La ad­ver­tencia de un po­sible co­lapso com­pleta el giro de Lagarde en co­mu­ni­ca­ción

Las criptomonedas, elemento clave de distracción del BCE en pleno giro monetario

La de­bi­lidad de las di­visas di­gi­tales no es­conde la caída de los ac­tivos tra­di­cio­nales

Christine Lagarde, BCE.
Christine Lagarde, BCE.

El Banco Central Europeo (BCE) ha cam­biado de ve­lo­cidad en este úl­timo tramo del mes de mayo. En la ins­ti­tu­ción siempre ha ha­bido más o menos voces li­bres y hasta dís­colas que han man­dado sus co­rres­pon­dientes re­cados no siempre en el mo­mento ade­cuado. Pero ahora es la ca­beza de la ins­ti­tu­ción la que ha dado un giro mucho más agre­sivo a su po­lí­tica de co­mu­ni­ca­ción en pleno punto de in­fle­xión de su po­lí­tica mo­ne­ta­ria.

Primero fue clarificando de forma extremadamente diáfana cuándo y cómo será el final de los tipos negativos en la zona euro. Christine Lagarde ha apuntado a sendas subidas en julio y en septiembre. Como la facilidad de depósito se encuentra ahora en el -0,5%, las cuentas no pueden ser más fáciles: los tipos de interés subirán 25 puntos dentro de dos meses y la misma cantidad dentro de cuatro. Nunca el BCE había sido tan claro antes.

“Es un cambio extraordinario de la política de comunicación del BCE que, sinceramente, me ha roto los esquemas. Primero, por la claridad. Y segundo, porque se ha producido bastante antes de la reunión de política monetaria donde habría tenido todo el sentido lanzar este mensaje. Esto no ha pasado nunca en los últimos tiempos y demuestra que algo está cambiando en el ‘modus operandi’ del BCE”, señala un experto en política monetaria.

A nadie se le escapa que en el seno de la institución hay una enorme división de opiniones sobre la velocidad del movimiento de la inevitable subida de tipos. Tampoco la enorme presión que supone una tasa de inflación intolerable del 7,4%. Al BCE le aprietan los zapatos, pero es ahora que tiene que tomar decisiones de importancia capital para la economía europea cuando ha decidido pisar otros charcos.

Agresividad inusual

Con una agresividad desconocida hasta ahora, Lagarde ha cargado contra las criptomonedas hasta límites insospechados. En el universo de estos activos hay un revuelo sin precedentes, cuando no indignación por lo que consideran un ataque injustificado. Primero fue la afirmación de que las divisas digitales “no valen nada”; después, la advertencia del riesgo de los criptoactivos para la estabilidad financiera.

Fuentes del mercado creen que la dureza del tono del BCE en el debate sobre el mundo cripto es un elemento de distracción, un intento de alejar el foco de las trascendentales decisiones que la institución tiene que tomar a corto plazo en un escenario de mercado bajista que afecta a todos los activos, desde las bolsas a la renta fija pasando por activos refugio por excelencia como el oro cuya cotización está sufriendo mucho.

“El Nasdaq se cae este año casi un 30% y el oro está cada vez más lejos de los 1.900 dólares, por no hablar de las pérdidas de casi 8 billones de euros en el mercado de renta fija mundial. Sin embargo, parece que los criptoactivos son el único malo de esta película de terror en los mercados, porque el final del ciclo más largo la historia de tipos de interés negativos tenía que traer consecuencias negativas a todos los activos a la fuerza”, señalan en una gran gestora internacional.

Mientras el debate sobre las criptodivisas gana intensidad, siempre hay alguna firma de inversión que toma decisiones que pueden marcar el camino a medio y largo plazo. Esta vez ha sido el turno de JP Morgan, que se ha mojado como nunca a favor de estos activos. No sólo cree que cotizan alrededor de un 30% por debajo de sus expectativas, sino que ahora lo considera como su activo alternativo preferido -relegando al sector inmobiliario- junto a los fondos de cobertura. Mientras, el ruido de fondo sigue subiendo de tono.

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