El mer­cado queda casi ex­clu­si­va­mente en manos de los ope­ra­dores a corto

La 'insoportable' volatilidad de las bolsas dispara los niveles de liquidez

La es­pe­cu­la­ción es má­xima antes de la reunión del BCE de este jueves

Bolsa de Madrid.
Bolsa de Madrid.

"Es un coto ce­rrado de ope­ra­dores a muy corto plazo, im­po­sible para el pe­queño in­versor y de in­farto para los ges­tores con­ven­cio­na­les". Así de­fine un ve­te­rano bol­sista el mo­mento que están atra­ve­sando las bolsas es plena ca­ní­cula. La vo­la­ti­lidad de los ín­dices y de las co­ti­za­ciones se hace cada vez más in­so­por­table para el in­versor es­ta­ble, que ha de­ci­dido irse con la mú­sica a otra parte. El cierre total de las car­teras es una prác­tica ha­bi­tual.

La última encuesta mensual de gestores de fondos que realiza Bank of America no deja cabos sueltos. El nivel de efectivo en las carteras es el más alto desde 2011, tras los atentados de Nueva York. No hay menos renta variable en manos de los gestores desde la quiebra de Lehman Brothers. Palabras mayores que han llevado a algunos a hacer sonar tambores de rendición total en los mercados. Pero la situación quizá no sea para tanto.

En realidad, se trata de un proceso que empezó en el primer trimestre, con la invasión de Ucrania por parte de Rusia y el arranque del proceso de normalización de los tipos de interés en Estados Unidos. En marzo, la Reserva Federal firmó una subida del precio del dinero de 0,25 puntos básicos que fue la primera desde 2018. Fue el comienzo de una gran traca que tendrá continuidad este mes de julio a un lado y otro del Atlántico.

Escalada inflacionista Si a este proceso y a la guerra se les suma la escalada impenitente de la inflación, el desplome del euro, el temor a una recesión y, en clave europea, la enorme inestabilidad política en Reino Unido e Italia, es resultado es que la bolsas mundiales han sido una máquina de convencer a los inversores de que lo más inteligente es nadar y guardar la ropa. Porque otra cosa es vender de forma desordenada provocando un desplome masivo de los índices. Y de eso no hay indicios ahora.

"Hemos vivido una corrección que en muchos mercados como el español -la caída no supera el 8%- no está siendo de gran calado. Sí lo es en otras bolsas que venían de máximos históricos, como el S&P 500, que pierde cerca de un 20%. Es evidente que todo puede empeorar y forzar una desbandada general, pero también lo es que si se produce la pillada no va a ser general como ocurrió en otros grandes descensos históricos", señalan fuentes bursátiles.

Efectivamente, los gestores han tenido tiempo de reestructurar sus carteras con daños limitados en bolsa -han sido muy superiores los que se han producido en el mercado de renta fija, donde en 12 meses se han quedado por el camino alrededor de 9 billones de dólares- y de prepararse para un futuro bastante incierto. Lo hacen con toda la munición posible por si el escenario cambia y aparecen nuevas oportunidades en renta variable.

Pero en este momento el mercado está histérico, con movimientos muy bruscos con un soporte mínimo de los inversores finales. Se trata de cazar plusvalías a corto plazo en movimientos muy rápidos. "Sorprenden los bandazos continuos de los bancos españoles en las dos últimas semanas, con niveles de actividad bastante pobres. Avanzan de la misma forma irracional que caen, incluso a pesar de anuncios inesperados como el 'impuestazo' del Gobierno", señalan en una gran firma nacional.

La realidad es que no hay demasiados visos de cambio en las constantes vitales de las bolsas, teniendo en cuenta que viene una temporada de resultados del segundo trimestre que no va a dar demasiadas alegrías. Razón de más para que los gestores sigan haciendo acopio de liquidez hasta niveles récord. El verano se antoja muy largo en los mercados de acciones y con récords de especulación, como los que están precediendo a la reunión clave del BCE.

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