Fidelity y Elon Musk ponen más en valor unos ac­tivos bajo el punto de mira re­gu­lador

Las voces de los bancos centrales contra las criptomonedas se diluyen en el ruido especulativo

Los dardos desde el co­mité eje­cu­tivo del BCE apenas se dejan notar en los pre­cios

Gram, la criptomoneda de Telegram
Gram, la criptomoneda de Telegram

El efecto de las ad­ver­ten­cias -cuando no re­pri­mendas en toda re­gla- de los bancos cen­trales a los in­ver­sores por el uso y dis­frute de las crip­to­mo­nedas es cada vez más efí­mero. Por can­sino y re­pe­ti­tivo, el men­saje va per­diendo eco entre la co­mu­nidad fi­nan­ciera y lo que hace dos años ge­ne­raba una co­rrec­ción in­me­diata del 5% en el precio del bit­coin y com­pañía hoy apenas se deja no­tar. Es el caso de Fabio Panetta, miembro del co­mité eje­cu­tivo del Banco Central Europeo (BCE), que ha subido mucho el tono de su dis­curso.

Panetta habla de esquema Ponzi, de promesas incumplidas, de entusiasmo a la baja y de reventón de la burbuja. De forma mucho más suave, pero también contundente, el Banco de España alerta en su informe de primavera del riesgo de las criptomonedas con el gran argumento de la correlación creciente desde 2020 con los mercados bursátiles. Y asegura que los españoles han realizado operaciones por valor de 60.000 millones de euros en estos activos. Una cifra relevante, pero en ningún caso preocupante todavía desde el punto de vista sistémico.

Son sólo los dos últimos ejemplos de advertencias más o menos vehementes desde los bancos centrales, que ven como en paralelo el mundo real sigue coqueteando de forma cada vez más descarada con los criptoactivos. Mientras las grandes economías mundiales siguen trabajando en la regulación del fenómeno inversor más potente del siglo, gigantes financieros con el tamaño suficiente para cambiar las reglas del juego siguen dando enormes pasos adelante.

Ahí está el último caso de Fidelity, que se ha abierto a la opción de permitir que las cerca de 25.000 empresas que utilizan su plataforma para gestionar sus planes de jubilación añadan la carta del bitcoin. Una decisión audaz teniendo en cuenta que la administración estadounidense ha mostrado públicamente sus reticencias a dar entrada a estos activos en los planes de retiro de los que depende la salud financiera de millones de personas. Lo de la gran gestora estadounidense no es un desaire al estado, pero sí un aviso de por dónde van los tiros.

La realidad es que las criptomonedas no han dejado de dar pasos adelante en 2022 en su particular camino hacia el reconocimiento general. Estados Unidos se ha mostrado abierto a la creación de un dólar digital y en 2023 podría llegar el primer fondo de bitcoin al contado cotizado en bolsa. Aunque sus enemigos públicos son todavía muy poderosos -con China al frente, mientras un país tan teóricamente afín al asiático como Cuba acaba de autorizar las plataformas y los servicios ligados a las criptomonedas - la realidad es que las criptodivisas siguen ganando adeptos. Uno de ellos, Elon Musk, es además la estrella indiscutible del momento en el firmamento corporativo mundial.

El hombre fuerte de Tesla es quizá el mejor aliado de las criptodivisas. La compra que valora Twitter en 45.000 millones de dólares puede convertir la red social en un gigantesco aliado de unos activos que han llenado el bolsillo de Musk hasta límites insospechados. Ahí está una parte muy importante de un patrimonio -Bitcoin, Ether y Dodgecoin son sus últimas compras conocidas- que Musk ha sabido hacer florecer hábilmente con sus mensajes bien administrados a través de una red social que será suya.

Fuertes subidas

No es casualidad que Dodgecoin se haya disparado cerca de un 7% esta semana, ni que Bitcoin se mantenga a un paso de los 40.000 dólares, muy por encima de los mínimos del año de 33.000 del pasado mes de enero, después de que se hiciera oficial el acuerdo entre Musk y el consejo de Twitter. “La operación ha tenido un claro efecto llamada sobre nuevos inversores, que quieren pisar el mismo terreno que este icono del éxito en Wall Street. A corto plazo, la compra de la red es un poderoso impulso para las criptos”, señalan fuentes del sector.

En esta batalla de fuerzas muy antagónicas, estos activos siguen su camino cada vez menos sensible a los mensajes apocalípticos en este primer tercio de un 2022 que, en cualquier caso, está constatando que las criptomonedas están perdiendo volatilidad -sigue siendo muy superior a la media de otros, pero se ha reducido muy sensiblemente respecto a los dos años anteriores- y están más correlacionadas con los índices bursátiles. Dicho de otra forma, poco a poco empiezan a formar parte del sistema en un proceso que aún cuenta con muchos adversarios.

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