Es una de las em­presas más apa­lan­cadas del Ibex 35 y su cre­ci­miento tiene lí­mites

Galán (Iberdrola) tiende puentes con el Gobierno ante el problema de la deuda

La subida de los tipos de in­terés dis­para el coste de su ex­ce­sivo en­deu­da­miento

Ignacio Galán, pte. de Iberdrola.
Ignacio Galán, pte. de Iberdrola.

Iberdrola, uno de los fe­nó­menos cor­po­ra­tivos y bur­sá­tiles más sor­pren­dentes del úl­timo de­ce­nio, afronta mo­mentos di­fí­ciles y po­ten­cial­mente muy arries­ga­dos. El cambio de ciclo eco­nó­mico, con un es­ce­nario de altos tipos de in­te­rés, per­ju­dica su es­tra­tegia de cre­ci­miento sin lí­mite y rea­li­zado además con re­cursos aje­nos. La em­presa que pre­side Ignacio Sánchez Galán ya ha su­frido dos se­rios re­veses en sus aven­turas in­ter­na­cio­na­les, México y EEUU. En España puede ser peor, Sus re­la­ciones con el nuevo Gobierno de Sánchez no son nada ha­la­güeñas.

La primera empresa energética de España no las tiene todas consigo con el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, cuya reválida en la investidura no ha caído nada bien en la empresa con sede en Bilbao. Aunque amparada en parte por el socio nacionalista de Sánchez, el PNV, con el que mantiene buenas relaciones, el escudo vasco no parece suficiente. Ni tampoco las buenas relaciones que sorprendentemente mantiene con el ex presidente manchego José Bono, uno de los barones socialistas más "amordazados" por Pedro Sánchez durante el proceso de negociaciones con los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos.

Ignacio Galán ha recurrido varias veces al histórico dirigente socialista para tender puentes con Moncloa pero no ha servido de mucho. Bono ha vuelto a aparecer en escena en los últimos tiempos en el entorno de Iberdrola y su consejo no ha caído en vacío. El manchego, desaparecido de la esfera política pública por su pesada carga patrimonial, ha aconsejado a Galán que reduzca sus criíticas al Gobierno de coalición y modere sus ataques a la política fiscal del támden Sánchez-Yolanda Díaz, que ha gravado a energéticas y banca con impuestos especiales por sus supuestos "beneficios caídos del cielo", derivados de la transición energética y/o el nuevo escenario de tipos de interés.

Galán le ha hecho caso, aparentemente, y ha moderado su tradicional carácter de 'chico díscolo' y autosuficiente. En la presentación ante los analistas de los resultados de los últimos nueve meses de 2023, que de nuevo ofrecieron un balance de beneficios récord, con crecimiento de más de dos dígitos, el locuaz presidente de Iberdrola contuvo sus habituales y furibundas críticas y no hizo ninguna mención al impuesto especial que su empresa está obligada a pagar temporalmente.

Tampoco hizo referencia alguna a la posibilidad de que este impuesto se convirtiera en definitivo, si Sánchez renovara su tercer mandato en Moncloa, como así ha sido. Su voz discrepantante fue sustituida por la de José Bogas, CEO de Endesa, que más o menos vino a decir que el impuesto era una barbaridad que afectaba a la capacidad de invertir de las empresas. Y por la de Josu Imaz, CEO de Repsol, que se explayó en sus reservas al impuesto. El ex líder nacionalista vasco, hoy muy lejos de la política, aseguró que Repsol limitará sus inversiones si el impuesto se prolonga.

Fuerte endeudamiento

Pero el principal problema de Iberdrola no es sólo el político. Se encuentra en sus propias cuentas y en su estrategia de crecimiento, que desde muchos puntos de vista es poco sostenible. Su fuerte apalancamiento, que la convierte en la empresa del Ibex-35 más endeudada, carece de lógica con el cambio de ciclo y tendrá que ser modificada en un escenario de tipos de interés en alza.

Un informe reciente de una casa de análisis mostraba que Iberdrola, al cierre del primer semestre de 2023 arrastraba una deuda financiera neta de 45.290 millones, considerablemente superior a la de Telefónica o de Cellnex, con 27.500 y 17.900 millones, la segunda y tercera empresas con más deuda del selectivo español. La operadora que preside José María Álvarez-Pallete lleva años reduciéndola (proceso que aún no ha comenzado la eléctrica de Galán), habiéndolo hecho casi hasta la mitad.

De hecho, la eléctrica con sede en Bilbao ya ha anunciado por lo menos dos suspensiones de inversiones en Estados Unidos. Avangrid, su filial norteamericana, está sumida en incipientes procesos judiciales por suspender proyectos de inversión acordados con los reguladores de varios estados donde opera. Su argumentación no podía ser otra: las condiciones del mercado global de financiación hacen los proyectos inviables.

Los problemas en ese lado del Atlántico no acaban ahí. En México, la eléctrica ha hecho de la necesidad, virtud. En respuesta a las críticas del presidente mexicano por su política de tarifas en aquellos lugares donde opera, siendo acusada de prácticas abusivas, Sánchez convirtió en acuerdo de venta una nacionalización encubierta de sus actividades más rentables en México, comprometiéndose además a seguir invirtiendo si quiere percibir los plazos del precio pactado,. por su cesión forzosa del negocio.

El drama bursátil

En España, aparte de la amenaza de la prórroga de los impuestos extraordinarios, que con casi toda seguridad serán extendidos como parte del acuerdo de Sánchez con Sumar, Iberdrola tiene su principal problema en el difícil y costoso mantenimieto de su cotización bursátil, que ya empieza a resentirse.

Es un hecho admitido por las agencias de rating que la fuerte subida de los intereses de la deuda ha puesto en alerta a los mercados bursátiles. Y las empresas del Ibex 35 no han sido una excepción. Para aquellas que mantienen una ratio de deuda cada vez más elevada, los crecientes tipos de interés han llegado para quedarse. Los costes de financiación pueden superar a los impuestos extraordinarios, según algunos analistas.

De momento, en el análisis técnico Iberdrola da señales de fortaleza cuando todo parecía dispuesto para un cambio de tendencia. Pero la compañía no consigue superar el primer nivel de resistencia que presenta en los 10,77 euros sin colocarse por encima de la media de 200 sesiones. Su resistencia clave se encuentra en los 11,29 euros.

Sus máximos históricos se remontan al mes de julio de 2023 cuando se situaba en los 11,91 euros.El pasado viernes Iberdrola cerraba a 11,07 euros, con una revalorización anual en torno al 4%, muy inferior a la medida del Ibex-35. Algunas casas de análisis y expertos del sector apuntan que la eléctrica aún no ha comenzado su inevitable calvario, entre otras razones por su generosa política de dividendos. Su rentabilidad vía dividendo no es de las mejores del Ibex-35, apenas de un 4,55% frente a una revalorización del 18% del selectivo. Otras empresas del selectivo como Telefónica, Mapfre y en Endesa ofrecen ratios de casi el 8%.

Para Iberdrola, la cuestión es si esta estrategia de remuneraciones significativas al accionista es sostenible a medio plazo.

Artículos relacionados