OPINIÓN

La COP28 y el rechazo castizo de los españoles al calentamiento global

La re­duc­ción y al­ma­ce­na­miento del car­bono no es muy pro­me­tedor

COP28.
COP28.

En este mes de di­ciembre se está ce­le­brando en Dubai la Conferencia del Clima con el ob­je­tivo de li­mitar el ca­len­ta­miento global en 1,5º, (objetivo in­cum­plido en las su­ce­sivas Cumbres del Clima desde la de París en 2015). El pre­si­dente de la Energy Transition Commission, Adair Turner, afirma que esta meta sólo se al­can­zará si las emi­siones de car­bono des­cienden rá­pi­da­mente hasta des­apa­recer en 2050.

Ahora bien, sólo hay dos maneras, según Turner, de conseguirlo: “reducir urgentemente el uso de combustibles fósiles –carbón, gas y petróleo- o compensar su uso capturando el CO2 y almacenándolo de manera eficiente; el problema clave es cómo equilibrar estas dos alternativas”.

El desarrollo de la tecnología en energías solares y eólicas está progresando más rápidamente de lo que inicialmente se estimó. Sin embargo, el apoyo complementario de la reducción y almacenamiento del carbono no es muy prometedor.

En consecuencia, la Comisión para la Transición energética no ve otra alternativa que no sea desarrollar políticas públicas que estimulen la reducción de la demanda de combustibles fósiles y a la vez reducir su producción. “El mundo no necesita nuevas exploraciones para encontrar pozos de petróleo o yacimientos de gas.

En el COP 28 las naciones deben comprometerse a reducir el uso de combustibles fósiles y rechazar la ilusión de que la captura de CO2 sea una solución que evite el calentamiento global”. (ETC) La propuesta de una sustitución de energías procedentes del carbono por energías verdes se enfrenta, ni más ni menos que a los subsidios de 170 Estados a los combustibles fósiles por un valor de 1,3 billones de dólares, según estima el FMI, es decir más del doble que hace dos años.

Este crecimiento de los subsidios obedece sencillamente a que los gobiernos tratan de proteger el bolsillo de sus ciudadanos frente a las subidas de precios de los combustibles. Sin olvidar el tirón electoral. “Aproximadamente un 80% del consumo de combustibles, afirma el FMI, tiene un precio por debajo de lo que sería el nivel eficiente fijado en 2022… una reforma del sistema de precios de los combustibles reduciría en un 43% las emisiones en 2030, a la vez que los ingresos fiscales conseguidos representarían el 3,6% del PIB mundial y evitarían la muerte de 1,6 millones de personas al año a causa de la contaminación ambiental”.

Y, sin embargo, nada es imposible como afirma Gillian Tett. Ahí está el caso de Nigeria, país productor de gas y petróleo que ha aumentado los precios de ambos combustibles y desarrollado un amplio esfuerzo de energías renovables. No se ha producido ningún tumulto callejero y sí la aprobación de la ciudadanía ante la reducción de la contaminación atmosférica. En China, el 30% de los vehículos en circulación son ya eléctricos.

En España, por el contrario, la fiscalidad sobre los combustibles es tan generosa como extendida la despreocupación ciudadana por el calentamiento global. “Business as usual”, es hoy por hoy la opción favorita de un 95% de la ciudadanía a tenor de lo que reflejan las encuestas, aunque seamos un país particularmente afectado por sequías y altas temperaturas. Pero, como decía don Francisco de Quevedo: “Ande yo caliente y ríase la gente”.

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