasta mucho más, que la posibilidad de ver las autoridades europeas de la competencia poner nuevas trabas a la adquisición del Grupo Lagardère, una operación que Vicent Bolloré ya consideraba cerrada, hasta al punto de utilizar los nuevos medios de comunicación “adquiridos”, como herramientas a favor de sus convicciones ideológicas y religiosas ultra conservadoras.
Pero lo que no ofrece duda, es que pese a su estatuto de jubilado, con 71 años, sigue – y seguirá - dando mucha guerra.

En España, habrá otra historia

Quizás también en España, donde entró como caballo de Troya en Prisa, al servicio de las ambiciones coyunturales de su socio y supuesto testaferro Joseph Oughourlian, pero sin garantías de continuidad. Esperando, quizás, una mejor coyuntura política para volver a plantearse la posibilidad de tener una participación más activa en un país como España, paso ideal para explorar posibilidades de expansión del negocio editorial en el mundo hispano.

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