OPINIÓN

Cuba sin azúcar, Venezuela sin petróleo, Argentina sin carne y España, sin aceite

El PSOE se des­plaza a su iz­quierda por la pre­sión de Podemos y Sumar y el PP hace lo mismo por VOX

Aceites españoles
Aceites españoles

Hay unas re­cientes de­cla­ra­ciones del líder po­lí­tico ar­gen­tino con op­ciones a la pre­si­den­cia, el eco­no­mista ul­tra­li­beral Javier Milei, que pueden ayudar para hacer una cierta re­fle­xión sobre cómo están las cosas en España y en el tipo de país en que vi­vimos al­gu­nos, o mu­chos.

Milei dijo “a Venezuela, el país del petróleo, le falta petróleo, a Cuba, el país del azúcar, le falta el azúcar y a Argentina, el país de la carne, le falta la carne. Es un delirio que solo lo logra el socialismo...", aseguró el político argentino culpando directamente a esa ideología de causar esos problemas de escasez de productos básicos a los ciudadanos de esos países americanos.

La reflexión es sencilla y el juego de palabras que se pretende, fácil de hacer. Primero, a la afirmación de Milei se le añade como producto el aceite de oliva, que se está convirtiendo en un bien escaso y carísimo en España pese a que somos el primer productor y exportador mundial. Y segundo, ponemos a España como uno de esos países que ha permitido que uno de sus productos estrella sea un bien escaso o imposible de consumir por sus ciudadanos.

Pero la cosa no es tan sencilla y este artículo no va de criticar al socialismo, que históricamente ha tenido toda la razón de ser y la sigue teniendo en lugares donde la justicia social no existe. Ni tan siquiera de opinar sobre si España es o no un país socialista o está en camino de ello.

La única intención del mismo es analizar cómo se han ido desplazando ideológicamente a la izquierda los dos grandes partidos políticos españoles en los últimos años. El PSOE forzado por Podemos y Sumar y el PP por VOX.

Izquierda y derecha fragmentadas

Teóricamente, la derecha y la izquierda en España están fragmentadas. El resto son nacionalistas que tienen una excesiva representatividad por la vigente ley electoral, que les otorga una ventaja sustancial por presentarse solo en sus territorios. Eso les hace imprescindibles, y por ello tanto el PSOE como el PP llevan años cediendo ante sus infinitas exigencias. Y así hemos llegado a donde estamos, a juicio de muchos, a punto de romperse la unidad de España, aunque hace ya mucho tiempo que lo de la unidad brilla por su ausencia.

Sin duda, esa peculiar aritmética parlamentaria fue la que permitió a Pablo Iglesias y Pedro Sánchez desalojar a Mariano Rajoy con una moción de censura y después alzarse con el poder y formar un Gobierno de coalición. Un Ejecutivo que está a punto reeditarse, aunque ahora necesiten al fugado Carles Puigdemont como árbitro de la gobernabilidad de nuestro país, y después de que Iglesias haya desaparecido de la ecuación.

Por la izquierda están el PSOE y esa amalgama de partidos que conforma Sumar y por la derecha el PP y VOX, una vez que Ciudadanos, que siempre se vendió como centro político, no se presentase a los últimos comicios.

Competición por el centro

Durante la mayor parte de la llamada Transición hubo una especie de competición por parte del PSOE y el PP por acercarse al centro, probablemente como punto de equilibrio y moderación de sus programas. Recordemos los dos partidos de este signo centrista que lideró Adolfo Suárez, UCD y CDS.

Sin embargo, el PSOE de Sánchez ya se ha olvidado de todo eso y sus políticas están siendo mucho más radicales de izquierdas de las que ellos mismos desearían, a causa de sus socios de Gobierno, primero Podemos y ahora Sumar. El PP, por el contrario, sigue todavía queriendo quedar bien siempre y no romper ningún plato, lo que le hace ir siempre un paso por detrás de su principal contrincante.

Pero el PSOE está perdiendo a toda velocidad gran parte de su patrimonio político y ya no se parece en nada al partido socialdemócrata y reformista de Felipe González y sus gobiernos. Basta con leer las diarias declaraciones de veteranos socialistas contra Sánchez, que han terminado hasta con la expulsión de alguno de ellos, como Nicolas Redondo Terreros. Y atención, no son solo las cesiones a nacionalistas. Hay muchas discrepancias en otras muchas materias que hacen que el PSOE de ahora esté en las antípodas de los viejos socialistas que representan González, Alfonso Guerra y otros muchos que no paran de protestar.

Cambios en el PSOE

Sin duda, gran parte de esos cambios en el PSOE y en el Gobierno de España, además de por la necesidad del respaldo del nacionalismo periférico, tiene seguro unos claros culpables para los veteranos socialistas de los que hemos hablado. Primero fueron los acuerdos con Podemos y ahora lo serán los que se alcancen con Sumar, lo que lleva años transfigurando al PSOE y le hace irreconocible para muchos.

Las discrepancias entre los socios de Gobierno son constantes, empezando por el apoyo a un referéndum en Cataluña por parte de Sumar frente al PSOE que hoy por hoy lo rechaza. De hecho, hasta ahora solo Yolanda Díaz, del bloque gubernamental, se ha hecho una foto con Puigdemont en Waterloo. Pero también hay desavenencias en política exterior, como han sido las nuevas relaciones con Marruecos en detrimento de las que existían con el Frente Polisario. Las que hubo y siguen existiendo en materia económica como fue la Ley de Vivienda y los impuestos a sectores económicos. Y muchas también en asuntos laborales y sociales. Esta misma semana se ha evidenciado que no están de acuerdo sobre si Hamás es un grupo terrorista.

El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero tiene una gran culpa de a donde ha llegado este partido, ya que puso los cimientos con el independentismo y el intervencionismo en materia económica, como prueba el decidido apoyo que él también líder del llamado Grupo de Puebla está dando ahora por tierra mar y aire a Sánchez.

El actual PSOE abandonó sus esencias, primero para alcanzar el poder y ahora para mantenerlo. Dice saber de donde viene pero no sabe explicar hacia dónde va, hasta el punto de que ya hay muchos que le llaman el partido Sanchista, así a secas. Sus actuales dirigentes no dejan de pronunciar la palabra progresista, pero suena hueco, suena a exigencias antes de Podemos y ahora de Sumar. Y desde luego en sus políticas no queda ya casi nada de aquella socialdemocracia de los gobiernos de González de la Transición.

El complejo del PP

Llegamos al PP, probablemente tan perdido o puede que incluso más que el PSOE en estos momentos. Su permanente búsqueda del centrismo y su complejo permanente ante la izquierda le ha terminado por jugar una mala pasada en las últimas elecciones.

Ya desde la primera legislatura de Rajoy, el PP se empeñó en hacerse socialdemócrata de toda la vida y asumió gran parte de la herencia de Zapatero sin complejos, cuando resulta que había trampas por todas partes.

Por ejemplo, la crisis económica que obligó a Rajoy a subir impuestos, pero también varias bombas de relojería como la Ley de Memoria Histórica, muchas LGTBI y hasta la gestión del fin de ETA. Eso le creó graves problemas internos y hasta una escisión, que fue VOX. Y es evidente que hasta que no sepa unir otra vez bajo sus siglas a todo su espectro político, lo tiene muy crudo para llegar otra vez al poder como no sea por abandono o agotamiento del adversario.

Su nuevo líder, Alberto Núñez Feijóo, pese a su experiencia política, no ha sabido gestionar su éxito de las municipales y autonómicas. Una de las causas que ayudarían a explicar que el PP no lograse una mayoría absoluta que tenía cantada unas semanas antes de las elecciones del 23-J, fue que no supo gestionar sus relaciones con VOX, a diferencia de como las ha gestionado Sánchez con Sumar y los nacionalistas en todo momento.

Los rápidos acuerdos con Vox en comunidades y ayuntamientos, le pasaron factura a diferencia de al PSOE que retrasó los acuerdos con Bildu en Navarra hasta después de las votaciones. Se empeñó Feijóo en marcar distancias con el partido de Santiago Abascal, sin estudiarse el ‘modus operandi’ de otros dirigentes de su partido, sobre todo Isabel Díaz Ayuso pero también Juan Manuel Moreno Bonilla, que no tienen ningún problema con la formación a su derecha. También en explicarle a todo el mundo que él había votado a González en 1982. Y tanto lo hizo que parece que muchos debieron pensar que para qué cambiar de partido y siguieron votando al PSOE.

Comunistas y falangistas

Finalmente, salta a la vista que Sumar y VOX son mucho más claros que PSOE y PP en su ideología, unos son de derechas y otros de izquierdas, socialistas o más bien comunistas, aunque la formación que lidera Díaz es una amalgama de hasta 20 partidos políticos, obviamente con demasiadas sensibilidades.

La actual vicepresidenta en funciones, que cada día intenta parecerse más a Lady Di, “la princesa del pueblo”, sigue siendo afiliada al PCE, como el ministro Alberto Garzón, entre otros muchos dirigentes de esta formación, y en este sentido no engañan a nadie. Lo mismo que todo el mundo sabe que el vicepresidente de VOX, Jorge Buxadé, nuevo hombre fuerte de la formación de Abascal tras la retirada de Iván Espinosa de los Monteros, tiene un clarísimo y reciente pasado falangista.

Y hasta aquí hemos llegado, sin saber si la disparata subida del aceite de oliva es porque vivimos en un país socialista o vamos camino de ello, o es por otras cosas más técnicas como la sequía, el precio de los fertilizantes, el “efecto acopio” y ese terrible “por si acaso” que, sin duda, es culpable de un altísimo porcentaje de la inflación en España.

Artículos relacionados