El Estado ha aca­bado con este miedo, al po­nerse como ga­rante en todas las si­tua­ciones

El fracaso cotiza al alza en la economía de libre mercado

Los grandes em­pren­de­dores han con­tado con en­ri­que­ce­doras ex­pe­rien­cias la­bo­rales ne­ga­tivas du­rante su ca­rrera

Talento Joven
Talento Joven

“Hijo, quita tra­bajos de tu cu­rri­cu­lum, que vas a pa­recer un culo de mal asien­to”. Era una idea tí­pica en los años se­tenta y ochenta del siglo pa­sado. Algo que ahora ha de­jado de ser un es­tigma para con­ver­tirse en un mé­rito. Los ver­da­deros hom­bres he­chos a sí mismos cuentan con una mo­chila de ex­pe­rien­cias la­bo­rales ne­ga­ti­vas.

El fracaso cotiza al alza. Sobre todo en las sociedades anglosajonas, cuyos cazatalentos tienen muy en cuenta las experiencias de cierre de empresas o de proyectos que salieron mal. La teoría es que aquellos que han vivido este tipo de situaciones cuentan con experiencias enriquecedoras para sus desempeños futuros.

“Se ha vuelto popular, especialmente en ciertos campos y entre ciertas multitudes, glorificar el fracaso. Los llamados emprendedores e influyentes sociales a menudo se jactan de sus fracasos.

Poemas alentadores

Las corporaciones multinacionales publican poemas que alientan el fracaso. Los lemas insulsos que rechazan el miedo al fracaso son omnipresentes en carteles y camisetas motivadores”, aseguran desde el Instituto Mises. Este centro promueve la enseñanza y la investigación sobre la escuela austriaca de economía, la libertad individual, la historia honesta y la paz internacional, en la tradición de Ludwig von Mises y Murray N. Rothbard.

El fracaso en sí nunca puede ser un objetivo, aunque el riesgo al fracaso siempre se encuentra ligado a conseguir algo que valga la pena. Aprender de los fracasos es parte del proceso de éxito, no un fin en sí mismo. Rechazar el miedo al fracaso no sólo es imposible sino perjudicial para los logros humanos.

“Lo que se esconde detrás del intento de eludir el miedo al fracaso es la percepción de que el fracaso no supone ningún coste sustancial. Y esta carencia es precisamente la razón por la que quienes lanzan estos lemas trillados siguen fracasando. Al racionalizar hacia atrás, es natural que glorifiquen el resultado que lograron”, es la opinión vertida desde el Instituto Mises.

El gran problema que existe ahora es que el temor al fracaso no existe, porque el Gobierno se ha erigido en garante de todas las situaciones adversas. “Para que la comunidad inversora no quede excluida, este concepto se ha trasladado también a los mercados de capitales, a partir de la propuesta de Greenspan de (principalmente) la década de 1990: un alivio de las condiciones monetarias cada vez que el mercado de valores caía más que una cantidad trivial, sobre todo después de la crisis de 1987 y el estallido de la burbuja de las puntocom en 2000.

Por cierto, este comportamiento fue imitado por todos los sucesores de Alan Greenspan y ha tenido implicaciones para los precios de los activos en todos los ámbitos”, opinan en el Instituto Mises.

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