Christel Heydemann toma el re­levo del con­de­nado Stephane Richard al frente de Orange

La nueva CEO de Orange asume la fusión con MásMóvil como heredada pero sin compromisos

El Estado fran­cés, con un 23% del ca­pi­tal, tiene poder de de­ci­sión en la an­tigua France Telecom

Christalle Heydemann, nueva CEO de Orange.
Christel Heydemann, nueva CEO de Orange.

Christel Heydemann, con solo 47 años y sin apenas ex­pe­riencia ac­tiva en el ne­gocio de las te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes, afronta, como nueva con­se­jera de­le­gada (CEO) de Orange, la an­tigua ope­ra­dora pú­blica France Telecom, un reto de­ci­sivo en España: ma­te­ria­lizar la fu­sión de Orange España y MásMóvil. No le va a re­sultar fá­cil, sobre todo porque la anun­ciada con­so­li­da­ción de las dos em­presas ge­ne­rará el primer grupo de te­le­co­mu­ni­ca­ciones y tendrá que en­fren­tarse a Telefónica y a la bri­tá­nica Vodafone, que con se­gu­ridad no van a per­ma­necer im­pa­si­bles.

Orange tiene aún al Estado como mayor accionista, con un 23% del capital. De hecho, el nombramiento de Christel no hubiera sido posible sin el apoyo decisivo del jefe del Estado, Emmanuel Macron, y de su ministro de Economía Bruno Le Maire. Además, llega en un momento clave para Orange, que tiene en España su segundo mayor mercado exterior, y con una operación en curso de 20.000 millones de euros, la fusión de Orange España y MasMóvil.

Al contrario de Stephane Richard, que durante una década fue rey y señor de Orange, como CEO y 'chairman' a la vez, Christel Heydemann tendrá menos margen de maniobra: la junta de accionistas del 19 de mayo ratificará el puesto de 'chairman', que Stephane Richard tenía previsto ocupar antes de que tuviera que presentar su dimisión, al haber sido condenado a un año de prisión (con la pena en suspenso), por su actuación en un escándalo político-financiero que se remonta a 2008, cuando dirigía el gabinete de la entonces ministra de la Economía Christine Lagarde, ex gerente del FMI y ahora presidenta del BCE.

De lo que no cabe duda, en todo o caso, es que la tarea de Christel Heydemann al frente de Orange no supone el mismo tipo de mismos riesgos que sufría en 2010, cuando Stephane Richard se hizo con el mando. En aquel momento, la antigua France Telecom ocupaba la primera plana de la actualidad, no por sus logros industriales o financieros, sino por peores motivos: despidos masivos y una estrategia de “ahogamiento institucional” de la plantilla, con el dramático resultado, entre 2008 y 2009, de al menos 35 suicidios y una ola de depresiones.

Además del clima de paz social generado durante la última década, Christel Heydemann recibirá de las manos de Stephane Richard una operadora que es líder en Francia y con ambiciosas apuestas en los mercados exteriores. En el español, que es el que nos ocupa, tiene en marcha el ambicioso proyecto de fusión con Mas Móvil. Una operación de 20.000 millones de euros (11.500 millones corresponden a MásMóvil y 8.100 millones de Orange), y que hará del operador galo el líder en España, con unos 27 millones de clientes, de los que 20 millones son de teléfono móvil, con una cuota de mercado del 43,4%.

Una previsible amenaza al liderazgo de Telefónica -sin duda la que se encuentra en mejor situación para una competencia que ya no será tan feroz- y una pesadilla para Vodafone, que acumula peores resultados que Orange y que, en algún momento, se ha planteado abandonar el mercado español.

De hecho, ante los malos resultados financieros cosechados por Orange España (el último año su volumen de negocio cayó un 4,7%, hasta 4.720 millones de euros, mucho por culpa del COVID que penalizó los ingresos de itinerancia, y también por la proliferación de las ofertas “low cost”), lo que hizo Stephane Richard, con la preciosa ayuda del CEO en España Jean François Fellacher, fue poner toda la carne en el asador para llegar al acuerdo de fusión con MásMóvil. Sobre todo, ante el riesgo, para Orange, de ver peligrar los acuerdos mayoristas con MasMóvil, que también habría estudiado una oferta de fusión por parte de la atribulada Vodafone.

Ahora, hasta es posible que la operación con MásMóvil, con vistas a la creación de un nuevo grupo valorado en casi 20.000 millones de euros, pueda llegar más allá del negocio de las telecomunicaciones. De lo que más comentan los expertos del sector, es de un acercamiento entre las operaciones financieras de ambas operadoras, respectivamente Orange Bank y Xfera Consumer Finance. No es ningún secreto que Orange Bank, con 1,7 millones de clientes en Europa (150.000 en España) y 700.000 en África, queda todavía lejos de los objetivos de la diversificación financiera iniciada en 2016 y que acumula 640 millones de euros de pérdidas.

En Francia, nadie cuestiona el liderazgo de Orange, no solo en términos de volumen de negocio sino también por la calidad del servicio y todo el esfuerzo realizado en el despliegue de la red de fibra óptica, con 16 millones de hogares conectados, sobre un total de 27 millones. Hasta el punto, que según los tres grandes rivales SFR, Bouygues y Free, la cuota del 58% atribuido a Orange en las conexiones de fibra, funciona casi como un “monopolio”, teniendo además en cuenta que la tecnología cubre ya un 70% de la geografía francesa.

La acción, por los suelos

La parte menos brillante del legado de Stephane Richard, en todo caso, es el fuerte deterioro de la acción de la operadora, que lleva una década cuesta abajo. Sin embargo, los resultados de 2021 no fueron del todo negativos. Christell Heydemann asume la dirección de un grupo cuyo volumen de ingresos creció un 0,8%, hasta 42.500 millones de euros, pese, por lo tanto, al impacto negativo de la operación española, que también afectó negativamente al EBITDAaL (“after leases”) del grupo, que cayó un 0,5%, frente al retroceso del 12,7% sufrido en España, y al crecimiento del 16,8% registrado en los mercados de Africa y del Oriente Medio.

Con la operación española ahora mejor posicionada, y ante las muy buenas perspectivas de crecimiento en el continente africano y en el Oriente Medio (fue a todas luces una de las mejores apuestas de Stephane Richard), cabe pensar que tomar el mando de Orange, en las circunstancias actuales, no será ninguna pesadilla para Christell Heydemann, que queda libre para hacer lo que desee, incluso suspender la operación española.

Además, pese a carecer de experiencia operativa en el sector (estuvo 15 años en Alcatel y los últimos ocho en Schneider Electric Europe), ya ocupaba un sillón en el consejo de Orange como independiente. Algo es algo, sin duda.

El cambio que más dudas y críticas suscita, sin duda, es la probable elección como presidente sin poder de un señor de 68 años, Jacques Aschenbroich, y con la posibilidad de que pueda seguir en el cargo más allá de la edad de jubilación de 71 años. La plantilla, que representa 7% del capital y 11% de los derechos de voto, votará en contra de su nombramiento. Recordando, al respecto, que Orange quiere recortar en los próximos tres años 1.000 millones de euros de masa salarial, a través de un plan de “jubilaciones pactadas” que afectará a entre 5.000 y 7.000 trabajadores con más de 57 años.

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