OPINIÓN

Los españoles responden y aceptan el recorte en calefacción y aire acondicionado

Sánchez, controlado.
Sánchez, controlado.

Una carta de un lector de El País se queja hu­mil­de­mente de los te­lú­ricos no­ti­cieros te­le­vi­si­vos. Los te­le­dia­rios, TVE in­cluida, solo ofrecen se­riales de desas­tres, re­trasos en los ter­mi­nales fe­rro­via­rios y aé­reos, un nú­mero cre­ciente de aho­gados en las playas o las me­teó­ricas subidas de un 5% en los li­bros de texto de los es­co­la­res.

Carta, igualmente humilde, lamenta la ruptura de los dos Madriles, elegante y bien cuidado el uno y sucio y municipalmente destartalado el otro. Pavimentos destrozados. Soy vecino del Barrio de las Letras y testigo ocular de esa denuncia. Aquellos adoquines, financiados por la UE y que constituirán el solado de las calles de Cervantes, Lope de Vega o Las Huertas, procedían de Rumanía como comprobé al leer el rótulo de los contenedores.

Seguramente estaban pensados para vías de escaso tráfico y no para el ajetreo de camiones de reparto. Dos buenos tropezones y el cambio del bastón por una sólida muleta.

La ciudadanía responde a las adversidades y se comporta solidariamente. Alguna excepción aislada. Autobús Tirso de Molina-Diego de León. Asientos reservados para ancianos y lisiados. Señora, de unos cincuenta años, sentada, un adalid que defiende su fortaleza. Y la defiende “porque le da la gana”, no se levanta, claro.

Camino apoyado en mi muleta por la avenida peatonal de la playa de Vista Hermosa (Puerto de Santamaría) y trato de escalar el pequeño terraplén de arena que han formado los temporales. Una caritativa mano anónima y ya estoy arriba. Apenas he dado las gracias cuando la señora que ha dirigido el salvamento me trae una silla y en seguida otra para mi mujer. Gentes de Jerez que han ido a pasar el domingo a la orilla del mar.

Regreso a Madrid en el AVE. Un incendio del que no se divisan las llamas provoca un buen retraso. No hay servicio de ayuda en el andén. Dos viajeros nos ayudan a bajar los carros de mano y nos acompañan, pese a nuestras “quejas,” hasta la estación de cercanías.

Dos amables andaluces sin prisas y solidarios que a la mañana siguiente subirán a un avión para recorrer los fiordos noruegos. Uno de ellos empleado de Renfe en Sevilla dice estar avergonzado por el fallo del Servicio de Atención al viajero. Instalados de nuevo en la Sierra madrileña charlas con otros vecinos que sacan al perro a pasear.

Comentarios sobre el Decreto de bajada del aire acondicionado y la calefacción. No hay unanimidad sobre su cumplimiento, pero nadie contesta cuando se dice que se vive mejor que nunca con el aire a 27º y la calefacción a 19. Pegunten a sus abuelos.

Nadie daba un chavo cuando la prohibición de fumar en los bares o respetar los pasos de cebra. En el transporte público madrileño la ciudadanía es regla. Mujeres y hombres de todas las edades respetan los asientos reservados.

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