BOLSA

Meliá y NH ante el espejo

Las grandes ho­te­leras del mer­cado es­pañol, Meliá Hotels y NH Hoteles, no acaban de le­vantar ca­beza pese a las po­si­tivas ci­fras que viene arro­jando la in­dus­tria tu­rís­tica este año. Este ve­rano va ca­mino de ce­rrarse con más del doble de vi­sitas de tu­ristas a nuestro país res­pecto a la tem­po­rada ve­ra­niega del pa­sado ejer­cicio con un es­pec­ta­cular au­mento de los gastos rea­li­za­dos.

Solo en el mes de julio, los visitantes internacionales en España se dejaron 11.869 millones de euros en nuestro país con un gasto medio de 170 euros. Esta cifra supone un incremento del 127 % respecto al mismo mes del año pasado. Y en agosto se antojan incluso mejores.

El alojamiento ha representado la principal partida con un 21,1 % del total de este gasto que además ha supuesto un incremento del 131,1 % con una duración media algo inferior a la de julio de 2021 cuando el mundo de empezó a abrir a la movilidad después de la pandemia.

Sin embargo, eso no ha sido suficiente para que las cadenas hoteleras recuperen la confianza. Las acciones de Meliá Hotels han caído del orden de un 5 % durante el mes de agosto para deslizarse hacia los 5,8 euros por acción, por debajo de nuevo de los niveles de comienzo de año. Su gráfico, además, es desolador con una tendencia bajista que apunta a sus mínimos anuales sobre los 5,3 euros.

El aspecto técnico de NH Hoteles es incluso peor. Los títulos de la cadena hotelera han entrado en un preocupante declive con una caída de más del 17 % desde el inicio del mes de julio que le ha llevado a pisar terreno negativo en el balance del año con una caída acumulada del orden del 5,5 %.

Su perfil muestra una clara tendencia bajista, a punto de perder importantes niveles de referencia. De no cambiar su aspecto en breve, y no parece fácil, corre el riesgo de desplomarse por debajo de los 2,5 euros por acción.

El mercado está barruntando así una fuerte caída de la temporada turística a partir de septiembre marcada por la fuerte inflación y la caída del consumo. De hecho, cabe esperar que buena parte de los beneficios producidos con el aumento del gasto turístico se lo hayan comido los elevados costes de la energía.

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