La ac­ción frena en seco el re­bote y vuelve a poner en juego el nivel de 10 euros

El golpe de mano del Gobierno aboca a Indra a un corto y medio plazo de zozobra en bolsa

La sa­lida en bloque de con­se­jeros in­de­pen­dientes tor­pedea la imagen del grupo

Indra
Indra

Hace poco más de un año, en mayo de 2021, Indra pa­gaba a precio de oro en bolsa la sa­lida del pre­si­dente Fernando Abril-Martorell. El ruido de sa­bles pro­vo­cado por una de­ci­sión 100% po­lí­tica y la fil­tra­ción del nom­bra­miento de Marc Murtra como pre­si­dente eje­cu­tivo, tuvo con­se­cuen­cias. El es­cán­dalo, ma­yúsculo, se llevó las atri­bu­ciones eje­cu­tivas de Murtra, que se re­par­tieron dos con­se­jeros de­le­gados en una me­dida sin pre­ce­den­tes.

En abril de este año, llegó el momento de la salida del director general y financiero de la compañía, Javier Lázaro, un hombre cercano a Abril-Martorell. Su adiós parecía cuestión de tiempo, pero fue muy mal acogido por el mercado. En paralelo, se anunció la intención del Estado de elevar su participación hasta el 28%. Un nuevo jarró de agua fría para los inversores, que ahora asisten al golpe de mano definitivo del Gobierno.

En la junta de accionistas, el Gobierno no ha dejado cabos sueltos. 'Grosso modo', ha dejado fuera de la compañía a todos los consejeros independientes díscolos y ha elegido a nuevos consejeros afines. Con este golpe sobre la mesa, los independientes se quedan en minoría y el Gobierno tiene manos libres para sacar adelante su hoja de ruta: dar plenos poderes a Murtra y que Indra entre en el fabricante vasco de motores de aviación ITP.

En una acción que parece claramente concertada, la Sepi, Sapa y Amber -esta había aflorado algo más del 4% de Indra en una operación perfectamente calculada, que eleva la participación conjunta de los tres accionistas al 37%- reta a los grandes inversores. Norges Bank, el gestor del fondo de pensiones noruego, ya se opuso a ciertos cambios en el consejo criticando la política intervencionista en Indra. Está por ver su reacción ante los cambios, como los de otros fondos muy críticos con el Ejecutivo.

"El Gobierno ha apostado muy fuerte convirtiendo la junta de accionistas en un auténtico show. Seguramente, habrá consecuencias en forma de ventas de grandes accionistas institucionales, pero el Gobierno no ha querido hacer prisioneros. Ha cerrado capítulo en Indra, sin dejar que se produzcan lecturas en clave de derrota, como cuando hace un año tuvo que despojar a Murtra de todo el poder ejecutivo que quería darle", señalan en una gran gestora nacional.

El problema bursátil

La víctima es la cotización de Indra. Pasado el impacto de la salida de Abril-Martorell, la acción volvió por encima de los 11 euros en noviembre del año pasado, recuperando incluso los niveles previos al estallido del Covid-19. Y este año volvió a tocar de forma efímera dicho nivel el pasado 9 de junio, pero ya sin la misma fuerza. Inmediatamente llegó una corrección, y luego otro rebote que el golpe de mano del Gobierno ha cortado en seco.

Ahora, la compañía debe defender un soporte clave como el de los 10 euros y una subida de apenas el 6% en 2022 -la acción cayó ayer un 3,7%, su mayor descenso desde el 1 de abril, cuando salió Javier Lázaro-. No es casualidad, sino la enésima demostración de que a los inversores no les gusta nada el ruido de sables en las compañías cuando, por otra parte, los negocios marchan bien, sin grandes contratiempos.

"Creo que la acción de Indra estaría ya en máximos de cinco años -es decir, rondando los 14 euros- sin intromisiones políticas. Es una empresa con un estupendo historial que ahora está sufriendo batallas por el control muy dañinas en términos bursátiles", señalan en una gran firma internacional. El tercer gran capítulo en un año de una gran batalla que dinamita el buen gobierno del grupo puede ser el más perjudicial de todos en bolsa.

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