Monitor de Innovación

La prio­ridad es que su dis­po­ni­bi­lidad no de­penda de la co­ne­xión a Internet

Bruselas diseña el chasis normativo del euro digital

La ver­sión elec­tró­nica de la mo­neda común com­ple­men­tará, no sus­ti­tuirá, al di­nero en efec­tivo

Debt: euro digital.
Debt: euro digital.

La Comisión Europea (CE) ya tiene lista su pro­puesta para dotar al euro di­gital de una es­pina dorsal le­gis­la­tiva. El Ejecutivo co­mu­ni­ta­rio, de la mano del Banco Central Europeo (BCE), ha di­señado la ar­qui­tec­tura legal del pro­yecto en torno a dos prio­ri­da­des: dotar a los ciu­da­danos de un medio de pago elec­tró­nico se­guro y que éste no de­penda de la co­ne­xión a la red. Euro di­gi­tal, no 'criptoeuro'

Lo que se está sacando adelante no es, en modo alguno, una criptomoneda, aunque, como ha reconocido la propia Comisión, sí pretenden ser una alternativa a divisas digitales como el bitcoin, de los que la gobernanza económica europea teme que puedan "socavar el sistema monetario".

El euro digital, al igual que éstas, está basado en la tecnología de cadena de bloques, pero su papel no podrá estar más alejado del de inversión especulativa. Será un medio de pago electrónico seguro y de garantías, con una equivalencia total al dinero en efectivo, e igualmente emitido por el BCE y bajo el control y vigilancia del organismo.

La meta es dar forma a una versión rápida, protegida y fiable del 'cash', cuyo pago será canalizable a través de las aplicaciones móviles y las tarjetas bancarias.

Complemento, no reemplazo

Bruselas insiste en que el euro digital no es el primer paso de una sustitución del dinero en efectivo convencional, sino un complemento al mismo. Paolo Gentiloni, comisario europeo de Economía y finanzas, ha asegurado que "el metálico está para quedarse".

Este enfoque encaminará el desarrollo normativo a, por una parte, proporcionar el acceso gratuito a la moneda digital, que podrá usarse para el abono de cualquier producto o servicio, igual que las tarjetas bancarias de crédito y débito; y en segundo lugar, asegurar que el euro en 'cash' siga siendo aceptado como medio de pago válido en todos los establecimientos comerciales. El objetivo final es que tener un monedero electrónico cargado con euros digitales sea exactamente igual que guardar billetes con el membrete del BCE en la cartera, sin que ni siquiera sea necesario disponer de una conexión a internet. Esto pone en una situación muy delicada a los bancos, por lo que la Comisión se ha apresurado a adelantar que habrá un límite a la cantidad de euros digitales que podrá acumular cada ciudadano, de forma que no se produzca una salida masiva de dinero de las entidades financieras. Se habla de un tope máximo de 3.000 euros.

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