La mi­nistra Ribera ma­tiza que el im­puesto no des­apa­re­cerá sino que se re­for­mará

Iberdrola crece en los mercados exteriores en espera del nuevo 'impuestazo' energético

Refuerza sus in­ver­siones en Alemania, Reino Unido, EEUU, México mien­tras pide que España aplique las mismas normas que en Europa

Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola
Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola

El im­puesto es­pe­cial a las ener­gé­ticas se ha con­ver­tido en un au­tén­tico freno a las grandes in­ver­siones del sector para España. Mientras el go­bierno, a través de la vi­ce­pre­si­denta ter­cera y mi­nistra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, anun­ciaba re­cien­te­mente su in­ten­ción de re­for­mular ese im­puesto sobre los be­ne­fi­cios ex­tra­or­di­na­rios de las ener­gé­ticas para qui­tarle la ‘temporalidad’ con que fue im­plan­tado, las em­presas cen­tran sus es­fuerzos de in­ver­sión en mer­cados más “estables” que el es­pañol.

En declaraciones a la cadena SER, la ministra Ribera explicaba recientemente que la intención gubernamental es crear algo pensado para “que dure más en el tiempo” y, al mismo tiempo, sea compatible con la transformación del sistema energético.

"Me parece que algo que estaba diseñado para un momento extraordinario no reúne los requisitos para un impuesto permanente y, a partir de ahí, tiene sentido concentrarse en cómo se diseña y no en ir más allá de lo que se ha dicho", dijo.

Ante el ajuste fiscal al que obliga la UE, el Ejecutivo no quiere perder una fuente de ingresos que, en 2022, le aportó 1.644 millones de euros.

Aunque nada hay confirmado aún, todo indica que la idea del ministerio e Ribera es reconfigurar la tasa hacia un impuesto al uso que grave el beneficio, no los ingresos extraordinarios. Un aspecto en el que la mayoría de empresas han basado los recursos presentados ante los tribunales.

Al mismo tiempo, la nueva tasa incluirá desgravaciones que fomenten la inversión a medio y largo plazo.

Gigantes como Repsol ya han anunciado su voluntad de frenar las inversiones y, por tanto, su crecimiento en España, para paliar el efecto que el impuesto ha provocado en sus cuentas de resultados. Sobre todo, ante la perspectiva de que el impuestazo deje de ser, oficialmente, “temporal” para convertirse en una tasa fija.

Mantener el crecimiento

Otros, como Iberdrola, han pedido las mismas reglas en España que en el resto de Europa ya que, como señaló el director de Regulación de la compañía, Patxi Calleja, aunque la Unión Europea haya definido un impuesto para sobre los beneficios extraordinarios, de las energéticas, en España, el gravamen pesa sobre las ventas, algo "único" en Europa, dijo.

Eso hace que España haya perdido atractivo -pese a las necesidades del país y la creciente demanda privada y empresarial de energía verde- a la hora de adjudicar las inversiones de las grandes compañías del sector. De hecho, Iberdrola crece en los mercados internacionales a la sombra de políticas que favorecen las inversiones sin penalizar los beneficios que obtienen por ellas. La eléctrica que preside Ignacio Galán tiene en Europa uno de sus principales mercados aunque mantiene y desarrolla grandes proyectos en Estados Unidos, México -tiene anunciadas inversiones por más de 6.000 millones en la próxima década-, Brasil o Australia, entre otros.

En Europa, Iberdrola se ha consolidado como uno de los principales actores en generación eólica de Alemania, país donde se ha colocado en cabeza de la eólica marina con tres campos -en desarrollo- en el Mar Báltico. La compañía española desarrolla tres campos en ese área bajo el nombre de Baltic Eagle Hub: el parque eólico Wikinger (350 MW) , el Baltic Eagle, en construcción, (476 MW) y el Windanker, de 300 MW.

Para su desarrollo, valorado en una inversión de 1.600 millones de euro, Iberdrola suscribió un acuerdo con la empresa de Abu Dhabi, Masdar, con la que prevé invertir hasta 15.000 millones de euros en Alemania, Reino Unido y EEUU tanto en proyectos de energía eólica offshore como de hidrógeno.

De momento, el acuerdo ya se ha plasmado en la venta del 49% del capital de Baltic Eagle por 375 millones de euros que serán reinvertidos en su totalidad en el desarrollo de un proyecto cuya entrada en operación está revista para 2024.

Tras la operación, cerrada en noviembre, ambos grupos han acordado la venta -se prevé cerrar en el primer trimestre del próximo ejercicio-, por parte de Iberdrola de otro 49% de East Anglia 3, otro parque eólico marino, instalado en aguas británica, con una capacidad de 1.400 MW. El parque, en fase de construcción, estará operativo a finales de 2026.

Mientras tanto, la compañía española, que ha vendido el 55% de sus trece plantas de ciclo combinado en México al gobierno de ese país (más de 8.500 MW) por 5.500 millones de euros, ha anunciado planes para invertir 6.000 millones en renovables en el país azteca durante la próxima década, con el objetivo de pasar de los 1.000 MW actuales a 8.000 MW de potencia instalada en energías renovables en 2030.

Pese a la falta de entendimiento en cumbres como la COP 28, la cumbre sobre cambio climático que se celebra en Dubai, el desarrollo de grandes proyectos de energía verde tiene un largo recorrido y se ve ‘animado’ por las crecientes exigencias sobre emisiones.

De ahí que empresas como Iberdrola aumenten su actividad con proyectos en grandes economías que aseguren tanto su liderazgo mundial en renovables como el crecimiento futuro. Algo en el que la competencia fiscal entre países (o la sobrecarga fiscal en otros, como España) puede ser determinante a la hora de que los grandes inversores decidan dónde colocar su dinero.

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