ANÁLISIS

Los malos resultados económicos enturbian el final de la legislatura de Sánchez

Las di­fe­ren­cias con sus so­cios de Gobierno li­mitan los votos para aprobar sus pro­yectos más ur­gentes

Pedro Sánchez, preocupado.
Pedro Sánchez, preocupado.

La ines­ta­bi­lidad en la que se mueve el Gobierno de Pedro Sánchez no es solo po­lí­tica. La in­cer­ti­dumbre sobre los apoyos con los que cuenta para se­guir go­ber­nando es ab­so­luta. Nunca sabe hasta el úl­timo mo­mento si va a contar con los votos ne­ce­sa­rios para sacar ade­lante cual­quiera de sus pro­yectos ni el precio que tiene que pa­gar. Los datos del primer tri­mes­tre, con un exiguo au­mento del 0,3% del PIB, evi­den­cian un Sánchez su­pe­rado por una realidad muy dis­tinta a la que des­cribe el Gobierno. Sobre todo en el te­rreno eco­nó­mico.

Con estos datos tan flojos es un sinsentido que la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Economía, Nadia Calviño, hable de crecimiento robusto. Los tan manidos fondos de Bruselas no han conseguido el relanzamiento tantas veces anunciado por el presidente. Los datos de la composición del crecimiento económico no inspiran al optimismo. Y lo peor de todo, Sánchez no sabe qué hacer.

Como le han advertido desde las filas del Partido Popular, los datos del PIB del primer trimestre de este año son malos, peor aún, son muy malos, tanto por su valor absoluto, como por su composición. Desde el lado de la demanda, a la espera de la ratificación definitiva de los datos del INE, se mantiene constante el gasto público con un incremento del 1,3 %, mientras cae el consumo de los hogares un 3,7%.

Por el lado de la oferta, ha habido dos sectores con caídas durante el primer trimestre, como es el caso de la agricultura, con un descenso del 2,2 % y de la industria del 1,4 %. Este sector, además, corre el riesgo de ver como se consolida esta caída por los problemas de abastecimiento de componentes que afronta el sector del automóvil.

La recién aprobada propuesta del Ejecutivo comunitario que plantea adelantar la prohibición de circulación de coches de combustión añade otra incertidumbre sobre un sector muy importante en el PIB y la generación de empleo español. En concreto, la industria del automóvil supone cerca del 10% del PIB español, emplea al 9% de los ocupados en España y representa más del 18% de las exportaciones totales y se sitúa como el segundo sector más exportador de nuestro país.

Las intenciones de la Comisión Europea de echar el cierre a las ventas de coches diésel y gasolina a partir de 2035 amenazan con ser una realidad adelantada. Un año después de que la Comisión Europea sugiriera esta posibilidad, ha sido aprobada por la comisión de industria del Parlamento Europeo. Con esta decisión, se reduce en cinco años el plazo anterior que estaba fijado para el 2040 y se nos añade otra gran incertidumbre para este sector, insistimos determinante en nuestro ámbito industrial.

Tiempo habrá para hablar de ello. El sector ya ha empezado a moverse para alertar tanto a la dirección de la organización empresarial española como al propio gobierno de que si sigue adelante la propuesta de Bruselas podría suponer una catástrofe para España.

Siguiendo con el lado de la oferta de los sectores que componen el producto bruto español, solo suben la construcción un 0,3% y los servicios otro 0,4%. Pero incluso estos lo hacen de forma más moderada que en el último trimestre del año anterior.

Para este trimestre, el modelo de previsión a tiempo real de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF), con el 43% de los datos de abril se registraría un crecimiento del 0,7 %. Decididamente no se puede hablar de crecimiento robusto.

Como resumen, por segundo año consecutivo y después de negarse hasta el último momento, el gobierno se ha visto obligado a rebajar su pronóstico inicial en el entorno de un 40% respecto al escenario utilizado para los Presupuestos Generales del Estado.

Fuertes presiones

Bien es cierto que las previsiones son solo una guía, y que desde que se introdujeron las previsiones presupuestarias en 1978, no se han cumplido en ninguna ocasión. Pero desviaciones de este alcance sólo se han producido con el Gobierno de Pedro Sánchez y en algún otro caso excepcional.

España, además de haber sido el país donde más duro ha golpeado la crisis, sigue siendo el país más atrasado de la Unión Europea en la recuperación económica.

La guerra de Ucrania, los últimos estertores de la crisis generada por la pandemia Covid-19, más las previsibles subidas de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo para tratar de controlar las subidas de precios, conducen a un escenario muy complejo para el Gobierno.

Complejo y poco creíble porque Sánchez basa su previsión de crecimiento en tres factores. El primero, la recuperación del consumo privado, lo que contrasta con la caída del -3,7% en el 1T22. El segundo, la aportación de los fondos europeos, que de nuevo contrasta con el bajo multiplicador previsto por el Banco de España. Y finalmente la recuperación del turismo extranjero que de momento está claramente por debajo de los previsto y sólo ha permitido una subida del 0,4% del sector servicios en los tres primeros meses del año.

Los datos exigen cambios en los objetivos de Sánchez. Lógico que cada vez más voces exijan un adelanto electoral. Pedro Sánchez tiene poco tiempo ya para recuperar el pulso del Gobierno, pulso que no ha encontrado en ningún momento de su mandato. Sus decisiones parecen haber estado más motivadas para mantenerse en La Moncloa que para cambiar ese modelo de sociedad que prometió en su discurso de investidura.

Poco queda de sus promesas iniciales cuando llegó al poder tras una moción de censura para hacer de España un país más dialogante y más habitable para las generaciones futuras. Su legado es el de la más profunda división que los españoles hayamos conocido en democracia.

En realidad, no tiene tiempo para rectificar. No es descartable que convoque elecciones tras conocer los resultados de las elecciones andaluzas y celebrada la cumbre de la OTAN en Madrid, donde, según fuentes diplomáticas, cada vez es menos segura la presencia del presidente de Estados Unidos.

Artículos relacionados