La nor­ma­li­za­ción de los fletes y las ma­te­rias primas ayu­darán a con­tener los pre­cios

Los bancos centrales juegan al 'monopoly' con su acelerada subida de tipos

Elegir entre re­ce­sión e in­fla­ción, el di­lema de las prin­ci­pales eco­no­mías mun­diales

BCE
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Junto a la guerra de Ucrania, buena parte de culpa de las pre­siones in­fla­cio­nistas en el úl­timo año la han te­nido el ele­vado coste de los fletes y el cuello de bo­tella pro­du­cido en los su­mi­nis­tros, es­pe­cial­mente en mi­cro­pro­ce­sa­do­res, gas, pe­tróleo y otras ma­te­rias pri­mas. Desde el blo­queo del canal de Suez en marzo de 2021 pro­vo­cado por el en­ca­lla­miento del car­guero Even Given, la ca­dena de su­mi­nis­tros ha es­tado muy com­pro­me­tida, pro­vo­cando fuertes ten­siones en los pre­cios.

Un negro panorama que podría estar en un punto de inflexión. Indicadores como el Shifex o el SCFI (Sanghai Containerized Freight Index) que miden el tráfico internacional de contenedores ya empiezan a mostrar un cambio de tendencia en los precios de los fletes marítimos. Estos índices están registrando fuertes descensos superiores al 50 % desde máximos para colocarse en sus niveles más bajos desde el inicio de la pandemia.

Este retroceso viene marcado por la mayor debilidad del comercio mundial como consecuencia del deterioro económico provocado por el endurecimiento de las políticas monetarias de las grandes economías mundiales que está generando, a su vez, un frenazo de las exportaciones y, por tanto, en el transporte marítimo.

De continuar esta tendencia, apuntan los especialistas, el desequilibrio provocado sucesivamente por el encallamiento del Ever Given o el cierre del puerto de Sanghai por la agresiva política china de covid cero podría empezar a normalizarse en breve. Conforme vayan desapareciendo los cuellos de botella, que han afectado seriamente a los precios, cabe esperar una progresiva reducción de los problemas de congestión en los principales puertos del mundo. Eso permitirá reducir los tiempos de tránsito en las rutas y recortar aún más los costes.

Factores que contribuirán a la reducción de los precios de los fletes hacia niveles previos a la aparición de la covid. Este descenso no es baladí. El notable alivio en los costes, en especial para el sector industrial tendrá una repercusión directa en los precios y de rebote en la inflación.

Precio del crudo, del gas y de los cereales

A esta contención de las tensiones inflacionistas se podría unir una previsible moderación del precio de la energía. Pese a las amenazas de la OPEP+ de recortar la producción, el precio del crudo sigue en pleno retroceso. El barril de Brent ya se paga en torno a los 90 dólares. Cotización que se no veía desde el pasado mes de febrero, justo antes de iniciarse la guerra en Ucrania.

El gas, aunque sigue caro en las inmediaciones de los 200 euros megavatio/hora, se mueve ahora muy por debajo de los máximos de 346 euros en los que llegó a pagarse a finales de agosto. Todo apunta a que esos exagerados precios tras la escalada provocada por las restricciones de Rusia ya no se volverán a ver.

Desde este punto, una vez que el invasor ha recortado cerca de un 80 % el flujo de gas a Europa, no caben muchas más sorpresas negativas. Según los expertos cabe espera un período de mayor estabilidad; al menos hasta la próxima primavera, cuando los países europeos tengan que volver a reponer sus reservas.

A esta mejora se une también una cierta normalización del resto de las materias primas desde los metales a los cereales. Todo ello gracias a que la disminución en las presiones en la cadena de suministro.

Endurecimiento de la política monetaria

Si esta menor presión sobre los precios se confirma en los próximos meses, algunos analistas empiezan a preguntarse si se puede estar produciendo un exceso de contención en las medidas restrictivas en política monetaria por parte de los grandes bancos centrales. Después de tardar en reaccionar ante los primeros signos inflacionistas a finales del año pasado, ahora se corre el riesgo de inclinar demasiado la balanza hacia el lado contrario.

La Reserva Federal, tras la reciente subida del 0,75 % de la última reunión hasta el rango entre el 3 %y el 3,25 %, parece que tiene intención de acabar el año con las tasas del orden del 4 %. Niveles que no se veían desde 2007, antes del estallido de la burbuja financiera y con la intención, además, de mantenerlos así el tiempo necesario. Aunque sin llegar tan lejos, algo parecido podría ocurrir también en el Reino Unido y la zona euro.

Los principales gobernadores de los bancos centrales estarían así jugando con fuego en un bosque seco. Las fuertes restricciones monetaria con el objetivo de reducir la inflación al 2 % por la fuerza podrían ser ahora contraproducentes por cuanto abocan hacia la recesión a las principales economías del mundo. Los analistas recuerdan que el aumento de las tasas tendrá un efecto en cadena, como fichas de dominó, sobre la economía global cuyo aterrizaje puede ser mucho más brusco y duro de lo esperado.

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