Los analistas aconsejan a la banca acelerar las provisiones ante el deterioro económico

La gue­rra, la in­fla­ción y la mo­ro­sidad fuerzan tomar me­didas pre­ven­tivas

Morosidad
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Las aguas pa­recen ir vol­viendo poco a poco a su curso tras el brutal tsu­nami ven­dedor en el sector fi­nan­ciero como res­puesta a la agre­siva ac­titud de la Reserva Federal en po­lí­tica mo­ne­ta­ria. En el am­biente, sin em­bargo, si­guen preo­cu­pando los efectos de se­gunda ronda pro­vo­cados por la guerra en Ucrania. Aunque su ex­po­si­ción a la zona es casi nula, los ana­listas ya em­piezan a ad­vertir de los efectos co­la­te­rales sobre el con­sumo, que afec­tarán al cré­dito y la mo­ro­si­dad.

De momento, las duras medidas acometidas durante los últimos años permiten al sector afrontar esta crisis en mejores condiciones a las anteriores, por lo que se puede descartar un gran impacto a corto plazo. Sin embargo, si es aconsejable acentuar la vigilancia y ser más precisos en los análisis para anticipar movimientos

En este sentido, destacan los errores de los servicios de estudios de la gran banca al valorar la subida de tipos y el crecimiento del euríbor. A principios de año, ningunos de los bancos cotizados tenía presupuestados estos avances y hace poco más de un mes alguna entidad apuntaba a que el euríbor no superaría el 0,3% este año... Y ya está por encima del 1%.

Aunque, en general, los bancos pueden estar tranquilos de momento ya se han empezado a observar algunos movimientos de prudencia destinados a proteger su solvencia como la provisión de fondos o la ralentización de algunos planes no prioritarios. Las progresivas crisis vividas desde 2008 justifican la cautela.

La guerra en Ucrania supone una seria y persistente perturbación

En uno de sus últimas intervenciones, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ha destacado que, pese a la evolución favorable del sector – en el primer trimestre del año se ha mantenido una tendencia positiva en rentabilidad y un crecimiento de más del 30% del beneficio ordinario-, la guerra en Ucrania supone una seria "perturbación".

También ha advertido de los "riesgos de crédito latentes", asociados a la mayor proporción de préstamos en vigilancia especial, concentrados en sectores especialmente afectados por la pandemia. Eso quiere decir que se puede esperar un impacto en la morosidad mayor del previsto.

Informe evidente

Este es el principal caballo de batalla contra el que tendrá que bregar el sector en los próximos meses. Según un reciente informe del European Bank Lending Economic Forecast, elaborado por EY sobre previsiones de préstamos bancarios en la zona euro, la tasa de morosidad bancaria en España se elevará hasta el 4,6% en 2022, frente al 4,3% de 2021.

Eso sí, el informe prevé una ligera moderación hasta el 4,5% para 2023. Cifras marcadas por el deterioro del crecimiento económico, el endurecimiento del contexto inflacionista y el impacto que el conflicto pueda tener, especialmente, sobre determinados sectores de actividad más dependientes del componente energético y de insumos procedentes de los países afectados.

La banca española sufrirá mayor morosidad que la europea

Estos datos, en cualquier caso, revelan una mucha mayor presión que en Europa, donde la morosidad media prevista en la zona euro se situará en el 3,4% este año y en el 3,9% el próximo.

Eso pone a las entidades españolas ante la tesitura de realizar o no provisiones como medida preventiva. De momento, la prudencia ha imperado en las presentaciones de resultados del primer trimestre con los créditos ICO sobre la mesa pese a las carencias otorgadas a la mayoría de los préstamos, en especial a los sectores más afectados por la subida de los combustibles.

Pero este es un problema que deberán abordar más pronto que tarde. Y es obvio que tendrá un impacto directo en la morosidad porque muchas empresas no podrán hacer frente a sus compromisos de pago. Una foto que estará más nítida a finales de este mes de junio.

En este escenario, CaixaBank ya anunció en la presentación de sus cuentas una provisión en el primer trimestre de 214 millones de euros. Medida adoptada, según el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, “a lo que pueda estar por venir”.

Una provisión similar, 200 millones, ha realizado también el BBVA, debido al impacto sobre la economía global que estarían teniendo las sanciones impuestas a Rusia, a pesar que la exposición directa es limitada.

Por su parte, Ana Botín, presidenta del Banco Santander, se ha mostrado prudente y vigilante ante la grave situación actual, aunque ha destacado que la actual diversificación de la entidad ha demostrado ser una ventaja competitiva frente a todas las crisis desde 2008 con el beneficio por acción (BPA) menos volátil entre sus comparables. De hecho, la entidad no ha especificado provisiones para este año.

Los analistas, sin embargo, creen que debería materializar un colchón de cerca de 500 millones de euros, al igual que el resto de entidades, por lo que pueda pasar.

Alto riesgo de impago de los préstamos

No en vano, un reciente informe del Banco de España, pone en el impago de los préstamos como el nuevo foco de riesgo. La banca, señala, arrastra 94.000 millones de euros que corren el riesgo de entrar en mora. La cifra ha crecido un 14% interanual y, a cierre de 2021, su peso sobre el total de la cartera de préstamos alcanzó el 8%. Eso supone 2,2 puntos superior al registrado antes de la pandemia cuando se situaba en unos 70.000 millones de euros.

La entidad recuerda además que muchos de estos préstamos cuentan con avales ICO, de manera que, en caso de impago, la morosidad no solo afectaría a la banca, que tendría que elevar sus provisiones, sino que también al Estado que ha actuado como garantía de las operaciones de financiación. Un pez que se muerde la cola.

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