MONITOR DE LATINOAMÉRICA

Apuesta por una mayor in­ver­sión ex­tran­jera para re­flotar eco­nomía y em­pleo

Costa Rica: Chaves asume la Presidencia en medio de la suspicacia empresarial

Dudas sobre su equipo de go­bierno y desaso­siego por su pre­sunto po­pu­lismo

Rodrigo Chaves, Pte. de Costa Rica.
Rodrigo Chaves, Pte. de Costa Rica.

Finalizada la pre­si­dencia de Carlos Alvarado, mar­cada por la pan­demia y el alza im­po­si­tiva de la re­forma fiscal de 2018, Costa Rica ha op­tado por un cambio ra­dical que crea sus­pi­ca­cias a los in­ver­sores glo­bales y, es­pe­cial­mente a las firmas es­paño­las, para las que el país es su tercer des­tino en Centroamérica-Caribe tras Panamá y Dominicana. Rodrigo Chaves, asumió la Presidencia el do­mingo en medio de dudas sobre el rumbo de la eco­nomía más es­table de la su­bre­gión y uno de los ma­yores ‘hub’ lo­gís­ticos re­gio­na­les.

La victoria en abril de Chaves a quien muchos juzgan un ‘outsider’ de la política y acusan de populismo por su intención de aplicar reformas profundas de Estado vía del referendo, ha provocado reacciones de desasosiego en sectores de la clase económica y política costarricense. Encabezando un partido de reciente creación (2019), sin equipo de gobierno muy conocido y dispuesto a superar las trabas institucionales que le impiden actuar para afrontar la crisis, se percibe al nuevo presidente como encarnación de la incertidumbre.

Chaves, un polémico economista de 60 años, ex funcionario del BM y líder de un casi desconocido Partido Progreso Social Democrático (centro-derecha), se impuso a José María Figueres, del Partido Liberación Nacional en segundo turno, dando la vuelta a los resultados del primero. Obtuvo el 52,9% del voto, frente al 47,1% de Figueres en unas elecciones marcadas por la abstención y en las que hizo valer su mensaje contra la corrupción y de cambio radical frente a la política tradicional, pese a los ataques en su contra por un caso de acoso a dos subalternas en el BM y acusaciones de ‘dictador’. En su discurso de investidura ratificó su promesa de reconstruir el país con cambios radicales.

Poco margen de maniobra

En un país cada vez más escéptico con la política, Chaves centró gran parte de su campaña en movilizar con mensajes populistas y antisistema a un segmento de la población que se siente excluido, atacar a las “elites enquistadas” y culpar a los gobiernos previos de la corrupción, lo que le granjeó el voto de la Costa Rica profunda. Pero, pese a la derrota del PLN, principal cara del establishment costarricense y al hundimiento del Partido de Acción Ciudadana, el presidente electo se verá obligado a gobernar con un apoyo de apenas 10 diputados de un total de 57 que conforman el Legislativo, lo que le forzará a tejer alianzas.

La misión de Chaves será reactivar una economía golpeada por la pandemia y tratar de que la democracia más estable de la subregión recupere su rol de ejemplo de bienestar social. El Covid quebró los principales motores del país, turismo y comercio, y disparó paro (14%), informalidad (41%) y pobreza (23%). Y elevó el déficit fiscal al 5,18% del PIB y la deuda al 70,3% del PIB (33.000 millones de dólares), la cuarta más alta de Latam y la mayor de Centroamérica.

Costa Rica anotó en 2020 la mayor recesión económica en cuatro décadas. El Covid causó una caída del PIB del 4,5%; disparó la inflación; hizo caer un 38,5% la inversión exterior (el país atrae el 27% de la IED subregional); sacudió a la clase media y despertó temor de descenso social y rencor contra la élite. El PIB creció el 5,5% en 2021 y lo hará a un ritmo inferior, del 3,7%, este año. Reflotar la economía y la salud de las finanzas púbicas será su mayor reto en un país que logró un crecimiento sostenido del PIB en las últimas décadas pero que, desde hace unos años ha visto deteriorarse sus indicadores.

El programa económico de Chaves se focaliza en tres “prioridades”, la primera la creación de empleo, para lo que cuenta con una mayor inversión privada e internacional. El segundo eje es elevar la competencia costarricense en mercados claves, reducir costes de producción y eliminar privilegios de los monopolios y, el tercero, combatir la corrupción, su bandera en la campaña (“no entregue las llaves a los mismos de siempre” fue su lema más repetido).

Reanimar la economía

Apuesta, además, por reducir trámites y facilitar la acción empresarial; reducir cargas sociales; exigir resultados a las instituciones públicas; atraer más inversión y bajar el coste de la vida con decretos. También promete un único sistema de pensiones; hacer más eficiente el gasto social; reducir el tamaño del Estado y modificar el Código de Trabajo. Y aplicar la reforma fiscal de Alvarado, de quien fue seis meses ministro de Finanzas, antes de dimitir porque los ajustes del presidente no le parecían lo suficientemente amplios.

Chaves ya anunciado que tratará de renegociar y “mejorar” las condiciones del préstamo acordado con el FMI por 1.778 millones (que juzga indispensable”), y que se tradujo en ajustes y austeridad que causaron multitudinarias protestas ciudadanas en 2020 en un país caracterizado por su estabilidad y calma social.

El Gobierno español ha destacado que confía en que ambos países seguirán impulsando su relación estratégica. Costa Rica es el segundo país de Centroamérica con mayor presencia empresarial española y allí operan, notablemente en turismo, renovables e infraestructura más de 70 empresas que generan 18.000 empleos, con un stock inversor de 1.600 millones.

Destacan FCC, Sacyr, Copisa, Grupo Puentes, Globalvia, Ríu, Barceló, Iberia, Naturgy, Acciona, Iberdrola, Elecnor, Siemens-Gamesa, Eulen, Calvo, Iberojet, Tendam, Inditex, Mapfre e Indra. Telefónica vendió su negocio en Costa Rica en 2021. España fue en 2019 segundo inversor europeo y sexto mundial.

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