ANÁLISIS

Los andaluces dan alas de nuevo al bipartidismo

La ul­tra­iz­quierda y, en menor me­dida la ul­tra­de­re­cha, vuelven a donde siempre es­tu­vieron

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

El re­sul­tado elec­toral en Andalucía puede in­ter­pre­tarse de mu­chas for­mas, pero hay una que no re­quiere se­sudas va­lo­ra­ciones o in­fi­nitas com­pa­ra­ciones es­ta­dís­ticas y es que vuelve el bi­par­ti­dismo. Qué re­apa­rece esta con­cep­ción de la po­lí­tica para los ciu­da­da­nos, des­pués de unos años de haber ra­di­ca­li­zado su voto y de per­mi­tirse dis­tintos grados y dosis de ex­tre­mismo y po­pu­lismo.

El cuadro es sencillo. Una mayoría absoluta realmente demoledora del PP, un PSOE en horas muy bajas, pero con una caída todavía leve desde la última consulta y que sigue siendo importante en su antiguo feudo, un VOX que sube pero muy poco para las expectativas generadas. Ciudadanos que literalmente desaparece, y las formaciones más de izquierdas, Adelante Andalucía y Por Andalucía, que siguen muy lejos de los históricos escaños de Izquierda Unida en Andalucía antes de la irrupción de Podemos en la política española.

Desplazamiento de votos

Además de una abstención elevada, es evidente el desplazamiento de los votos de Ciudadanos al PP, así como también de muchos andaluces a los que se daba por votantes de VOX al partido de Moreno Bonilla, también de votos socialistas a Ciudadanos, aunque no los suficientes para entrar en el Parlamento regional, y finalmente, del desvio de papeletas de la izquierda más radical probablemente al PSOE, lo que ha hecho su caída más llevadera.

Y esta tendencia ya se vió también en las últimas elecciones regionales en Madrid de forma nítida. Y estoy seguro que además de la propia debilidad del Gobierno de Sánchez, primero por el propio hecho de gobernar, pero también por la coalición con Podemos, y sobre todo por sus pactos con ERC y Bildu, tiene otras explicaciones de tinte más económico.

Los españoles están preocupados por muchas cosas, pero la situación de su bolsillo empieza a ser fundamental dentro de lo que les quita el sueño, y me atrevo a decir que con razón. La guerra en Ucrania está siendo la tormenta perfecta para servirnos una crisis económica en toda regla que está afectando de lleno a todos los europeos y que a nosotros nos puede golpear un poco más por nuestra propia situación económica, sobre todo, por nuestro alto endeudamiento.

Crisis económica

Primero asomó una inflación desbocada y luego, o en paralelo, unas subidas de los carburantes que parecen no tener fin y que siguen afectando al resto de los precios. El Banco CentraL Europeo ha anunciado el fin de su política de compras de deuda soberana y subirá el precio del dinero, aunque dice que intentará evitar otra crisis con las primas de riesgo de los países del sur. En definitiva, un cóctel explosivo si no acaba pronto el conflicto bélico, que nos llevará a duros ajustes económicos y nos hará más pobres.

Y es aquí, en este incómodo punto de partida, donde probablemente en el subconciente de muchos compatriotas, haya vuelto la idea de ese bipartidismo sobre el centro del espacio político, ese, que en las largas legistaturas de Felipe González y José María Aznar, trajo a España crecimiento y estabilidad económica, en definitiva, prosperidad.

Me atrevo a decir que muchos españoles están ahora pensando que la crisis puede domarse mejor en esas naciones donde hay una alternancia política previsible, con dos grandes partidos, normalmente en el centro izquierda y centro derecha, que son capaces de aglutinar todas las sensibilidades. Hay muchos ejemplos, Estados Unidos con demócratas y republicanos o Reino Unido con conservadores y laboristas. Aquí en España, además de los tiempos más recientes con PP y PSOE, también tuvimos ejemplos de esa alternacia en el poder en otras épocas, por ejemplo a finales del XIX con Cánovas y Sagasta. Y fueron años de crecimiento económico y estabilidad, eso sí, quedaron ensuciados por una lacra con la que hay que tener mucho cuidado en esos largos periodos de alternancia en el poder, la corrupción. Y lo que sucede es que cuando la corrupción se generaliza provoca un hedor tan insoportable, que hasta somos capaces de tirar a la basura muchos de los logros obtenidos.

Contra la corrupción

Pues bien, de eso también sabemos mucho en la España actual. De hecho, el bipartidismo entre el PP y el PSOE empezó a romperse con las derivas populistas que empezaron a producirse cuando la corrupción ya había marcado con sangre y fuego a los dos grandes partidos. Entonces hubo quienes supieron sacar con arte una bandera y empezar a llevarse votos de los dos grandes, a esquilmarles tanto a la derecha, VOX, como a la izquierda, Podemos, y hasta en el centro, Ciudadanos.

Quizás éste es un resumen imperfecto de la historia de España de los últimos años, que nos ha llevado a un cierto bloqueo institucional para configurar mayorías capaces de gobernar sin equilibrios imposibles. Y eso ha provocado situaciones impensables hace una década, cómo la irresponsabilidad de Albert Rivera para alcanzar acuerdos con el PSOE, las horribles pesadillas de Sánchez con Iglesias o sus pactos con los nacionalistas, la derechita cobarde que denunció Abascal, las sucesivas crisis internas en el PP, etc, que han ido dejando fuera de lugar a tantos y tantos votantes.

En cualquier caso, volviendo a la corrupción, como dijo el hoy premio nobel Bob Dylan, los tiempos están cambiando, y creo que ahora podemos confiar en qué tras años de educación democrática a nuestros jovenes y con controles rigurosos, los partidos políticos serán capaces de cercar a la corrupción para centrarse en mejorar la vida de los españoles, lo que de verdad es imprescidible en momentos de crisis.

Situarse en el centro

El nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo tiene una estrategia clara que parece que está dando resultados. Se trata de situarse en un centro derecha político moderado y no fijarse en lo que tiene a la derecha, que es VOX. Hay mucho que ganar, todo Ciudadanos y votos moderados del PSOE y de VOX, sobre todo una vez que sea una clara alternativa de Gobierno. Y los resultados de Andalucía empiezan a cuadrarle, mucho más que los de Castilla y León.

Por su parte, el presidente Pedro Sánchez desde el Gobierno si quiere tener opciones de ser reelegido se verá obligado a hacer lo mismo cuanto antes, irse al centro izquierda moderado, lo que significará romper con Podemos y por supuesto con sus aliados nacionalistas vascos y catalanes. Otra cosa es el experimento de la vicepresidenta Yolanda Díaz, que que todavía tiene que ubicarse.

Los ciudadanos quieren soluciones a una crisis que les está afectando ya mucho, y serán muy sensibles a las propuestas económicas que se les haga en las próximas citas electorales, y cuanto más centradas sean esas propuestas, que desgraciadamente deberán incluir ajustes, mejor las acogeran con sus votos. Moderación y acuerdos

El futuro inmediato parece que lleva a una vuelta a las esencias y que llevará ampliar el espacio político en el que se asientan los dos grandes partidos, combatidos hasta la extenuación estos últimos años, pero que han conseguido sobrevivir, y seguro que van a rearmarse en este sentido para las próximas citas electorales.

La mayor parte de los ciudadanos quiere moderación y acuerdos, sentir que su clase política, tan denostada hoy, es capaz de adaptarse a los tiempos, cuando por lo que sea no les queda otro remedio, desde la aritmética de los votos hasta la crisis económica. Cuántas veces se ha puesto de ejemplo y con envidia la gran coalición en Alemania, como un logro imposible de alcanzar en España. Pues eso, que parece que el bipartidismo coge impulso.

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