OPINIÓN

De poca liberalización y mucha privatización

El pro­ceso de pri­va­tizar de sec­tores in­dus­triales claves fue po­si­tivo pero ha de­jado al­gunos flecos sin re­solver

Zapatero sigue mirando cosas.
Zapatero sigue mirando cosas.

Si algo está de­mos­trando la eco­nomía es­pañola en estos tiempos de in­fla­ción y con la guerra de Ucrania de por me­dio, es que una parte de las li­be­ra­li­za­ciones de sec­tores eco­nó­micos que se hi­cieron no han re­sul­tado como se es­pe­ra­ban. Probablemente al­gunas se hi­cieron di­rec­ta­mente mal, pero además una buena parte de ellas se han ido des­fi­gu­rando poco a poco por mu­chos mo­ti­vos, fun­da­men­tal­mente las fuerzas del propio mer­cado y los pro­pios ava­tares eco­nó­mi­cos.

Los objetivos que buscan estos procesos de desregulación económica son básicamente dos: la mejora de los servicios y la rebaja de los precios, que se alcanzan con las privatizaciones de los operadores públicos y luego unas mismas reglas para todos, así como la entrada de mayor competencia.

Y los resultados, según algunos expertos, han sido razonablemente positivos, pese a que todavía haya algunos sectores económicos poco liberalizados. Lo que existen son grandes diferencias entre los distintos mercados y tenemos una espina importante en la energía, donde ha pasado de todo y siguen pasando cosas asombrosas cada día.

Aviones y teléfonos, positivas

Por ejemplo, la liberalización del transporte aéreo, aunque tardía y acompañada por el fenómeno de internet, supuso la llegada de muchos más operadores y una rebaja muy sustancial de los precios, aunque Iberia, hoy integrada en IAG, siga detentando altas cuotas de mercado. De hecho, el avión como medio de transporte dejó de ser elitista y reservado para ricos y se hizo asequible a todos los españoles.

En telecomunicaciones, aunque la antigua empresa pública Telefónica sigue con una cuota importante, hay mucha competencia asentada y los precios cayeron de forma notable, aunque todavía se mantienen por encima de la media europea. Y el acceso a estos servicios hace mucho que dejó de ser un problema para los ciudadanos.

De banca casi mejor no hablar y pasar de puntillas, ya que también ha sucedido de todo y no precisamente una mayor competencia. Al contrario, pese a que fuimos pioneros en el mundo en un modelo de banca que tras extenderse por España con el desarrollo de las cajas de ahorros, luego se internacionalizó muy deprisa, al final, tras reordenaciones y sucesivas intervenciones publicas, lo que se ha producido ha sido una concentración mayor. Y parece que seguirá ya que tras la liga española comenzará la europea, que sigue sin haberse abordado por el excesivo proteccionismo de muchas naciones a su sistema financiero, como Alemania, Francia e Italia, fundamentalmente.

Hay otros muchos sectores económicos con resultados dispares en sus distintas liberalizaciones, pero donde de verdad tenemos una cierta espina clavada es en la desregulación de la energía en todas sus vertientes, gas, luz y carburantes. Es la que suscita más polémica, sobre todo en estos momentos, ante la imposibilidad del Gobierno por controlar unos precios que ya se habían desbocado en los últimos años, pero que ahora por las derivadas económicas de la guerra amenazan no sólo a la economía española, también al bienestar de la mayor parte de sus ciudadanos.

Buscando soluciones

Aunque alguien puede pensar y no le faltaría razón, que el hecho de que el Gobierno no pueda controlar los precios es precisamente una prueba de que la liberalización se hizo bien, nada más lejos de la realidad, por unas tarifas que no dejan de crecer y una competencia que no da los frutos que se esperaban. Aunque aquí no es tanto la liberación sino los mecanismos oficiales de fijación de precios y tarifas

Y las medidas que se van tomando no dan los resultados esperados. El Gobierno después de comprobar que el tope al precio del gas acordado con Portugal y permitido por Bruselas, no ha producido el efecto buscado, decide ahora hacer una rebaja del 10% al 5% del IVA, pero también anuncia nuevas tributaciones sobre beneficios al sector, pese a ser consciente de que las empresas trasladarán la subida a sus clientes. Y mira para otro lado cuando se le dice que los mayores beneficios de las compañías que quiere penalizar también están reportando al Estado jugosos ingresos.

Es evidente que el coste de las materias primas está disparado por el conflicto bélico en Ucrania. El gas y el crudo están por la nubes y esto afecta a toda la actividad económica. Sin embargo, hace ya bastante tiempo que los españoles tenemos la sensación de que el precio de la electricidad va por libre. Y creo que tenemos sólidas razones para pensarlo, cuando históricamente dentro de la tarifa eléctrica el consumo no era lo más importante y en ella estaban metidos todos los conceptos que los distintos gobiernos decidían incluir, como la moratoria nuclear, la conectivividad, etc.

Es indudable que la liberalización ha tenido efectos positivos. Por ejemplo, ha dejado de haber apagones en España como sucedía hace no tantos años. Además, hoy probablemente cientos de miles de españoles se han podido convertir en accionistas de las grandes compañías energéticas de nuestro país, algunas de ellas líderes mundiales en sus sectores, de manera que se ven beneficiados de sus altos ingresos y sus políticas de dividendos.

Precios descontrolados

Pero no es menos cierto que la electricidad no deja de subir y que el Ejecutivo se ve incapaz de controlar los precios, mientras los beneficios de las eléctricas crecen. Estas compañías están casi en rebelión frente a los distintos gobiernos y se permiten vaciar pantanos en momentos de sequía para aprovechar los precios de la hidráulica ante el asombro de nuestros vecinos portugueses que observan atónitos como el Tajo y el Duero llegan a su tierra con más caudal del pactado en los acuerdos internacionales. Se han convertido en unos artistas en utilizar los distintos recursos a su alcance, eólico, hidráulico, nuclear, solar, gas, fuel, entre otros, para proteger y blindar sus beneficios.

Fijación de precios

En España el precio de la luz se fija en una subasta diaria en la que los operadores presentan sus ofertas y el operador del mercado (OMIE) las ordena desde el precio más bajo hasta el más alto y así se van adjudicando hasta cubrir la demanda y hasta que se acaba la subasta en el punto que marca el precio que luego se paga por toda la electricidad. Y lo que sucede es que las ofertas más baratas son las primeras que se ofertan, en su mayor parte las provenientes de energías renovables como la solar, eólica, cogeneración y nuclear, con costes de funcionamiento más bajos. Estas se cierran a precios generalmente más bajos ya que las compañías quieren asegurarse que les compran su electricidad. Sin embargo, luego entran en subasta las ofertas más caras provenientes de combustibles fósiles como el gas, que dependen de los precios internacionales de las materias primas y que terminan fijando el valor.

Y sucede que las grandes empresas operan con todas las tecnologías. Nadie lo dice abiertamente, pero he conocido en el pasado a algún alto representante gubernamental con mucho sentido del humor, que hacía bromas al intuir la imposibilidad de su cometido, cuando cada vez que convocaba para solucionar algún problema a los representantes de las eólicas o de las hidráulicas o de las del gas o las de cualquier otro subsector energético, aparecían siempre los mismos ejecutivos de las grandes.

No obstante, hay que reconocerles también a estas compañías el acoso impositivo que sufren por parte de los distintos gobiernos, al punto de dejar casi fuera de rentabilidad infraestructuras ya amortizadas como las centrales nucleares, con una fiscalidad a todas luces inasumible.

Pero en lugar de negociar se siguen haciendo declaraciones fuera de contexto de unos y otros, lo que no ayuda a solucionar el conflicto. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, dijo hace poco públicamente que solamente los tontos que siguen con la tarifa regulada marcada por el Gobierno pagan el precio del pool eléctrico, en máximos en los últimos meses.

Cohetes y plumas

Y qué decir de los carburantes. En poco más de un mes el mercado se ha comido la ayuda de 20 céntimos por litro aprobada por el Gobierno y ya están gasolinas y gasóleos claramente por encima de los 2 euros, con una subida media para llenar un depósito de cerca del 40%, que parece no tener fin.

La liberalización de este sector se ha cuestionado permanentemente y hay muchos expertos que opinan que más que desregular lo que se hizo fue dar una especie de patente de corso a productores y vendedores de gasolinas y gasóleos. Hace tantos años que hasta nos hemos acostumbrado a ver cómo posteriores gobiernos trataban de arreglarlo sin éxito.

Seguramente se intentó abrir ligeramente la competencia pero impedir que fueran las poderosas petroleras extranjeras las que se hicieran con nuestro mercado doméstico de un bocado. Hay que recordar que se trata de un sector que hasta tiene un lobby internacional consolidado y con oficinas como es la OPEP en el caso de los productores .

Pero seamos realistas. Desde entonces los españoles hemos tenido que aprender a base de dejar nuestros bolsillos esquilmados, eso de los cohetes y las plumas y que no es otra cosa que ver como cada vez que sube el barril de crudo el precio se traslada inmediatamente al consumidor y al contrario, que cuando baja, el descenso tarda una eternidad en llegar a los surtidores. Por no hablar de esa especie de magia, que hace que en casi todas las operaciones de tráfico de salida o regreso de vacaciones los precios siempre estén por las nubes.

Mejor no tener memoria para recordar las últimas crisis y comprobar como a veces, por decir un ejemplo, con un barril a 30 dólares, la gasolina baja bastante del euro por litro y otras sencillamente no. Aunque últimamente ha surgido el llamado fenómeno low cost también en gasolineras, lo cierto es que tres empresas dominan el mercado español y el margen para el resto es pequeño.

Renacionalización

En fin, pese a todo creo sinceramente que se ha avanzado en la liberalización y que lo seguiremos haciendo, aunque hayamos perdido unas cuantas cosas por el camino, entre ellas la inocencia, lo que seguramente tuvo mucho que ver con algo tan insólito y contradictorio como el proceso de renacionalización de Endesa, una de nuestras grandes compañías eléctricas.

Después de un brillante proceso privatizador llevado a cabo tanto desde gobiernos socialistas como populares y buenas gestiones que hicieron crecer a la empresa, Endesa terminó en manos de la empresa pública italiana Enel, lo que significa que fue renacionalizada, de lo que no se puede culpar a los italianos.

Y eso fue posible por el sanguinario choque entre los dos grandes partidos y sus aliados empresariales durante la guerra de OPAs por la compañía, que llegó a enfrentar con una dureza inusitada al PSOE con el PP, a Barcelona con Madrid, en un auténtico desastre del que solo el Gobierno de Zapatero fue responsable.

Todo esto puso en evidencia que a diferencia de la mayor parte de países europeos cuyo proteccionismo los defiende de llegar a situaciones así, nosotros somos capaces de jugarnos hasta lo que nos da de comer, de meter en la puja a lo más sagrado. Aprendamos de los errores del pasado para mejorar el futuro, nada más.

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