OPINIÓN

Aviso a navegantes del BCE y de la Fed: todo está bastante peor de lo que parece

El au­mento de la in­fla­ción y la caída del euro frente al dólar ha obli­gado a ac­tuar con con­tun­dencia

Eurozona
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El Banco Central Europeo (BCE) ha que­rido mandar un men­saje muy rudo y claro a los man­da­ta­rios eu­ro­peos, que viene a sig­ni­ficar que la si­tua­ción eco­nó­mica es bas­tante peor de lo que mu­chos de ellos creen y cuentan a sus ciu­da­da­nos, y España no está al margen de estas re­co­men­da­cio­nes. Y no se ha que­dado solo. La Reserva Federal nor­te­ame­ri­cana co­no­cida como la Fed) ha res­pon­dido de in­me­diato y este miér­coles subía de nuevo su tipo de in­terés un 0,75%, la se­gunda subida en poco tiempo y la mayor en dé­ca­das.

Sin duda, el aumento de la inflación y la caída del euro frente al dólar están en el centro del problema. Ambos hechos han obligado al BCE a actuar con esta contundencia. Y es que en estos momentos si la autoridad monetaria tuviera que elegir, se decantaría antes por frenar el crecimiento y provocar una recesión con tal de frenar la actual espiral inflacionista. La respuesta de la Fed es obligada y no solo para la lucha contra la inflación sino para defender al dólar, cuya revalorización beneficia a la economía norteamericana.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, dijo que el Consejo de Gobierno de la institución alcanzó un rápido consenso en elevar los tipos de interés en 50 puntos básicos, lo que significaba el doble de lo anunciado días antes, y añadió que la decisión era una respuesta directa y necesaria a la evolución negativa de la situación macroeconómica en Europa.

Más subidas a la vista

Se trata de la primera subida de tipos de interés desde 2011 y con toda probabilidad no será la última del año, según indican los analistas consultados. Es más, aunque el organismo no dice nada más y solo habla de una “senda de normalización de la política monetaria que continuará en futuras reuniones de la entidad”, así de retórica es la frase, las mismas fuentes dan por hecho que no sería descartable otra subida similar a la que se ha producido ahora en septiembre, hasta el 1%, y que en función de cómo evolucione la actividad económica, se produzca hasta una tercera subida de tipos en diciembre, que podría dejar el precio del dinero en el 1,5% antes de que acabe el año.

Y esto ya si que serían palabras mayores y munición de grueso calibre aplicada a la economía europea, con la intención de rebajar la inflación al 2% a medio plazo, objetivo de la entidad europea con sede en Fráncfort. Hay que tener en cuenta que los precios registraron en el mes de mayo un aumento del 8,6%, hasta cinco décimas más que en el mes anterior, debido sobre todo al incremento del coste de la energía y de los alimentos, marcando su máximo desde que hay registros.

Nuevo instrumento

Pero además, el BCE hizo la pasada semana otro anuncio de importancia referente a la política monetaria, el llamado mecanismo antifragmentación, denominado oficialmente como Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI, por sus siglas en inglés), que en el fondo abre una nueva línea para poder comprar deuda soberana de los países y evitar que sus primas de riesgo se disparen, aunque esté dirigida a los bonos que sufren un repunte injustificado de los intereses en el mercado.

El BCE ha dicho que no habrá restricciones en las compras que se hagan por este nuevo instrumento, pero como siempre pasa en todas las noticias, también hay una cara b, que es que las citadas compras estarán sujetas a cierta condicionalidad. Esto, dicho sencillamente, significa que para que te ayuden habrá que cumplir los requisitos de estabilidad fiscal y macroeconómica y hacer las reformas que considere necesarias la autoridad monetaria europea.

Esto de cumplir los compromisos y evitar los desequilibrios en la deuda y las políticas económicas, debería agradarnos y ser la mejor noticia para los ciudadanos. Pero como algunos vamos siendo ya mayores, sabemos que los políticos suelen saltarse este tipo de normas y que intentan solo cumplir lo que les beneficia y dejan la parte que les perjudica para los que les sustituyen, y eso nos da bastante miedo en la coyuntura económica actual. Así que confiemos en que se puedan sortear las dificultades, aunque nunca se puede descartar que estemos a las puertas de otra grave crisis de deuda soberana como la ocurrida en 2012, y que afectó de lleno a países periféricos como Grecia, Portugal e Irlanda, que tuvieron que ser recatados por la Unión Europea y que también nos impactó de lleno en España. Crisis a las puertas Es obvio, aunque n o se diga abiertamente, que este nuevo instrumento, TPI, es el que se reserva el BCE por si a los inversores les da otra vez por vender deuda soberana y se organiza otra crisis que ya se atisba a las puertas, pero que todavía no está aquí y que ojalá pueda evitarse.

Pero no será fácil, las derivadas de la guerra en Ucrania son muchas y la mayor parte de ellas letales. La crisis energética y la inflación tienen rota a Europa en su conjunto. Alemania está cambiando sus dogmas económicos a toda velocidad pero son tantos sus errores que quizás no tenga tiempo. Italia, con una grave crisis política de imprevisibles consecuencias, puede convertirse en un auténtico polvorín si alguien prende la mecha. De hecho, se está disparando su prima de riesgo. Y por estos lares, tenemos el grave problema de que estamos en un año preelectoral, lo que suele desquiciar tanto a los gobiernos como a los partidos de la oposición y hace muy difícil o imposible los acuerdos de fondo, que serían los realmente necesarios. Sin duda, tenemos un Gobierno que quiere seguir, lo que es lógico y legítimo, pero que probablemente por ello no se ciña a la ortodoxia económica y gaste más de la cuenta.

Peligro, año preelectoral

Bueno, realmente ya lo está haciendo, acaba de elevar el techo de gasto de los próximos Presupuestos en casi 2.000 millones de euros y ya se aproxima peligrosamente a los 200.000 millones, lo que indica que en lugar de recortar gastos como se nos recomienda, lo que se hará será incrementarlos y elevaremos nuestro endeudamiento con la excusa de incrementar el gasto social.

Seguro que Europa está espectante de ver que sucede con nuestras pensiones, si finalmente, se indexan al IPC como todo parece indicar. De momento ya se han transferido 20.000 millones a la Seguridad Social para revalorizarlas conforme a la inflación y parece que los pensionistas no estarán finalmente incluidos en ningún pacto de rentas.

Aunque con cifras récord de deuda y déficit y en un escenario inflacionista la política de gasto expansivo va contra todas las recomendaciones, los políticos tienen la mala costubre de intentar perpetuarse en el poder y si para ello tienen que elevar el gasto público, pues lo elevan pensando, seguro que con la mejor intención, que ya habrá tiempo para recortarlo despúes. Y esto no es algo únicamente de España, ni de derechas o izquierdas. Sucede en todo el mundo desde siempre.

En fin, esperemos que la sangre no llegue al río y que el Gobierno sea serio y disciplinado, aunque no le convenga. Y que la oposición colabore y no caiga en el oportunismo. El escenario empieza a ser pésimo, la mayor parte de los institutos internacionales ya están rebajando sus previsiones para España pero aunque se agota el tiempo todavía hay esperanzas….

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