OPINIÓN

Una amnistía, inevitable; y una sangrienta tragedia en el Mediterráneo, evitable

Hotel Majectic, Barcelona.
Hotel Majectic, Barcelona.

Mientras en España se ac­tiva el in­cendio de la am­nistía las lla­ma­radas de las gue­rras de Ucrania y Gaza se acercan cada vez más a la fron­tera de la Europa de­mo­crá­tica. Las bolsas de va­lo­res, in­cluida la es­pañola, no re­flejan una gran preo­cu­pa­ción por estos acon­te­ci­mien­tos, am­nistía y tra­ge­dias bé­li­cas, mien­tras que el ren­di­miento de los bo­nos, emiten señales de con­ten­ción e in­cluso de ba­jada.

Los bancos centrales apuestan por la prudencia. Los ciudadanos europeos, incluidos los españoles, no sufren ningún tipo de quebranto en sus economías. La inflación baja y la actividad económica se mantiene. No hay una gran recesión a la vista, aunque Mario Draghi vaticine malos tiempos para la Unión Europea y en las calles de Madrid se produzcan feroces concentraciones contra la amnistía de los políticos y agitadores catalanes.

Eça de Queirós en uno de sus viajes a España coincidió con una ruidosa y nutrida manifestación en la Puerta del Sol de Madrid. El pueblo se había levantado por la cesión de las Carolinas, mediante una compensación económica a Alemania. Queirós pregunta: ¿pero, dónde están esas Carolinas? Nadie tiene ni idea.

La amnistía, como fueron los indultos, es el precio a pagar para normalizar la “cuestión catalana”. La” conllevanza”, que decía Ortega. Los indultos no se pactaron, se concedieron y han funcionado. La amnistía, pronto o tarde, con un gobierno de izquierdas o de derechas, se habría aprobado. Recuerden el pacto del Majestic.

Lo de Gaza y Ucrania es, desgraciadamente, otra cosa. Elecciones norteamericanas en noviembre de 2024, y si Donald Trump gana, sustituirá a los funcionarios públicos por seguidores fieles en la dirección de la economía, la defensa y la judicatura. Adiós a la democracia, alerta Tomas Woolf, vendrá un presidente estadounidense a las hechuras de Erdogan o Victor Orban; un mayor entendimiento con la Rusia de Putin y la Israel de Netanyahu.

Irán, por boca del líder de Hezbollah, ya ha declarado su firme propósito de evitar una confrontación con Israel; mantendrá guerrillas en el sur del Líbano, pero se cuidará muy mucho de enviar la caballería. Hezbollah proclama que el ataque de Hamás del 7 de octubre fue, ”una decisión palestina al 100%”.

Irán, como afirma Kim Ghattas (Columbia University): “no comprometerá las bases de Hezbollah en el Líbano, no sacrificará ese activo por la causa palestina; procurará sacar beneficios de la invasión israelí de Gaza en la próxima visita de sus dirigentes a Arabia Saudita con motivo de la cumbre de la Organización Islámica de Cooperación”.

Los esfuerzos del Secretario General de la Naciones Unidas quedarán en el libro de la Historia, pero serán irrelevantes para conseguir la creación de dos Estados, Palestina e Israel. El editorial del Financial Times sobre España concluía: “La amnistía para los secesionistas catalanes en una apuesta que merece hacerse”.

Una articulada carta de un lector catalán publicada en el mismo diario, en lugar destacado, concluye:” La oposición a la amnistía no es ideológica…. Sus beneficiarios no serán los ciudadanos catalanes y españoles sino sus representantes públicos y un primer ministro que pretende mantenerse en el poder”.

Hace años, el 4 de mayo de 1996, los presidentes Aznar y Pujol, después de relevar de la presidencia del PP catalán a Alejo Vidal-Quadras, acordaban la cesión del 30% del IRPF, un impuesto rabiosamente federal, a las autonomías; Cataluña desarrollaba un modelo policial propio y expulsaba a la Guardia Civil asumiendo las competencias de tráfico, entre otras cesiones.

La prensa conservadora celebraba el acuerdo del Majestic. Aznar conseguía así la presidencia del gobierno y España robustecía su unidad dentro del Estado de las Autonomías. Dos varas de medir y la duda de si la Tramontana hubiese soplado de otra forma, Feijoo y Puigdemont estarían pactando otro Majestic. La amnistía, se coja por donde se coja, es inevitable, mientras Pujol sigue amnistiado desde el trapiecheo de Banca Catalana. La “conllevanza”.

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