La de­pen­dencia del mer­cado nor­te­ame­ri­cano es má­xima, con la li­quidez dis­pa­rada

Decepcionadas, las bolsas europeas tiran la toalla y se encomiendan a Wall Street

Los mer­cados eu­ro­peos acu­mulan pér­didas entre el 10% y el 25% en el año

Wall Street.
Wall Street.

Finalizada la pri­mera mitad del mes de sep­tiem­bre, mes que re­pre­senta la vuelta a la plena ac­ti­vidad en los mer­cados tras el largo parón ve­ra­niego, las bolsas eu­ro­peas están ofre­ciendo su cara más en­de­ble. Tocados, pero to­davía no hun­didos por la subida de los tipos de in­terés hasta el 1,25% que sólo es el úl­timo paso hacia la cota del 2% este mismo año, los ín­dices eu­ro­peos si­guen su par­ti­cular ca­mino ba­jista en este muy com­pli­cado 2022.

La sensación de impotencia que producen las bolsas europeas va en aumento. Por un lado, los grandes fondos mundiales están rebajando poco a poco el peso que asignan a las bolsas del viejo continente. En este escenario, el vuelo contínuo hacia la liquidez que se observa en todos los mercados mundiales es especialmente importante en Europa, donde según la última encuesta de Bank of America, el 86% de los gestores apuesta por una recesión.

La mitad de los gestores creen que vienen nuevas caídas en las bolsas europeas, que este año acumulan ya pérdidas que se sitúan entre el 10% y el 25%. “No es nada descabellado pensar que las caídas se puedan doblar a medio plazo. La gran corrección está por llegar, porque todo hace indicar que viene por delante un período largo de inflación muy alta, ralentización económica y más alzas de tipos de interés”, señala un reputado gestor de una gran firma nacional.

Con estos condicionantes, todos los ojos de los agentes del mercado se vuelven hacia Wall Street. La bolsa estadounidense siempre ha sido el santo y seña de los índices mundiales, pero la dependencia que ahora genera es extraordinaria. Los analistas creen que las bolsas europeas, que siguen abatidas por una subida de tipos que ha llegado tarde, han perdido autonomía y están en manos de la evolución del Dow Jones o el Nasdaq.

O, lo que es lo mismo, de cómo cotice Wall Street la cruda realidad que se avecina. A mediados de la semana que viene, la Reserva Federal se reúne para decidir una subida de tipos que una parte significativa del mercado empieza a valorar en 100 puntos básicos. Una auténtica barbaridad a estas alturas de la película, porque la inflación no da tregua y no hay datos de precios mínimamente tranquilizadores que permitan bajar la guardia.

Subida de tipos

Los índices estadounidenses van a llegar a la cita con caídas acumuladas este año entre el 15% y el 25%, con el ciclo de subidas de tipos muy adelantado respecto a la zona euro. Pero las cosas se pueden poner mucho peor. En el escenario más grave, en el que la ralentización económica llevase la tasa de desempleo estadounidense hasta el 6%, Goldman Sachs cree que el S&P 500 podría caer hasta un 27%. Un desplome en toda regla.

La sensación de miedo avanza. El ‘profit warning’ del gigante estadounidense de la mensajería Fedex conocido el pasado viernes es sólo el último aviso de que en el mercado se está cociendo a fuego lento un ajuste violento. Mientras, Europa mira al otro lado del Atlántico con recelos crecientes, porque la sombra de la recesión es cada vez más alargada y, sobre todo, porque crece la sensación de que no se han hecho los deberes a tiempo.

Una subida de 100 puntos básicos de los tipos de la Fed metería una presión brutal al Banco Central Europeo (BCE), que puede llegar a la reunión de octubre rendido a la evidencia de que le queda casi todo el trabajo por hacer. Y abocaría a las bolsas de la zona euro a un ajuste que puede ser severo. Con los gestores en plena retirada hacia las muy confortables posiciones de liquidez, toca confiar en que el constipado de Wall Street no pase a mayores.

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