Monitor de Innovación

Un es­tudio de IBM afirma que son ca­paces de re­solver pro­blemas com­plejos

Los ordenadores cuánticos ya 'andan solos'

El ha­llazgo, pu­bli­cado en la re­vista 'Nature', des­peja mu­chas de las dudas en torno a esta tec­no­logía

"menos ladrillo y más ordenadores"
Menos ladrillo y más ordenadores.

En tér­minos de ca­pa­ci­dad, hay tanta di­fe­rencia entre un or­de­nador con­ven­cional y uno cuán­tico como entre una roca y un pla­neta. Sin em­bargo, la compu­tación cuán­tica es to­davía una tec­no­logía en desa­rro­llo, y su po­ten­cial para la re­so­lu­ción cohe­rente de pro­blemas ha sido cues­tio­nado. Esto po­dría cam­biar tras la pu­bli­ca­ción en 'Nature' de una in­ves­ti­ga­ción que de­muestra que este tipo de or­de­na­dores pueden llevar a cabo una va­riedad de ta­reas com­plejas por sí so­los.

El estudio, realizado por un equipo de investigadores de IBM, refuta la creencia, generalizada en el ámbito científico, de que las computadoras cuánticas necesitan un sistema de corrección de errores para realizar cálculos de forma fiable. Los autores llegaron a esta conclusión después de una compleja batería de pruebas con un ordenador cuántico en el que se había implementado un dispositivo no de corrección, sino de mitigación de errores e incoherencias.

Un filtro para los 'cúbits'

Para comprender el avance es necesario entender el funcionamiento de este tipo de computación. Un ordenador cuántico no funciona con un sistema binario de unos y ceros, como los convencionales, sino a través de partículas subatómicas que procesan la información a velocidades fabulosas. La unidad básica de información que emplean es el cúbit o bit cuántico, que tiene dos estados físicos diferentes.

El problema al tratar con los elementos del mundo subatómico -simplificando mucho, claro está- es que es muy fácil que las fluctuaciones cuánticas o 'ruido' afecten a la calibración de los instrumentos, alterando el proceso. El resultado es que un mismo cálculo realizado varias veces da resultados diferentes.

El equipo de IBM, al que asistieron especialistas de la Universidad de Berkeley y del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (California, EEUU) superó este desafío añadiendo intencionadamente más 'ruido' cuántico al funcionamiento de un procesador Eagle de 127 cúbits. De este modo, fueron capaces de cuantificar con exactitud la influencia de las 'impurezas' en el cálculo, eliminándola del producto final y llegando a un resultado coherente.

Estamos hablando de un hito que, aunque de planteamiento casi inasible para el ciudadano medio, tiene una enorme sifnificación en la historia de la informática. El experimento confirma que las computadoras cuánticas pueden trabajar en una variedad de tareas sin la necesidad de supervisión humana, lo que supone un paso adelante hacia su generalización en la sociedad.

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