Los ges­tores venden bolsa y deuda eu­ropea a manos llenas co­ti­zando re­ce­sión

Los inversores huyen de los activos de riesgo por el miedo a una 'tormenta perfecta'

China y Rusia se suman a la pre­sión que ejerce la reunión del BCE de esta se­mana

Wall Street.
Wall Street.

Los mer­cados fi­nan­cieros son un pol­vorín en el co­mienzo de una se­mana de­ci­siva que va a marcar el ritmo de los acon­te­ci­mientos a corto y medio plazo. La reunión del jueves del Banco Central Europeo (BCE) de la que ya casi nadie es­pera una subida de tipos de menos de 75 puntos bá­sicos -más la que venga en oc­tu­bre- llega con los in­ver­sores en plena ren­di­ción. La ban­dera blanca ondea en unos mer­cados de deuda y bolsa de­pri­midos sin apenas ca­pa­cidad de reac­ción.

"Ya no son ventas preventivas, sino cierres de carteras en Europa. Tarde o temprano el mercado tenía que ajustar de verdad las valoraciones de bonos y acciones al nuevo escenario de tipos, y ese momento ha llegado", señalan en una gran gestora nacional. En realidad, los inversores están cotizando que habrá recesión en la vieja Europa, y que muy posiblemente no será de corto alcance como en el escenario que intenta dibujar el BCE.

Difícil papeleta la de Christine Lagarde, que no puede bajar ni por un segundo la guardia, pero que al mismo tiempo no puede mandar al mercado el mensaje de que la zona euro -machacada por una inflación por encima ya del 9%- entra en una fase de ralentización económica descontrolada. Esa que lleva a Citi a contemplar dos subidas de tipos de 75 puntos básicos tanto en septiembre como en octubre,

Dicho de otra manera, una parte del mercado no cree que estemos ante una recesión inevitable pero corta. Alrededor de un tercio del mercado prevé que puede tener hasta un año de duración. Con estas cartas sobre la mesa, algunos gestores venden activos de riesgo a toda velocidad y, en algunos casos, advierten de que se está gestando una tormenta perfecta que va a dar un vuelco a las valoraciones.

Baja continua

Que el Ibex 35 haya bajado en 13 de las últimas 14 sesiones -una serie negativa histórica- o que el mercado de bonos haya entrado técnicamente en fase bajista después de unas pérdidas del 20% desde máximos del año pasado son sólo el primer reflejo de un movimiento de extraordinario calado. En el nuevo escenario de tipos de interés al alza, inflación descontrolada, guerra en Ucrania y crisis energética, los niveles de hace apenas dos semanas no estaban justificados.

La realidad es que el momento, de máximo estrés, aboca a los activos de riesgo a una todavía larga travesía del desierto. "Esta semana estamos viendo nuevas restricciones en China por el Covid, todavía muy selectivas, cortes del gas ruso a Europa, subidas del precio del gas natural y del petróleo y la cotización del euro bajo mínimos. La foto fija del mercado da miedo ahora, y creo que nos aboca a meses muy complicados", señalan fuentes bursátiles.

La cuestión es si hay razones para comprar riesgo ahora. En deuda, la consigna es esperar. O mejor dicho, vender emisiones con cupones bajos -lo que está ocurriendo en estos momentos y desde hace ya meses- para adquirir nuevas, con tipos de interés mucho más elevados. El problema es que las que vengan en las próximas semanas serán mucho más atractivas aún, por lo que continuará la marea vendedora a la espera de oportunidades.

La cifra de más de 10.000 millones de dólares perdidos en bonos desde máximos se puede seguir ampliando por lo tanto, mientras en las bolsas la consigna es no intentar coger el cuchillo que cae. "Los inversores no van a tomar posiciones hasta que no se clarifique medianamente dónde va a parar la subida de tipos. Ahora mismo no lo sabe nadie, y eso aboca a la renta variable a un par de meses difíciles", señalan en un gran bróker nacional.

Los mercados entran en un mes de septiembre que se antoja decisivo entonando el sálvese quien pueda. El espejismo de agosto, cuando salvaron bien los muebles agarrados a las frágiles expectativas de que lo peor estaba pasando, no hace sino ampliar ahora el parte de pérdidas. Los gestores se ven obligados a un ajuste mucho más rápido y radical que todavía tiene que pasar una dura factura a los mercados.

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