OPINIÓN

El combate de 'los jefes' defrauda y deja abiertas muchas incógnitas

Alberto Núñez Feijoo
Alberto Núñez Feijoo

No se tra­taba de Astérix y el Imperio Romano sino sen­ci­lla­mente del ejer­cicio dia­léc­tico entre el pre­si­dente del Gobierno y el can­di­dato al tí­tulo, el as­pi­rante Feijóo, del Partido Popular. Empujado por las en­cuestas el can­di­dato lanzó el guante. Una ra­zo­nable vic­toria dia­léc­tica con­fir­maría sus ra­zones para al­canzar el tí­tulo. El de­bate, sin em­bargo, se ha desa­rro­llado por otros de­rro­te­ros.

Los preparadores del candidato conocían la ventaja del tenedor del título para disponer de más tiempo. No importaba, sólo importaba la victoria que parecía segura de antemano.

En el primer y larguísimo asalto el poseedor del título ha contado de modo muy verosímil las dificultades encontradas desde la terrible pandemia hasta la llegada de otra desventura: la inflación.

Dos plagas mortíferas llegadas desde los más profundos infiernos. Gracias a las vacunas, la ciencia de los seres humanos y los sacrificios decretados por los poderes públicos y seguidos por una inmensa mayoría de ciudadanos, los efectos de la enfermedad se han atajado, aunque muchas y muchos no han sobrevivido.

La inflación tampoco es un invento del gobierno Frankenstein de socialistas, podemitas y separatistas catalanes y vascos. Todavía no hay una vacuna y se tardará en encontrar un remedio a la escasez de gas. Putin lanza su “operación militar especial” coincidiendo con la hasta entonces mayor cotización del gas.

No hay vacunas, pero hay que asistir a los más desfavorecidos como se hizo con los ERTES. Descuentos, eso sí pequeños, en los carburantes, subsidios a colectivos en riesgo o más desatendidos, rebajas del IVA. Afortunadamente la ciudadanía no se ha refugiado en sus casas y muchos, muchísimos, se han ido de vacaciones y han llenado hoteles y restaurantes.

El candidato advierte, sin duda con razones, que lo peor está por venir y que el Gobierno del Presidente Sánchez no es la mejor garantía para hacer frente a los males que nos amenazan. Último round, Sánchez contrataca. Es el combate de los jefes de los dos partidos con las máximas aspiraciones y posibilidades de ganar las elecciones.

El aspirante ha reclamado el combate. Llegan los puñetazos del contrincante: "Usted ha acusado al gobierno de forrarse con unos ingresos presupuestarios cuyos beneficiarios son las comunidades autónomas; usted ha confundido la prima de riesgo con los tipos de interés”. Errores de bulto que le descalifican.” Usted, Sr Feijóo, me afea que tome el Phantom en lugar del jet foil para trasladarse de una a otra isla de Las Canarias; hace varios años que este servicio no existe”.

Críticas feroces contra Sánchez y escasos reproches contra un candidato que a tenor de las apariencias no da la impresión de estar muy preparado para ejercer el gobierno de la nación. Necesita, y lo necesita urgente, renovar sus equipos de asesores y sobre todo de enterarse de que España es un miembro de una compleja y sofisticada alianza a la que entramos, cosas de la vida, con un gobierno socialista. Una Alianza democrática y respetuosa con las leyes del mercado.

En mi opinión, el presidente pudo, y quizá debió, estar más contenido limitándose a recordar las afirmaciones de su adversario sin necesidad de reprocharle “ignorancia o mala fe”. En cualquier caso, como hubiera podido decir Unamuno, “en la eternidad y en los profundos” el Sr Feijóo fue a por lana y salió trasquilado.

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