OPINIÓN

Sánchez, a punto del 'yo también tengo problemas con los bancos' de Suárez

El pre­si­dente del Gobierno re­toma la ini­cia­tiva po­lí­tica, tras el fiasco an­da­luz, a costa de las em­presas ener­gé­ticas y la banca

Pedro Sánchez, pte. Gobierno.
Pedro Sánchez, pte. Gobierno.

Pedro Sánchez ha vuelto a dejar con el paso cam­biado a la ma­yoría de ter­tu­lianos y opi­na­dores de todo tipo que hay en este país. La mayor parte es­pe­raban que tras el va­ra­palo de las elec­ciones an­da­lu­zas, el PSOE fuera es­co­rán­dose al centro y ale­ján­dose del perfil más ex­tre­mista de Podemos, para es­ce­ni­ficar una rup­tura con sus so­cios de Gobierno cuando pu­diera causar mayor im­pacto al elec­to­rado, y acer­carse lo más po­sible al centro po­lí­tico. Sinceramente yo tam­bién es­pe­raba lo mismo.

Pero resulta que no, que una vez más Sánchez nos ha dejado clavados en la parrilla de salida de la carrera y el lleva ya un montón de metros recorridos en solitario y va cogiendo ventaja al resto de competidores, que se han quedado otra vez de piedra con la nueva finta del presidente.

Otra finta a los rivales

Sánchez, que al parecer juega al baloncesto, debía ser un fenómeno en hacerles fintas a sus rivales deportivos, para con el amago superar sus posiciones y marcar. Desde luego, desde que está en política no deja de utilizar esta técnica. Si lo meditamos un poco, es básicamente lo que suele hacer casi siempre que tiene problemas, ponerle audacia, mucha audacia y valor para la pelea, pero también desfachatez, mucha desfachatez para decir algo totalmente opuesto a lo que decía antes sin inmutarse ni alterarse.

Lo hizo cuando en vez de retirarse como todos esperaban cuando la vieja guardia le hizo dimitir de secretario general de los socialistas, se cogió el coche y se fue a recorrer España a la caza de partidarios y tras currárselo a conciencia terminó regresando en olor de multitudes. También cuando se abrazó emocionado con Pablo Iglesias y negoció con Podemos el primer Ejecutivo de coalición de la democracia española, apenas unos pocos días después de haber dicho que no podría dormir tranquilo con el entonces líder de la formación morada de compañero de viaje. Hay muchos más ejemplos si se quieren buscar, por ejemplo el contraste de sus opiniones sobre los partidos nacionalistas según en qué momento, pero estas son más que suficientes.

Y ahora ha vuelto a hacerlo. Probablemente en su análisis y el de sus más íntimos asesores han llegado a la conclusión que destituido Pablo Casado en el Partido Popular, el centro sociológico lo está acaparando a manos llenas el nuevo PP de Alberto Núñez Feijóo, a punto de comerse a Ciudadanos, y que sigue marcando toda la distancia que puede con Vox.

Búsqueda del centro izquierda

Por esto, es por lo que probablemente Sánchez pensó tras el fiasco andaluz que había que buscar otro espacio donde comenzar a picar piedra de cara a las próximas elecciones generales, a la vista en año y medio, y todavía mucho tiempo para dar la vuelta a todo, incluso a las encuestas aunque la mayoría de ellas coincidan ahora y le sean profundamente adversas.

Y por lo que parece y ya hay muchas pistas para poder pensarlo, la opción elegida de arranque es picar a la izquierda, pero no contra Podemos, sino con el nuevo Podemos, que llamándose de esta o de otra forma, encabezará la actual vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Será un partido mucho más moderado que el que era con Iglesias y que junto al PSOE de Sánchez, por supuesto sin perder del todo al ala más centrista, podrían optar a ese espacio político donde todas las encuestas han dicho siempre que se encuentra la mayoría del pueblo español, en un espacio de centro izquierda moderada, aunque lo de moderada no termine todavía de casar del todo.

Nacionalistas en la recámara

Pero además, por si eso no fuera posible por el empuje centrista de Feijóo, que va como una moto, siempre estarían disponibles en la recámara los nacionalistas catalanes y vascos que le han apoyado y que le siguen manteniendo en el poder, y a los que en los últimos tiempos el Gobierno está tratando con un guante blanco exquisito.

De hecho, conviene recordar para el futuro que la moción de censura que sacó a Mariano Rajoy de Moncloa se ganó con el menor número de diputados del PSOE en su reciente historia, los 85 escaños de 2016, y que pese a ello las cuentas salieron. Aunque por supuesto han cambiado muchas cosas desde entonces, los ‘socialistas’ han cogido impulso y se han fortalecido desde el Gobierno, igual que los ‘populares’ tras el relevo de Casado y su sustitución por Feijóo. Mientras tanto, Ciudadanos prácticamente ha desaparecido y Vox es un actor que ahora cuenta.

Y quizás por todo esto Sánchez ha salido en tromba por donde ha encontrado un hueco, que no es otro que los grandes beneficios de algunas empresas y de sus líderes y el gran poder que estas compañías del IBEX 35 ostentan actualmente en la sociedad española. Un hueco que dará votos, seguro, aunque con un alto componente oportunista y también populista. Qué ganará sí o sí, ya que se trata de escenificar un enfrentamiento con unas empresas que lo último que quieren es enfrentarse al Gobierno, que no olvidenos es el dueño del BOE, y cuyo pragmatismo las hace rechazar siempre peleas estériles, en las que tienen mucho que perder y nada que ganar.

Poner cara a los que suben precios

Con un país a punto de estallar por una inflación de más del 10% en parte disparada por la crisis energética, y recientemente hasta con subidas hipotecarias por la nueva política de tipos de interés del BCE, les ha declarado la guerra a algunas de las empresas que suben los precios a los ciudadanos. En realidad les ha puesto cara, que es lo que buscaba para retirar la suya y la de su Gobierno.

Energéticas y bancos han sido los elegidos para imponerles nuevos impuestos que pretenden recaudar 7.000 millones de euros en dos años, con el veto a que los repercutan en la factura de los consumidores. El Gobierno justifica la medida por la espiral inflacionista, que a su juicio, está provocando que estas grandes compañías energéticas estén obteniendo “beneficios caídos del cielo” porque producen electricidad a un coste mucho menor del precio al que cotiza el mercado, que es el precio final. El propio Sánchez ha declarado que igual que el Gobierno ha ingresado más de 15.500 millones extras en tributos por la inflación, estas grandes empresas y bancos deben aportar más de sus beneficios extraordinarios para dedicar esos fondos en justicia social y solidaridad. Podemos aplaude

Podemos, como no podía ser de otra forma, ha recibido el alza impositiva a esos sectores empresariales con una alegría desbordante, como no podría ser de otra forma, y por primera vez en mucho tiempo aplaude la decisión y parece que vuelve poco a poco el “feeling“ entre los socios del Gobierno.

Por su parte, la banca y estas empresas han protestado bastante más que otras veces, generalmente por medios indirectos y por esos terminales mediáticos a los que alguna vez se ha referido el propio Sánchez, aunque en esta ocasión, quizás por la coincidencia de la medida con la presentación de resultados, algunos líderes empresariales de primera magnitud han llegado a criticarla publicamente.

Lo que lejos de amedrentar al presidente, le ha vuelto a dar titulares de los que busca y que saben que una gran mayoría de españoles festejará aunque no sean votantes suyos ni compartan sus políticas. Y no ha tardado ni un segundo, como ya hizo hace poco refiriendose al IBEX 35, en declarar que si la presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, o el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, protestan, “es que vamos en la buena dirección“.

Réditos de luchar contra los poderosos

Enfrentarse con los poderosos siempre te engrandece, incluso aunque seas el presidente del Gobierno, y eso es lo que está haciendo Sánchez ahora mismo. Los consejos de administración de estas grandes empresas y bancos como Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol, Santander o CaixaBank, entre otros, perciben ingresos millonarios que son difíciles de entender para un gran número de ciudadanos, que además han visto asombrados como importantes políticos retirados de la talla de hasta un Felipe González, entre otros muchos de todos los partidos, han terminado sentándose en esos sillones. Y si a esto le añadimos que sus beneficios no dejan de mutiplicarse, pese a la durísima crisis actual, pues ya tenemos un escenario perfecto para empezar a dar caña y recibir aplausos.

Sin ningún género de duda el presidente y el Gobierno han retomado la iniciativa después del duro golpe de las elecciones andaluzas y se van de vacaciones más animados, pero el resto rearma sus estrategias y ya veremos que pasa a la vuelta del periodo estival.

Eso si, como estos movimientos empiecen a rendir frutos en las encuestas, puede que estemos a punto de que Sánchez reedite dentro de nada aquel viejo lema electoral y pegatina del extinto Centro Democrático y Social (CDS) fundado por Adolfo Suárez que decía “yo también tengo problemas con los bancos“….

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