Monitor de Innovación

El an­tiguo CEO, Sam Altman, re­gresa a la di­rec­tiva y ful­mina a los que fueron sus ver­dugos

'Juego de tronos' en OpenAI: guerra de egos, mensajes apocalípticos y 'vendetta'

El des­pido de Altman y el su­puesto des­cu­bri­miento de un al­go­ritmo po­ten­cial­mente pe­li­groso

Sam Altman.
Sam Altman.

Lo que co­menzó como una trama dis­tó­pica sobre un ce­rebro ar­ti­fi­cial que de­jaría ob­so­leto al 'homo sa­piens', ha ter­mi­nado como un muy co­ti­diano cu­le­brón de des­con­fianza, ren­cores y ven­ganzas per­so­na­les. Sam Altman, an­tiguo CEO de OpenAI, ha re­cu­pe­rado su cargo cinco días des­pués de haber sido des­pe­dido por, según sus enemigos en la cú­pula de la em­presa, ocul­tarles in­for­ma­ción sobre los po­ten­ciales pe­li­gros de la tec­no­logía que ma­nejan

¿Su primera decisión?. guillotinar a quienes osaron echarle. Humano, demasiado humano, que diría Nietzsche.

Recapitulemos: OpenAI, la empresa que ha revolucionado (y democratizado) el mundo de las inteligencias artificiales con su modelo conversacional ChatGPT, tenía como CEO a Sam Altman, quien hace escasas fechas manifestó su satisfacción con "dejar atrás el velo de la ignorancia" y abrazar "la frontera del descubrimiento". Solo unos días después, la junta directiva de la compañía recibió una carta que les ponía sobre aviso de un terrible peligro para la humanidad que se estaba cociendo en la empresa.

La misiva, según el relato de Reuters, había sido enviada por un grupo interno de desarrolladores de OpenAI, que trabajaban en un proyecto con el enigmático nombre de Q*.

En la carta, los investigadores explicaban que habían hecho un importante descubrimiento que podía "amenazar a la humanidad". Supuestamente, se referían a un novísimo algoritmo de IA demasiado peligroso para ser comercializado y que no estaba sometido a las medidas de seguridad necesarias.

Siempre según el relato de Reuters, la cúpula directiva arrojó la carga de la culpa sobre los hombros de Altman, decidiendo su fulminante cese por "pérdida de confianza" por haberles ocultado información sobre hechos tan graves. La empresa, sin embargo, jura y perjura que esa no fue la razón de su despido.

Donde las dan, las toman

Altman no ha durado ni una semana en el paro. La gigantesca presión ejercida por los inversores, entre ellos una tal Microsoft, le ha devuelto al cargo, que ha (re)estrenado pasando la guadaña a todos sus opositores. El restituido CEO, por tanto, deja atrás el interregno como líder indiscutido.

La estrategia de Microsoft para volver a poner en la poltrona a su hombre de confianza fue tan sencilla como efectiva: le 'fichó' brevemente, incorporándolo a su plantilla, lo que suponía una amenaza velada de hacer lo mismo con todos sus partidarios dentro de OpenAI, drenando los recursos humanos de la empresa e integrándola 'de facto' en su imperio.

Sea cual sea la veracidad de esta aceleradísima novela, lo cierto es que en el seno de OpenAI todo ha regresado al punto de inicio: un liderazgo atrevido y escaso de remilgos respecto al desarrollo tecnológico, convencido de que la IA debe ser explorada sin ataduras ni miedos existenciales. Solo que, ahora, con mucho más poder.

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