Ambas partes fijan pos­turas antes de re­tomar las in­te­rrum­pidas ne­go­cia­ciones

Hidalgo busca apoyos entre los operadores y opinión pública para forzar a Iberia a negociar

El fra­caso de la ope­ra­ción sería “tremendamente per­ju­di­cial” para España, según el sector

Juan José Hidalgo, presidente de Globalia-Air Europa
Juan José Hidalgo, pte. de Air Europa.

Independientemente del cual sea el fi­nal, la ne­go­cia­ción entre Iberia y Air Europa tiene todos los visos de acabar como caso de es­tudio en al­guna es­cuela de ne­go­cios. En plena huida hacia ade­lante para una in­te­gra­ción be­ne­fi­ciosa de la ae­ro­línea ba­lear en Iberia, Juan José Hidalgo vuelve a de­mos­trar que lo suyo es ex­pe­riencia mien­tras se pre­para para una nueva ronda de ne­go­cia­ciones con Iberia y Sepi que se pre­tende desa­rro­llar con la mayor dis­cre­ción po­si­ble, según ase­guran fuentes pró­ximas a la misma.

Pero, para negociar, hace falta tener argumentos de fuerza y si los números de Air Europa no apoyan sus objetivos para conseguir la valoración que pretende, se recurre a otras razones. Y la de la opinión pública puede ser una baza importante si se trata de negociar con cargos políticos. La opinión del Ministerio de Economía es clave y eso lo sabe bien Juan José Hidalgo.

En ese marco, el empresario consiguió a principios de semana un interesante ‘golpe’ de imagen al conseguir que la Mesa de Turismo de España emitiera un comunicado público que, ahora, le resulta especialmente beneficioso más que por su contenido, por la ‘oportunidad’ del momento en que es emitido y que bien podría se considerada una mediación ante el parón de las negociaciones incentivado desde la sede de Llucmajor.

La asociación, de la que ambas compañías son miembros -el propio Hidalgo lo hace como presidente de Globalia- señala que España pierde ya ocho millones de pasajeros en conexión con HUB’s extranjeros y advierte del riesgo de que Francia o Alemania “tomen ventaja a costa de debilitar HUB’s de otros países europeos con el nuestro”. Y aseguran que es “necesario garantizar que el HUB de Madrid quede en manos de aerolíneas nacionales”.

La Mesa del Turismo de España se autodefine como “un grupo de encuentro, diálogo y creación de estados de opinión formado por medio centenar de destacadas personalidades, empresas y profesionales del sector privado turístico español.

Esta asociación se pronuncia a favor de la opción española que representaría la fusión Iberia-Air Europa y señala que la pérdida de pasajeros en el HUB de Madrid podría ser mucho mayor "si estuviera en manos de cualquiera de esos operadores” en referencia a Lufthansa o Air France. Un argumento, por cierto, ya esgrimido y defendido por Iberia tiempo atrás para explicar su interés por integrar Air Europa en IAG-Iberia.

Posición de debilidad aparente

Hidalgo sabe que se sentará a la mesa con Iberia y la Sepi al mando de una compañía en muy serios apuros económico y en un clima diferente al de rondas anteriores.

Apenas varias semanas después de cobrar de Iberia 35 millones de euros para mantener las negociaciones de un total de 75 millones cobrados tras la ruptura de la negociación anterior) resulta evidente que la familia Hidalgo ha mantenido conversaciones de momento poco fructíferas con otras compañías como Lufthansa, Air France o KLM, éstas últimas aliadas de Air Europa en Sky Team.

El Gobierno, molesto

Y eso parece no haber sido muy bien recibido en los despachos públicos. Aunque tampoco parece arredrar al veterano empresario salmantino que conoce bien las consecuencias de una ruptura definitiva con Iberia y la venta de su empresa a alguno de os grandes operadores aéreos europeos.

La última propuesta pública del presidente de Globalia ha sido pedir 175 millones de euros para acceder a la fusión de ambas compañías. Un objetivo que se antoja difícil de alcanzar habida cuenta de que el balance de Air Europa registra una deuda superior a los 600 millones. De esa cifra, 240 millones tienen forma de crédito participativo del Estado. Que la Sepi ejecute o no dicha deuda está aun por ver

A ello se suma un desfavorable panorama de negocio marcado por la recuperación económica incipiente, la guerra en Ucrania, la subida galopante de los combustibles y el efecto que pueda tener en sus cuentas el cierre de cielos decretado también por Rusia, con la consiguiente subida de los costes en las rutas de Oriente Medio y Asia.

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