ANÁLISIS

Alemania y Francia buscan consensuar una política energética común sin la UE

La cumbre bi­la­teral de Hamburgo su­pone un paso para una nueva po­lí­tica ener­gé­tica co­mu­ni­taria

Emmanuel Macron
Emmanuel Macron

La cues­tión ener­gé­tica centra la reunión de los Gobiernos de Francia y Alemania que co­mienza este martes en la ciudad de Hamburgo para ter­minar el miér­co­les. Francia ha fil­trado este fin de se­mana pa­sado su prin­ci­poal ob­je­tivo, al señalar la mi­nistra de Energía Agnès Pannier-Runacher que Alemania debe aban­donar sus pre­ven­ciones sobre las pro­puestas ener­gé­ticas de París en Bruselas. Y, ade­más, que debe su­marse a ellas.

El mix energético francés tiene una predominancia del 70% de energía nuclear y como consecuencia de ello una energía más barata que la de Alemania. El Gobierno de Angela Merkel decidió en 2011, tras el accidente nuclear de Fukushima en Japón, un parón nuclear en el país. La decisión que contó con un amplio apoyo social generó problemas a dos de las grandes eléctricas del país,

E.ON y RWE que debieron acelerar el cierre de la generación nuclear segregando activos con el viraje “verde” de Berlín. Sin embargo, la escalada de los precios de los combustibles a consecuencia de la guerra en Ucrania ha creado severos problemas de competitividad a la industria alemana.

Tras la reunión de Estocolmo

Francia organizó en marzo este año una reunión en Estocolmo en la que logró agrupar a 10 naciones europeas en torno a la defensa de la generación nuclear logrando además que la Unión Europea (UE) considere a esta forma de generación como parte de las energías renovables.

El lobby de Francia afirma que en el contexto actual de altos precios de los combustibles la única forma de reducir el precio de la energía eléctrica en una Europa dependiente es la generación nuclear.

Mientras tanto la guerra en Ucrania ha demolido los proyectos energéticos de Alemania basados en el gas ruso con el abandono del proyecto conocido como North Stream 1 y 2 cuyo socio mayoritario es la rusa Gazprom cuya filial Berlín ha nacionalizado este año a raíz del conflicto bélico que sacude a Europa. En la reunión ministerial bilateral de dos días a la que asisten los jefes de Gobierno Olaf Scholz y Emmanuel Macron, la parte francesa se propone obtener concesiones para la reforma de la legislación energética europea.

El 17 de octubre en Bruselas está prevista una reunión de ministros de Energía de la UE en la cual, de acuerdo con fuentes diplomáticas, Francia tiene previsto proponer los denominados contratos por diferencia que se utilizan en energías renovables y que suponen subsidios por kilovatio producido en contratos de largo plazo. Es una fórmula admitida por Bruselas en tecnologías inmaduras renovables con el objetivo de asistir a su desarrollo.

Contra la posición de Brusellas

La Comisión Europea no está de acuerdo con este criterio en principio porque no se considera a la energía nuclear una energía inmadura a la que se debe asistir. La defensa francesa de esa reivindicación señala que las inversiones necesarias para actualizar el parque nuclear y ampliarlo con tecnologías seguras modernas supone un esfuerzo financiero muy grande que requiere asistencia estatal. Está claro que París aspira a encontrar una vía de subsidiar las inversiones en este tipo de electricidad.

Mientras, la ministra Pannier-Runacher en declaraciones al Financial Times el pasado fin de semana advirtió que Francia no pretende alentar el traslado de empresas industriales alemanas a suelo francés a expensas de una energía eléctricas más barata. De acuerdo con la ministra en círculos próximos al gobierno alemán se sugiere que las inversiones francesas en energía tienen el objetivo de alentar la deslocalización industrial en beneficio de nuestro vecino por la prima de rentabilidad que supone el menor precio del kilovatio hora. Un debate de esta naturaleza era realmente impensable cuando fluía el gas ruso por las tuberías del Nord Stream 1 y se preparaba el segundo gasoducto. Europa se ha vuelto dependiente del gas licuado como el estadounidense o los contratos de largo plazo con productores del oriente próximo pero que en promedio suponen un coste mucho mayor. La guerra, con sus consecuencias sobre los precios del combustible se suma a este cuadro.

Desde el atentado de Hamás en Israel el precio del crudo y del gas natural se ha vuelto a disparar por la incertidumbre política internacional y el clima bélico en el oriente próximo. Las dudas sobre las consecuencias últimas de la cadena de atentados en suelo israelí y la reacción punitiva del ejército israelí ha desatado el temor a una extensión del conflicto en la región con una escalada de los precios. El precio del barril de Brent subió ayer el 4,23% fijando un precio de 88,16 dólares. Sin embargo en algunos mercados el precio spot estaba al filo de los 90 dólares. La llegada del inverno boreal va a tensionar más los mercados. La industria alemana, que constituye el verdadero nervio económico del país se ha visto seriamente afectada por la escalada de los precios de la energía y la política energética del vecino francés no es vista con buenos ojos por parte de la coalición de gobierno en Berlín, señaló las fuente diplomática.

El paquete de reformas en materia de energía es amplio. Ya fue debatido inicialmente en marzo, y se volverá a plantear el próximo 17. Entre los temas a debate está el de la subasta de energía que ha sido centro de críticas por parte de varios países por su ineficacia al permitir que el precio final lo marque el marginal, es decir el más alto al cierre de la subasta. Esto ha llevado a que sea la tecnología más cara la que determine el precio ocasionando beneficios extraordinarios a las centrales que operan con tecnologías más baratas o de coste cero como es el caso de las hidroeléctricas. Este es un tema que ha ocasionado fuertes debates en España. Bajo el gobierno del Partido Popular con Jose María Aznar como presidente se llegó a una acumulación del denominado déficit de tarifa, diferencia entre el coste de producción y la remuneración del kilovatio hora, que sigue sin digerir plenamente.

Cada movimiento en el sentido de regular precios acaba generando un déficit de tarifa que acaban pagando los consumidores. El sistema de subsidios con cargo al presupuesto del estado por el contrario es una forma de reparto de la carga más amplio. Algunas empresas del sector abogan por este régimen. Mientras tanto el sistema de subasta será objeto de debate a corto plazo y se levanta de momento como una barrera entre países con criterios encontrados sobre este tema.

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