La subida de tipos es in­su­fi­ciente y el fin de la po­lí­tica de compra de deuda, muy preo­cu­pante

El mercado recela de Lagarde por retrasar las decisiones para frenar la inflación

La subida de tipos por el BCE re­duce el margen de Sánchez para me­jorar el poder ad­qui­si­tivo de los es­pañoles

Christine Lagarde
Christine Lagarde

Tras la es­pera, de­cep­ción. El mer­cado ma­dri­leño se hundió el viernes en te­rreno ne­ga­tivo tras las de­cla­ra­ciones de la pre­si­denta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, sobre la subida de ti­pos. Pero ésta no fue la ra­zón. La causa fue su anuncio de poner fin a las com­pras netas de deuda pú­blica y pri­vada a partir del mes de ju­lio, me­dida que aunque acom­pañada de una subida de los tipos de in­terés de solo 0,25 puntos en la pró­xima reunión del pró­ximo mes y otra en el mes de sep­tiem­bre, no solo ha de­cep­cio­nado sino preo­cu­pado a los mer­ca­dos.

Los mercados todavía no creen en la fuerza de las decisiones del BCE presidido por Lagarde. La generalidad de los valores y los mercados, salvo el asiático, veía como se consolidaba el hundimiento de sus cotizaciones tras los anuncios de Lagarde.

Todo es ahora muy distinto a lo sucedido el 26 de junio del 2012 en Londres, momento en el que el IBEX subió un 6 % tras asegurar Mario Draghi que el BCE adoptaría las medidas que fueran necesarias para salvar el euro, añadiendo, además, que sería suficiente.

Los mercados de acciones se desmoronaban tras la conferencia de prensa posterior a la reunión del consejo de Gobierno del BCE. Lagarde ha reiterado que la “inflación se mantiene ya a nivel muy alto y durante más tiempo del que pensaban” después de haber tardado meses en reconocer que este encarecimiento era un problema que estaba aquí para quedarse, incluso antes del inicio de la guerra desencadenada por Putin contra Ucrania.

Las previsiones respecto a la recuperación económica a corto y medio plazo son descorazonadoras. Según advertía Lagarde “a corto plazo, esperamos que la actividad se vea lastrada por los altos costes de la energía, el deterioro de la relación de intercambio, el aumento de la incertidumbre y el impacto adverso de la elevada inflación en la renta disponible.

La guerra en Ucrania y las nuevas restricciones relacionadas con la pandemia en China han vuelto a empeorar los cuellos de botella en la oferta. En consecuencia, las empresas afrontan costes más elevados y disrupciones en sus cadenas de suministro, y sus perspectivas de producción futura se han deteriorado”.

La respuesta en los mercados fue rápida. La bolsa española registraba la segunda mayor caída semanal del año, después de confirmar el Banco Central Europeo que subirá los tipos de interés y de que la inflación en EEUU subiera en mayo al 8,6 %.

A la falta de la adopción de medidas inmediatas por parte del emisor europeo hay que añadir para comprender el pesimismo de los mercados la revisión a la baja de las previsiones del crecimiento tanto por parte del Banco Mundial, la OCDE y el propio BCE como por los elevados niveles de inflación que se van a mantener a lo largo del año en la generalidad de países occidentales. España en este sentido está entre los que muestran unos niveles más elevados, como evidencia el 8,7 % alcanzado en el mes de mayo.

Aumento de salarios

De momento el único dato positivo que se advierte en este sentido es que no se han producido los temidos efectos de segunda ronda, es decir del incremento de los salarios. Según el BCE este aumento es todavía ligero. Queda excluido que de momento hayan repercutido en los elevados índices del incremento de precios. El emisor incluso se muestra partidario de un mayor incremento de los mismos.

En su explicación previa a la rueda de prensa Lagarde decía que “el avance de los salarios, incluido en los indicadores prospectivos, ha comenzado a recuperarse. Con el tiempo, el fortalecimiento de la economía y ciertos efectos de recuperación deberían contribuir a un crecimiento más rápido de los salarios”.

Estas palabras son una baza para los sindicatos en sus negociaciones para el pacto de rentas, que la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, ha urgido a alcanzar a todos los agentes sociales, pues la falta de acuerdo añadiría más incertidumbre a la ya compleja situación económica.

Es cierto que también ha pesado en el negativo resultado semanal de los mercados, la revisión de las previsiones de crecimiento por el Banco Mundial, la OCDE y el BCE para este año. En el caso del emisor europeo ha recortado las previsiones de crecimiento de este año para la economía de la zona euro del 3,7 % al 2,8 % y ha aumentado su cálculo de la inflación, del 5,1 % al 6,8 %.

Resulta imposible predecir cuándo va a dejar de tener un impacto sobre el incremento de los precios las sanciones impuestas a Rusia en la compra de petróleo, que podría ampliarse a la compra de gas en las próximas semanas, o incluso días. Entre los analistas no se descarta que el precio del barril pueda alcanzar los 150 dólares. Sería una nueva catástrofe.

La gran cuestión a resolver es saber si será suficiente para controlar la inflación las medidas anunciadas por Lagarde. La primera respuesta de los mercados ha sido de incredulidad, sabedores de que Europa está muy expuesta al incremento de la inflación por la alta dependencia exterior del abastecimiento energético.

En el caso de España la incertidumbre es todavía mayor debido al creciente conflicto diplomático con Argelia, nuestro principal abastecedor de gas. La política de equilibro diplomático que España había mantenido con los países del Norte de África en los últimos 45 años se ha roto con la decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y necesitará un tiempo para adaptarse a la nueva realidad.

Falta por conocer el precio que para España vaya a tener este cambio. El Gobierno lo ha evaluado, aunque no lo ha hecho público. Diplomáticos próximos al PSOE aseguran que ha sido un cambio de estrategia que rompe la inercia del último medio siglo y cuyas consecuencias se han evaluado de forma conjunta con el alto representante para la política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, y con el Alto Representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones, Miguel Ángel Moratinos. Ambos, actores cualificados de la política internacional.

Como también la subida de tipos reduce el margen de maniobra de Sánchez, para poder mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores españoles y acercarnos a los objetivos de pleno empleo incluido en el pacto de la coalición de Gobierno. El efecto pobreza de una prolongada caída de los mercados, y el temor a un desabastecimiento de gas en algún momento del próximo otoño-invierno son otras incertidumbres añadidas a las medidas no suficientemente explicadas por el Banco Central Europeo y a la inacción del Gobierno de Sánchez.

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