OPINIÓN

¿Por qué España no busca su soberanía energética y alimentaria como China?

El em­pre­sario Luis del Rivero pro­pone un plan a 25 años para au­mentar el re­gadío y com­batir el cambio cli­má­tico

Infraestructuras españolas
Infraestructuras españolas

El Gobierno chino ha anun­ciado el co­mienzo de las obras de cons­truc­ción de un canal abierto de 1.400 ki­ló­me­tros, el mayor del mundo, que irá desde la presa de las Tres Gargantas hasta Pekín y Shangai. El este y el sur de China tienen un ex­ce­dente de agua, mien­tras que el no­reste se en­frenta a una grave es­casez y lo que busca esta ini­cia­tiva casi fa­raó­nica es llevar agua a las zonas ári­das.

Con un presupuesto de casi 9.000 millones de dólares y un plazo de realización de diez años, la idea del Gobierno chino es que, además de luchar contra la sequía y el cambio climático, esta infraestructura consiga reactivar la economía y convertir 570.000 km 2 de terreno baldío, el tamaño de Chile, en tierra cultivable, lo que podría aumentar la producción anual de alimentos de China en casi 600 millones de toneladas, que, para dar una idea de la cifra, es actualmente la misma cantidad de alimentos que produce Estados Unidos.

Por si fuera poco esta iniciativa, el principal órgano de planificación económica de China anunció, apenas hace dos meses, un programa de expansión y crecimiento de la energía nuclear en los próximos años para alcanzar una capacidad instalada de energía nuclear de 70 millones de kilovatios en 2025, frente a los 49,89 millones actuales. China tiene cerca de 50 centrales nucleares en activo y un ambicioso programa de construcción de nuevas plantas.

Y hay todavía más. El país asiático ha cuadruplicado hace poco sus planes de almacenamiento de energía hidroeléctrica y también apuesta de forma decidida por bombeos reversibles para crear grandes almacenamientos de electricidad.

Si pensamos qué hay detrás de todo esto, y es algo de lo que cada vez vamos a oír hablar más tal como van las cosas por el mundo, encontraremos dos conceptos: soberanía energética y soberanía alimentaria.

China, un ejemplo de planificación

China no debería ser nunca un ejemplo para Occidente, pero en asuntos de planificación lleva años convirtiéndose en infalible. Por ejemplo, su dominio sobre los minerales que serán estratégicos en el futuro o lo son ya, las llamadas tierras raras, con más del 60 por ciento de cuota de mercado mundial en este tipo de minería.

Y mientras los chinos planifican y ejecutan, qué hacemos en Occidente. Pues planes y planes de dificilísima concertación, normalmente por el alto número de actores. Da igual que hablemos de la UE o de España y sus regiones, generalmente se logran solo parches mejor o peor colocados, que acotan o recortan los problemas, pero que desgraciadamente no suelen arreglarlos.

Cuántos años hace que hablamos de sequía en España, de embalses vacíos, de cortes de agua, de incendios masivos, de un proceso de desertización que parece imparable por el cambio climático. Y la solución, o una buena parte de ella, es de sobra conocida y nos recuerda a lo que hablábamos de China. En una parte de España desde siempre ha sobrado el agua y se tira, y en otra falta, y además ya se están acabando los numerosos métodos que con gran éxito se fueron inventando para conseguirla o aprovecharla mejor.

Trasvase de cuencas

Los expertos de verdad hace años que consideran imprescindible elevar los almacenamientos y sobre todo efectuar trasvases de cuencas, pero la configuración autonómica los ha impedido hasta el momento, a veces con mucha virulencia y siempre desde la insolidaridad y la falta de una idea común. La desalación por la que apostó Zapatero parecía cierta solución aunque insuficiente, ya que sigue siendo cara y además está infrautilizada en las zonas del interior por la inexistencia de conexiones, y solo se usa realmente en la costa y en las islas.

Y si a todo esto le añadimos la nueva filosofía que emana del concepto de la España vaciada, que ya está en el Congreso y en los Parlamentos regionales, de que si los bosques no se cuidan con ganado o con personas se queman, de los pueblos vacíos, de las cientos de miles de hectáreas de cultivo que acaban siendo parques termosolares o eólicos, entre otras muchas cosas, pues llegamos a una conclusión que nos lleva a lo que hablábamos de China y que paso a detallar.

Pensar a largo plazo

Primero, hace falta mucha más planificación. Segundo, pensar en el largo plazo no en el corto como los políticos que sufrimos. Y tercero, hace falta solidaridad entre regiones y proyectos ilusionantes, capaces de unirnos a todos en objetivos comunes, como pueden ser la lucha contra la desertización y la soberanía energética y alimentaria de España. Casi nada, en resumidas cuentas, lo de China. Pero atención, hay que conseguirlo por consenso, aunque cueste más, sin las imposiciones de un régimen estalinista cuando le conviene, como es el caso del país asiático.

Para ello hay que tener los proyectos, convencer, ilusionar y trabajar mucho. Por ello, voy a contarles una iniciativa que iría directamente contra los problemas que se han ido relatando en este artículo. El exministro de Agricultura, Jaime Lamo de Espinosa, presentó a finales del pasado año en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, la conferencia que pronunció el ingeniero de caminos y empresario, Luis del Rivero, sobre lo que podría ser el futuro de los regadíos y de la energía en España, utilizando como experiencia los 40 años que lleva en explotación el trasvase Tajo-Segura.

Luis del Rivero, ex presidente de Sacyr Vallehermoso además de empresario agrícola de éxito en el levante español, y que siempre ha tenido mucho de visionario, apostó en su intervención por un ambicioso proyecto que buscaría revertir los efectos del cambio climático así como la independencia energética y alimentaria de España. Pero antes quiso hacer una pequeña referencia histórica sobre la política del agua desde los tiempos de Jovellanos, que no voy a hurtar al lector aunque me extienda en exceso.

Regeneracionismo español

Del Rivero, gran defensor del regeneracionismo español, alabó la figura de Joaquín Costa y sus seguidores, como Rafael Gasset, varias veces ministro de Fomento. A su juicio, las ideas de Costa llegan al poder con la dictadura de Primo de Rivera y su ministro, Rafael Benjumea Burín, quien se apoya para ponerlas en marcha en Manuel Lorenzo Pardo, figura imprescindible en aquellos tiempos por el éxito de sus actuaciones en los regadíos de Aragón. Lorenzo Pardo propone la creación de las Confederaciones Hidrográficas como asociaciones público-privadas y Benjumea le encarga la primera de ellas, la del Ebro, y es entonces cuando Pardo tiene una idea genial, la de establecer el concepto de los embalses hiperanuales, y proyecta el pantano del Ebro.

Tras la caída de la dictadura y la llegada de la Segunda República, Indalecio Prieto, como ministro de Fomento, hace suyas las ideas de Lorenzo Pardo y descubre en los regadíos del Levante un motor para la prosperidad de España y le encarga un Plan Nacional de Obras Hidráulicas. En 1932, Clemente Sáenz expone la idea de conectar en los Montes Universales las cuencas del Tajo y el Júcar, utilizando el futuro embalse de Alarcón del Júcar como regulación de los envíos al Segura, idea recogida en el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1934.

Un poco de historia

Tras la guerra civil, se encarga un Plan Nacional de Obras Públicas para reconstruir lo devastado por la contienda y también el viejo Plan Nacional de la República de 1933, para lo cual se necesitaban los proyectos de los hiperembalses de Entrepeñas y Buendía, en el Tajo, y del Cenajo, en el Segura.

Para Luis del Rivero esta reseña histórica es fundamental, ya que pone de manifiesto que los directores de estos grandes proyectos colaboraron tanto con la Monarquía como con dictadura de Primo de Rivera y con la Segunda República, el régimen de Franco y, posteriormente, con la democracia.

A su juicio, todos estuvieron unidos por el interés superior de la idea de la reconstrucción de España y del fomento de las obras hidráulicas y de los riegos. No quiso olvidar el empresario a otras figuras necesarias de la transición como los ministros Joaquín Garrigues y José Borrell e incluso a intelectuales de la talla del ingeniero de caminos y escritor, Juan Benet.

Pero ya toca pasar a las propuestas concretas. Según Luis del Rivero, todas estas políticas hidraúlicas han hecho que hoy dispongamos de 3,8 millones de hectáreas de riego y de haber pasado de una capacidad de embalse de 2.000 hectómetros cúbicos a 56.000. Hoy en día se miden con precisión las aportaciones de los ríos nacionales por la existencia de las presas construidas en sus cauces y hay un pool de distintas energías bastante equilibrado, entre hidráulica, nuclear, eólica, fotovoltáica y termosolar.

Además, estamos en la UE, un mercado de 465 millones de personas, el mayor del mundo, estando además España dotada, a su juicio, de unas capacidades agronómicas extraordinarias.

Asimismo, hay muchas desaladoras construidas y se captan grandes recursos de aguas subterráneas de forma equilibrada, sin embargo estamos en medio de un cambio climático que nos obliga a limitar por ley los gases de efecto invernadero. Los consumos reales netos de los ríos de España suman 20.000 hectómetros cúbicos, de los cuales 15.000 pertenecen a la agricultura.

Un ambicioso plan en dos etapas

A partir de estos números, Del Rivero expone dos hipótesis ambiciosas para llegar a la utilización de 50.000 hectómetros cúbicos adicionales de agua en la agricultura española, que serían más del doble del consumo actual. Para ello, propone aprovechar los ríos de España como se aprovecha el Segura, algo que hoy en día es técnicamente posible, y hacerlo en dos etapas.

Una primera etapa de 26.000 hectómetros cúbicos de esos 50.000 de todo el plan, de los cuales 2.000 serían procedentes de la desalación y en su conjunto con transferencia de cuenca de 6.000 hectómetros cúbicos. Con ello se podrían poner en regadío hasta 5,2 millones de hectáreas adicionales, que darían un total de 9 millones de hectáreas sobre una superficie cultivable en toda España de 16 millones.

El plan propuesto contaría con una segunda etapa para realizar 25 años después de estar en marcha el primer programa, y sería para llegar a obtener otros 25.000 hectómetros cúbicos adicionales. No obstante, para ello ya serían necesarios cambios muy profundos del sistema energético nacional, de las concesiones eléctricas, hidráulicas, más energía nuclear de la actual, entre otras muchas iniciativas. En palabras de Lamo de Espinosa, se trata de un sueño casi utópico, muy afín a Costa, que llevaría a España a poner en riego hasta 16 millones de hectáreas. Y con ello, por supuesto, se alcanzaría la independencia energética y también alimentaria de nuestro país.

Dice Del Rivero que, además, una buena parte de la financiación de estos planes podría obtenerse de los fondos europeos para reducir las emisiones de CO 2 ya que las nuevas hectáreas dedicadas a la agricultura absorberían una gran parte de las emisiones totales emitidas por España.

Impacto total en la economía

Por seguir imaginando, pensemos en los tremendos efectos que estas políticas tendrían en la economía y la población de España y su impacto sobre el PIB, la deuda, el empleo, las pensiones, la recaudación fiscal por IRPF, impuestos de sociedades e IVA y hasta en el reto demográfico.

La proyección estadística de Del Rivero nos revela que la primera etapa del plan igualaría nuestra renta per cápita con la de Francia y superaría a la de Italia. La segunda etapa nos igualaría a Alemania, y en habitantes a Reino Unido, Francia e Italia. Realmente parece un sueño, pero con planificación, coraje, trabajo y unidad ¿por qué no va a estar a nuestro alcance?....

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