Monitor de Latinoamérica

La in­ha­bi­li­ta­ción elec­toral de Bolsonaro ocho años po­dría crear más ten­siones

Seis meses como presidente de Brasil y Lula da Silva no consigue encauzar la economía

Las em­presas es­pañolas con­fían en Brasil, pero in­quieta la po­la­ri­za­ción po­lí­tica

Ignacio Galán y Lula Da Silva
Ignacio Galán y Lula Da Silva

El pre­si­dente de Brasil, Lula da Silva, cumple medio año en el poder con un ba­lance eco­nó­mico de cla­ros­curos aunque con una me­jora sen­sible en la pro­yec­ción in­ter­na­cional del país, que este miér­coles asumió la pre­si­dencia ro­ta­toria de Mercosur en un mo­mento clave para la re­la­ción Latam-Europa, ante la pro­xi­midad de una cumbre UE-CELAC que se an­toja de­ci­siva para el fu­turo de la eco­nomía bra­si­leña y la in­ver­sión fo­rá­nea, es­pe­cial­mente la es­pañola.

En el plano inversor, las empresas españolas logran nuevos contratos y mantienen una confianza en Brasil no exenta de inquietud por la polarización del país y el débil crecimiento.

Una llegada de inversión extranjera que no carbura lo esperado; una inflación que baja pero no lo suficiente; una alta deuda pública y un crecimiento que no acaba de repuntar ensombrecen el panorama de los primeros seis meses de ‘Presidencia Lula’. La deuda pública subió al 73,6% del PIB en mayo, impulsada por la carga de los intereses, mientras que el sector público registró un déficit primario superior al esperado, según el banco central. Y ello cuando se prevé que el gasto aumente este año tras aprobar el Congreso la ampliación de beneficios sociales propugnada por el presidente.

Sobre el panorama, además, pesa ahora el temor a la inestabilidad que pueda derivarse, en un país ya muy polarizado, de la inhabilitación ocho años del ex presidente derechista Bolsonaro. Días atrás, el Tribunal Superior Electoral consideró inelegible hasta 2030 a Bolsonaro por abuso de poder y uso indebido de los medios de comunicación, lo que le impedirá presentarse a las próximas elecciones. Muestra de esa división, un reciente sondeo señalaba que el 52% de los brasileños cree que Brasil corre riesgo de convertirse en régimen comunista. De los que opinan así, el 73% votó a Jair Bolsonaro en octubre.

Dudas sobre el rumbo económico

Este temor a una mayor división política y social se suma a las inquietudes que aún persisten entre las empresas españolas sobre el rumbo económico de Lula. Telefónica y Santander ya mostraron meses atrás su inquietud sobre los riesgos para la economía y la inversión de la inestabilidad derivada de una polarización política que puede socavar el marco institucional y eventualmente entrañar riesgos para la democracia. Y pese a que ambas compañías, como Iberdrola, Repsol y otras, han dejado clara su apuesta por el país, hay cautela, notablemente por la gran importancia del mercado brasileño para España.

Las compañías españolas, a las que Lula invitó durante su visita en abril a Madrid a participar en su plan de infraestructuras, son las segundas inversoras extranjeras en el país, con un stock de 48.000 millones de euros que genera 175.000 empleos directos, Brasil es el cuarto destino global de la inversión española y el primero en Sudamérica y la marcha de su economía es muy relevante para España, presente en todos los sectores, sobre todo en telecos, finanzas, infraestructura, industria, energía y turismo. En la última década España ha invertido en Brasil una media de 4.000 millones y sus inversiones son cuatro veces superiores a las chinas. Es un mercado estratégico, donde operan casi un millar de compañías, entre ellas gran parte de las del Ibex.

Licitación en energía

El mercado brasileño es destino muy importante en facturación e ingresos para Santander, Iberdrola, Naturgy, Telefónica y Mapfre. Y clave para Repsol, Acciona, Ferrovial, Dia, ACS, Aena, Sacyr, Redeia y Globalia. Según el ‘XV Informe Inversión Española en Iberoamérica’, Brasil será uno de los cuatro países donde las firmas elevarán más su inversión este 2023. Días atrás, las españolas Cymi y Celeo Redes se adjudicaron lotes para la construir y operar líneas de transmisión, en la mayor subasta realizada en Brasil en este sector, con una inversión de 3.000 millones de euros. En total, se subastaron nueve lotes para 6.184 kilómetros de líneas de transmisión, con contratos de 30 años. Ha sido la primera de las tres licitaciones previstas hasta 2024.

Desde su asunción como presidente, Lula ha superado una asonada golpista de simpatizantes ‘bolsonaristas’; recuperado programas sociales; lanzado iniciativas sobre igualdad y medio ambiente; desarrollado una amplia agenda internacional y devuelto la estabilidad institucional, pese a las tensiones con el Congreso. Pese al gran reto que supone para Lula la dificultad de aprobar proyectos con un Legislativo dominado por partidos de centro, logró también ver aprobada la ley del Marco Fiscal para garantizar el ajuste, lo que ha dado tranquilidad al mercado, temeroso por el alza del gasto público y el freno a las privatizaciones de Bolsonaro. El FMI ha apoyado las iniciativas anunciadas por Lula para ajustar las cuentas públicas y garantizar la estabilidad fiscal.

El presidente mantiene una pugna con el banco central, comandado por Campos, quien dentro de su lucha contra la inflación ha mantenido los tipos en siete ocasiones en el 13,75%, algo que Lula ha criticado por entender que daña el crecimiento y “juega contra la economía”, además de tildar de rígidas las metas de inflación. Aunque el banco admite que la tasa ha bajado y acabará el año en el 5%, no descarta un alza en la segunda mitad del año. Y en su prudencia tiene el respaldo del FMI, para el que si bien la inflación disminuyó desde el pico de 2022, sigue alta y se prevé que vuelva a subir. La inflación bajó del 12,13% de abril de 2022 al 4,18% este año. La meta es del 3%.

La economía brasileña, que avanzó el 2,9% en 2022 tras el 5% de 2021, se desacelerará en 2023 al 1,2%, aunque comenzará a reaccionar en 2024 con un avance del 1,4%, según el FMI, que ha revisado al alza sus proyecciones desde el 0,9%. El PIB cayó el 3,3% en 2020 por el Covid. Por su parte, el banco central de Brasil prevé ahora un avance del 2% en 2023, ocho décimas más. El PIB de Brasil, que se ha visto lastrado por la fuerte subida de los intereses para frenar la inflación, creció el 1,9% en el primer trimestre, superando las expectativas.

Los últimos datos de IED tampoco son excesivamente brillantes. La inversión exterior subió en mayo el 35,3% respecto al mismo mes de 2022 pero acumula una caída del 21% en 2023 sobre los cinco primeros meses del año pasado. Según el banco central, Brasil recibió entre enero y mayo 27.156 millones de euros, por debajo de los 34.676 millones de los cinco primeros meses de 2022. El valor acumulado está dentro de las expectativas del Gobierno, que prevé que la IED baje de 83.884 millones en 2022 (4,77% del PIB) a 68.756 millones en 2023. Según la OCDE Brasil fue el tercer mayor destino de la IED en 2022, tras EEUU y China y es el mayor destino de la inversión directa de la UE.

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